El calor no es cosa de niños

El calor afecta sobre todo a viejos y a niños y, si son pobres, más. Unicef ha publicado un informe que muestra la gravedad de la situación.

27 de Julio.- Como todos los años llegadas estas fechas, los efectos del cambio climático golpean con fuerza a Europa. Cada vez más y cada vez peores son las consecuencias del experimento que estamos llevando a cabo con el planeta. Ahora mismo, los países mediterráneos se enfrentan a incendios forestales voraces. La desaparición de las masas vegetales que se queman exacerba todavía más las consecuencias de la crisis

Son los efectos de olas de calor salvajes que, además, son claves para que se produzcan fuertes precipitaciones (es lógico: agua muy caliente igual a vapor de agua, vapor de agua igual a nubes, nubes igual a precipitaciones). En Austria, por ejemplo, estos días las tormentas han inundado muchas zonas de Carintia.

El negacionismo es ya imposible, e incluso una persona tan detestable como Georgia Meloni ha hablado ya de “emergencia climática”.

Estamos en el alba de un fenómeno que va a condicionar nuestra vida de forma creciente en los próximos años y que golpeará al planeta en el transcurso de nuestra vida.

La crisis climática la sufren, sobre todo, los pobres, los viejos y los niños. Y sobre todo, los niños que, además, son pobres. Hoy, se ha publicado un informe de UNICEF relativo a estos últimos. También en Austria.

Según el informe publicado por UNICEF la mayoría de las familias pobres no tienen posibilidad ninguna de hacer frente al calor extremo o de arbitrar medidas para enfriar sus casas, y un tercio de los encuestados ha notado que sus hijos han sufrido intensamente por el calor, en forma de menor motivación para moverse, dolores de cabeza, mareos o náuseas. La encuesta se ha llevado a cabo con 99 familias que tienen en total 190 niños de edades comprendidas entre los cero y los diez años.

A partir de ahora, vamos a tener que empezar a pensar en el calor no como la benigna estación del año, sino con la misma actitud que pensamos en el frío extremo del invierno. Todo el mundo se apiada de una familia con niños pequeños que no tenga calefacción en casa para hacer frente a las heladas y, sin embargo, no nos damos cuenta de que el calor es igual de peligroso.

Como explicaba yo hace unos días, el calor mata ya a más gente en Austria que los accidentes de coche.

Se podría decir a las familias que buscasen refugio fuera de sus casas, por ejemplo, en las piscinas, pero muchas veces las familias pobres no tienen recursos par afrontar un día de piscina con los críos o para hacer una excursión a un lago.

Por otro lado, nos hemos esforzado mucho en convertir nuestras ciudades en paraísos de cemento. Las urbes del futuro van a tener que contar, por mera supervivencia, con espacios verdes para que la gente se pueda refugiar, lo mismo que en el siglo XIX se inventaron las “wärmestuben” o habitaciones calientes para que los que tienen menos recursos pudieran encontrar cobijo de las inclemencias del invierno.

Una fuente con un chorrito en medio de un parque de cemento ya no bastan.

En Octubre del año 2000, Antonio Robles, un hombre del cual usted no había oído hablar hasta hoy, salvó la carrera de Ana Rosa Quintana.

El hombre que salvó (por poco) la carrera de Ana Rosa Quintana

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