Plástico contra el cambio climático

El cambio climático es imparable y se está cebando en uno de los tesoros ecológicos de Austria.

13 de Junio.- La actividad industrial del hombre en los últimos dos siglos ha terminado por estropear el clima. Cuando los científicos detectaron el problema, en los setenta del siglo pasado, no se les hizo mucho caso. Tuvo que llegar este siglo para que la cosa se acelerase y para que todos empezáramos a sentir en nuestras propias carnes morenas los efectos del cambio climático en forma de fenómenos meteorológicos extremos.

Ahora existe consenso científico en que ya no se trata siquiera de parar la cuestión, sino de minimizar los daños.

Por razones que aún no entendemos demasiado bien, Europa central va a ser una de las regiones más castigadas por esta venganza de la Tierra. Especialmente amenazadas están las zonas alpinas, con su frágil clima de alta montaña.

Según las previsiones más fiables de las que se dispone, los glaciares austriacos se derretirán completamente (y con seguridad) en algún momento de las próximas dos décadas. Esto no significa solamente la pérdida irreparable de un ecosistema muy valioso, o los imprevisibles efectos que un efecto cascada puede provocar en el resto del clima austriaco (por ejemplo, en las temperaturas o en las precipitaciones) sino también la pérdida de un lucrativo sector económico: el del turismo de nieve (y de hielo).

Es muy probable que las impresionantes extensiones blancas que han hecho a Austria famosa en el mundo entero sean pronto historia.

En Tirol, en el glaciar de Stubeier, llevan intentando desde 2003 que la desaparición del glaciar sea más lenta. En verano, se cubren grandes extensiones de hielo con un polipropileno de color blanco. Este recurso no solo hace que reboten los rayos UVA del sol y se cree una capa aislante, sino que también evita que el glaciar se convierta en un lugar muy peligroso para los trabajadores de la temporada de verano de esquí.

Las torres de los telesillas están hincadas en una capa de hielo que se derrite rápidamente y pesan toneladas.

Al principio, se cubría de polipropileno blanco todo el glaciar, pero ahora solo se tapan “lugares estratégicos”. Esto es, precisamente las bases de las torres de los telesillas. Se hace por costes. El metro cuadrado de plástico blanco cuesta dos euros. Eso sí, sale a cuenta. Producir un metro cúbico de nieve artificial cuesta tres euros, así que la decisión es obvia.

Eso sí, el plástico solo se puede utilizar dos años.

Las inclemencias del tiempo se cargan el polipropileno y hay que tirarlo y, como no se puede reutilizar de ninguna manera, pues se quema (todo muy sostenible, por cierto).

A pesar de todo lo anterior, los científicos afirman que la medida es ecológicamente eficiente.

 


Publicado

en

por

Etiquetas:

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.