Dos personas refrescándose con una manguera

Calentar el invierno con el calor del verano

Dos personas refrescándose con una manguera

La necesidad aguza el ingenio. Viena quiere ser neutral para el cambio climático en 2040 y ha puesto a trabajar la imaginación.

26 de Junio.- En lo que llevamos de siglo, los días de calor extremo en Austria se han duplicado. La causa, ya lo sabemos todos, es el cambio climático de origen antropogénico, el cual ha puesto en marcha una serie de procesos que amenazan gravemente la viabilidad de nuestra vida sobre el planeta.

Está claro que hay que dejar de quemar combustibles fósiles cuanto más rápido mejor. Para 2040 la ciudad de Viena quiere llegar a ser neutral con respecto al cambio climático. Como muy tarde en esa fecha (pero si es antes, mejor) las calefacciones y fuentes de agua caliente de la ciudad deberán funcionar sin quemar ni petróleo ni gas. En este momento, dos tercios de la calefacción central (Fernwärme) funciona quemando combustibles fósiles y, por lo tanto, nocivos para el clima.

¿Y de dónde va a salir todo este calor? Pues se espera que de la energía geotérmica. Por ejemplo: en los setenta, en lo que hoy es el barrio de Seestadt, mientras se buscaba petróleo, se encontró una fuente de agua caliente a unos tres kilómetros de profundidad. En aquel momento, fue una desilusión, pero hoy es una suerte. Tal masa de agua caliente la cual, por cierto, no es “bebestible” podría abastecer de agua caliente y calefacción a 125.000 hogares de esta capital. En estos momentos se está construyendo una central geotérmica que debería poder entrar en funcionamiento en 2026.

A partir de finales de 2023 entrará en funcionamiento una bomba de calor que sacará energía de la depuradora principal de Semmering, a través del procesado de las aguas residuales que producimos todos los vieneses.

Como la necesidad aguza el ingenio, se pretende también que mucho del calor que ahora se tira, por ejemplo, el que se produce como efecto residual en fábricas o en los mecanismos de refrigeración de los servidores de los ordenadores, se incorpore a la red de manera que supla el que se produce con petróleo y con carbón. Ya es así con el que se produce en la fábrica de Manner en Hernals o el calor que producen los aires acondicionados en el complejo de edificios de la ONU.

Pero ¿Qué pasaría si,de alguna manera, se pudiera almacenar el calor del verano para utilizarlo en invierno? A nivel experimental se está poniendo en marcha una instalación para ver si es posible. Se trata de taladrar un acuífero a un kilómetro y medio de profundidad. En verano, el agua “fría” (a esa profundidad está a cincuenta grados) se bombea a la superficie en donde se calienta a cien grados y se vuelve a inyectar en el acuífero. En invierno, se invierte el proceso, sacando agua caliente del acuífero, de manera que solo se pierde un veinte por ciento del calor del verano.

Este programa experimental se está financiando con fondos de la Unión Europea (el famoso programa “next generation”) y tiene un presupuesto de casi un millón de euros. No se sabe si, finalmente, esta forma de calentar los hogares vieneses entrara en servicio alguna vez, ni cuándo, pero se pretende averiguar el potencial de la idea.

Es una tecnología antigua, pero que se ha recuperado y sobre la que se tienen bastantes esperanzas de que llegue a ser viable.

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