Menean la cintura y no provocan

Una directora de colegio de la región de Salzburgo tiene una preocupación que no la deja dormir y la ha puesto por escrito.

12 de Julio.- Una de las variantes más curiosas del machismo es esa que nos trata a los hombres como si fuéramos seres a los que, por su propia seguridad, conviniera proteger de sí mismos. Puede parecer contradictorio en una ideología que favorece más o menos veladamente a los homo sapiens que tienen pito, pero el ser humano es así: un mono sin cola preso en sus contradicciones.

Estos días atrás, la directora de un colegio de la región de Flachgau, en Salzburgo, le escribió un carta a los padres de los alumnos, específicamente dirigida a los padres de las alumnas, explicándoles que las camisetas con el ombligo al aire y los pantalones cortos tipo “short” eran prendas indeseables e inapropiadas (sic) y que conducían a un riesgo de sexualización de las portadoras, de manera que debían evitar llevarlas a la escuela.

Esta medida “se toma en favor de la protección de las chicas – no debería haber pensamientos indeseados (sic) que lleven a otros problemas- pero también (!Atención!) para proteger a los chicos y a los profesores”.

Estas instrucciones tan precisas tienen varias interpretaciones. La primera es obvia: los individuos con pito, enfrentados a un objeto sexual deseable, no paran mientes en lo que tienen delante y tiran por la calle de en medio (desde el rapto de las Sabinas sabemos todos a qué atenernos). Esto conduce a otra derivada: si violan a tu hija, no te quejes, que es porque iba vestida como un “pendón desorejao”, no digas que no te avisé. Otra, que la ropa de las chicas, de las personas de sexo femenino en general, tiene por misión primordial (por lo visto) poner cachondo al sector varonil de la población y que cualquier hombre, independientemente de su edad, que no sea “gayer” (hay que reírse y hay que joderse) puesto en según qué situaciones no se puede contener, y que es lógico y normal que sea así.

Por supuesto (aunque sea hasta cómico mencionarlo) la directora de la escuela, armada de esas buenas intenciones con las que dicen que está empedrada la casa de Belcebú,no dice ni media en su carta a propósito (pongamos por caso) de los pantalones que les hacen a los chicos culito respingón, de las mallas de licra con las que marcan paquete o de las camisetas ajustadas que dejan entrever un pectoral fornido un o bíceps contundente.

Está visto que las chicas y las profesoras son inmunes a estos cantos de tritón.

Las mujeres (las buenas, claro), cuya sexualidad es de natural más discreta, que están hechas para la maternidad, para el cuidado, que sacrifican su propio placer al del varón, no están sujetas a estas tentaciones. De manera que, claro, los zagales pueden ir vestidos como les salga de las pelotas de ping pong porque, como cantaba Peret, “menean la cintura y no provocan”.

Por suerte, el director de educación de Salzburgo, Rudolf Mair, ha tomado cartas en el asunto y ha dicho que la carta es un sindiós y que hay que manejar el tema con un poco más de sensibilidad. Y, sobre todo, con profesionalidad.

La carta está llena de perlas. He aquí alguna:

“No solo las chicas entran en la pubertad, también los chicos están inundados de hormonas” para evitar disgustos, ofensas contra el pudor y demás “Para subsanar vestimentas inapropiadas hemos combrado camisetas neutrales de talla XXL, con las que se podrán cubrir las chicas durante las clases en caso de venir vestidas inapropiadamente”.

(La señora directora no sabe que la manera más segura de poner cachondo a alguien es dejar el tema a la imaginación).

En su cruzada por la corrección la señora también aboga por censurar mensajes inapropiados, tipo FUCK YOU en camisetas y cosas así. Los adolescentes que lleven ropas semejantes serán obligados a vestirlas del revés para tapar los mensajes ofensivos.

Contado todo así parece broma, pero lo cierto es que la cuestión es bastante fuerte. Si la directora del colegio al que va mi sobrina (dieciséis primaveras este año) escribiera algo así, probablemente se la comerían viva. Y con razón.

En los últimos cuarenta años, la homosexualidad, especialmente la masculina, se ha convertido en parte de la cultura mainstream. En los ochenta los gays, especialmente si era ricos y famosos, vivían todavía amenazados por el miedo. Incluso en casos como el de George Michael, Freddie Mercury o Elton John, el miedo a consecuencias comerciales rodeaba la parte más íntima de las estrellas de un velo de silencio. Ante la más mínima insinuación pública muchas estrellas no dudaban en acudir a los tribunales.

Así sucedió por ejemplo con Liberace, que demandó a dos publicaciones (una de ellas,por cierto, Confidential) por sacarle del armario. Por increíble que pueda parecer, ganó la demanda.

En 1980, durante una charla en un programa de televisión…

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