
Hoy es la festividad de San Meneo de Licia, aunque para meneo lo de ayer. Los periódicos austriacos se hacen eco.
24 de Julio.- Hoy, día 24 de Julio, la iglesia católica celebra (y no es broma) la festividad de San Meneo de Licia. No se tienen muchos datos de este santo varón que presuntamente fue martirizado en el siglo III, en la localidad de Licia. Perdió la vida (o la ganó eterna, según) junto a otro caballero llamado San Capitón. De ellos dos se ignoran todos los pormenores biográficos, así como la fecha exacta en la que fueron canonizados. Para remediar esta falta, alguien del Partido Socialista Obrero Español podría ponerse en contacto con el Vaticano, a ver si aceptan como milagro lo que sucedió ayer después de que, en España, se cerraran las urnas y se echara la suerte.
Con la lógica intranquilidad, todos los que teníamos a mano un telefonino con internet, al llegar las ocho, miramos los resultados de los sondeos a pie de urna y, al ver los números (y sin conocer aún la intercesión de San Meneo) nos sobrecogimos al pensar que el próximo de cultura podía ser Arévalo, o el torero este al que le faltan tantas piezas (este que siempre lleva un parche como los piratas) o, lo que es peor, Mario Vaquerizo.
Por suerte, San Meneo, que para algo tiene línea directa con el Altísimo, se apiadó de nosotros y conforme transcurría la noche, la cosa fue tomando mejor aspecto. Y así se dio la circunstancia de que, como todo el mundo sabe a estas alturas, no fue el ganador de los comicios el que ocupó todas las portadas, sino el segundo. Y más raro aún: el de la medalla de plata era el que más sonreía de los dos. Es bastante probable que, desde hoy, se haya hecho devoto de San Meneo.
Lo mismo que ayer comentaba yo que los medios austriacos se hacían eco de las perrerías que había hecho la extraña derecha española censurando películas, condenando obras de teatro y pretendiendo devolver a los armarios a gente que estaba tan feliz fuera, hoy se hacen eco los mismos medios de la victoriosa derrota de Pedro Sánchez. Poco familiarizados con el bizarro natural del presidente en funciones (ver DRAE) y con su capacidad sobradamente probada para sobrevivir incluso a las circunstancias más inhóspitas, daban cuenta los medios austriacos primero, de lo emocionante que había sido la noche electoral y, después, explicaban que el presunto ganador, Feijóo, se había quedado con un palmo (palmo y medio en el caso de Abascal, dado su descalabro electoral).
En general, el sentir dominante es que Sánchez ha conseguido “una segunda oportunidad” (Standard) y que el candidato “popular” ha consumido la que le quedaba. Más que nada por su capacidad (tirando a escasa) de hacer amigos en otras formaciones políticas fuera de la extraña derecha. Los medios austriacos piensan que, de gobernar alguno de los dos, gobernará Sánchez, más que nada vista la simpatía que le tiene San Meneo de Licia, aunque tampoco se hacen ilusiones, dado que la formación de un nuevo ejecutivo, cuenta habida de las inexorables matemáticas, no se presenta fácil.
La negociación será larga y dura aunque, como todo el mundo sabe, más larga y dura es la del elefante. Los medios austriacos se preguntan cómo se las va a arreglar Pedro Sánchez para reeditar la coalición que, a pesar del acoso de la oposición (acoso inmisericorde y a ratos muy sucio) ha conseguido remontar el abismo abisal de la pandemia (la caída del PIB fue de dos dígitos, la más grande desde la guerra civil) y destensar lo que estaba tenso en Cataluña.
También se hacen eco del alivio de Bruselas, al no tener que ocuparse de una nueva sucursal de la ultraderecha en una de las economías más grandes de la Unión.

Al final de la segunda guerra mundial reinaba el nerviosismo en los Estados Unidos. Nadie quería que la bomba nuclear cayera en malas manos.

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