Tensión en el Hofburg de Viena

Ayer por la tarde, el ultraderechista presidente húngaro, Viktor Orban, aprovechó una rueda de prensa en Viena para hacer manifestaciones xenófobas y antisemitas.

8 de Julio.- Ayer, viendo las noticias, me acordaba yo de Muchachada Nui. En este programa de humor, Joaquín Reyes tenía una sección en la que imitaba a personajes famosos (lo sigue haciendo ahora en El Intermedio). Mi amigo Luis Tercero -entre los historiadores famoso en el mundo entero- y yo, nos seguimos despiporrando de risa con el de Ahmadineyad (el presidente iraní).

Hay un momento en el que Ahmadineyad dice que en la República de Irán no hay homosexuales. Es un chiste superbestia, considerando que, en la realidad, la homosexualidad está castigada en Irán con la pena de muerte.

 

Ayer, el presidente de Hungría, el porcino Viktor Orban, vino a Viena y, con sus santos cojonazos, se hizo un Ahmadineyad en toda regla.

Lo que se ventilaba era una cumbre regional de inmigración (las dos anteriores habían sido en Budapest y Belgrado, en 2022). Aparte de Orbán estaban presentes el anfitrión, el canciller Nehammer, y el presidente de Serbia, Aleksandar Vucic.

Durante su reunión, los mandatarios acordaron la fundación de una fuerza conjunta para mejorar el control de la migración ilegal.

Antes de seguir, creo que tenemos que poner en contexto lo que pasó después, durante la rueda de prensa.

Como quizá sepan los lectores, hace algunos días se alcanzó un (trabajoso) principio de acuerdo entre los veintisiete países de la Unión. La única manera de desbloquearlo fue que, de forma extraordinaria, no hiciera falta la unanimidad y bastara con una mayoría normal. La mayoría, de cualquier manera, fue de veinticinco a dos. Abrumadora. El principio de acuerdo consistía en que se fijaría un sistema de cuotas para repartir refugiados por la Unión y que aquellos países que no quisieran aceptar personas, tendrían que compensar al resto de los socios pagando una suma de alrededor de veinte mil euros por refugiado.

Todos los países menos dos accedieron. Y esos dos países fueron Polonia y Hungría.

También recordarán los lectores (sobre todo los que sepan alemán) que hace unos meses el canciller Nehammer se tiró el pisto de haber alcanzado un acuerdo con los vecinos húngaros. Se trataba la cosa de controlar la llamada “frontera verde”. Esto es, las zonas boscosas que hay entre Hungría y Austria y que son las preferidas por las redes de tráfico de personas para traer a Austria inmigrantes ilegales.

Hubo fotos, hubo noticias de que la policía húngara apalizaba a los pobres que se encontraba por los bosques y, después, nada.

Solo doy un tercer hecho más para explicar lo de ayer.

Hace un par de meses el Gobierno húngaro, de manera unilateral y manifiestamente ilegal, decidió excarcelar a todos los traficantes de personas que había en sus cárceles y (por lo menos teóricamente) los expulsó a países limítrofes. Bastaron un par de días para que los capos de las mafias volvieran por donde solían.

Hungría manifestó que la razón de soltar a los mafiosos había sido culpa de la Unión Europea, por no contribuir al coste de mantenerlos en la cárcel. Las tensiones entre Hungría y la Unión Europea tienen un largo historial. El Gobierno autoritario de Budapest, con una demogracia secuestrada por los tentáculos del partido de Orbán, rechaza luchar contra la corrupción omnipresente en la administración húngara. Esto, y su dudosa relación con los derechos humanos, ha hecho que la UE haya suspendido la entrega a Hungría de los fondos de reconstrucción Next Generation. Hungría también está en peleas judiciales diversas con Bruselas.

Y ahora volvamos a lo de ayer.

Después de la reunión entre los tres mandatarios, se convocó en el Hofburg de Viena la correspondiente rueda de prensa para que los medios pudieran preguntarle a los políticos sobre los resultados de la cumbre.

En estas, el nauseabundo Viktor Orbán dijo, como Ahmadineyad, que “Hungría era el único país de la Unión Europea que no tenía emigrantes” y que la cosa iba a seguir así. También hizo asquerosas manifestaciones antisemitas contra las ONGs que ayudan a los refugiados, acusándolas de estar al servicio del magnate George Soros -esto del antisemitismo es una constante en el mundo eslavo desde, por lo menos, el siglo XIX-.

El canciller Nehammer, de una manera inusualmente dura, contradijo a Orbán (no en sus manifestaciones neonazis y antisemitas, por cierto). Cuando le llegó su turno de palabra dijo que “hasta el ochenta por ciento de los migrantes vienen a Austria pasando por Hungría. Por eso Hungría tiene 45 solicitudes de asilo y Austria 109.000”.

Suscríbete al canal de Foto Bernal Viena para estar al tanto del crecimiento del proyecto gemelo de «Viena Directo»

 


Publicado

en

por

Etiquetas:

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.