
De cómo un bulo relacionado con el anticristo y el apocalipsis ha terminado en la conversación pública austriaca en boca del canciller Nehammer.
4 de Agosto.- ¿Pueden pasar cosas absolutamente fascinantes un cuatro de agosto? Pueden. Vaya si pueden.
Lo más fascinante que ha pasado hoy en Austria es que una teoría de la conspiración que viene corriendo por los mentideros y foros de extrema derecha, que ha sido defendida por el FPÖ, naturalmente, sin mencionar su origen de manera explícita, ha aterrizado en el debate público austriaco.
Primero, la noticia. Luego, la explicación.
El canciller Nehammer ha anunciado que va a iniciar “un movimiento” para anclar en la constitución austriaca el derecho al uso del dinero en efectivo.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Pasen y vean.

Durante la pandemia, uno de los bulos que se revitalizaron fue el de la prohibición del dinero en efectivo.
Los creyentes en que la pandemia era producto de una conspiración de unas supuestas “élites globalistas” (expresión clave para designar a “los judíos” o “la judeidad” en el lenguaje neonazi) para imponer un “Nuevo Orden Mundial” (conocido en los círculos de iniciados como “NOM”, por sus siglas) provenían fundamentalmente del núcleo integrista cristiano de los Estados Unidos. En este contexto, se pensaba que el “Nuevo Orden Mundial” era en realidad el principio del apocalipsis, el reinado de la bestia del que habla el último libro de la Biblia.
Durante este tiempo, según los delirios de un oscuro escritor pirado del ámbito grecorromano del siglo primero de nuestra era, “los justos” sufrirían persecución y se verían forzados a hacer profesión de fe y teóricamente, al martirio.
Naturalmente, estas personas no piensan que el martirio de los cristianos vaya a ser como en los tiempos de Nerón, sino que va a ser mediante la obligación de hacer sacrificios en los altares de los nuevos dioses. Para ellos, esos “nuevos dioses” son, por ejemplo, los movimientos de liberación de las mujeres y del movimiento LGTBIQ+ o manifestar la creencia en el cambio climático. Durante la pandemia, a estas tres bestias negras se añadir otra, sobre todo en Europa: la obediencia a las normas que pretendían amortiguar el impacto de la pandemia de coronavirus.

Y esto, ¿Qué tiene que ver con el dinero? Un poco de paciencia que ahora llego.
Naturalmente, si uno está convencido de que el Nuevo Orden del Mundo esta impulsado por Satán, es obvio que solo cabe rebelarse. Los creyentes en esta majadería piensan que el sistema va a reaccionar oprimiéndoles (ellos ven las multas por las salvajadas que hicieron durante el coronavirus bajo este prisma). Otra manera de castigarles sería implantar el dinero digital, de manera que el perverso Nuevo Orden Mundial no tendría más que prohibirles el acceso a sus cuentas para castigarles.
Espero que el lector me siga.
Como suele suceder en estos casos, en todas estas mierd…Digooo, en estas teorías, hay un fondo de verdad sobre el que se construye la majadería.
Uno de los caballos de batalla de los Estados y de la Unión Europea es el de luchar contra el lavado de dinero y las transacciones opacas. Las transacciones en efectivo no dejan rastro y son ideales para que los malos se lucren. Por ejemplo, blanqueando el dinero de la droga o utilizando ese efectivo para comprar armas o, simplemente, para hurtarlo del sistema de impuestos que financia nuestros servicios públicos.O financiando ilegalmente los partidos políticos, de manera que puedan hacer trampas (por ejemplo, así lo hizo presuntamente el ÖVP de Kurz).

Al objeto de evitarlo, todos los estados de la Unión tienen ya límites para las transacciones en efectivo (10.000 Euros). O sea, uno se puede presentar con un maletín con esa cantidad y pagar, yo qué sé, un coche. Si el coche vale 10.0001 Euros, ya hay que pagarlo por el banco, lo cual supone a) que la transacción deja rastro y b) que hay un control.
En los últimos tiempos y ante el auge de las criptomonedas, la Unión Europea también ha dado los primeros pasos para la creación e implantación del Euro digital.
Tanto el techo para las transacciones en efectivo como el euro digital han encendido todas las alarmas en la mente de los extremistas de ultraderecha. Y así, desde las oscuras alcantarillas de Telegram, los miasmas de la conspiración han ascendido hasta la apestosa extrema derecha austriaca y de ahí, sus mefíticos vapores han llegado a…!Tachán! Nehammer y con él a la conversación pública.
Tengo que confesar que estos procesos me parecen fascinantes.
La tontada que ha anunciado Nehammer, absolutamente innecesaria a la luz de un análisis desapasionado de la situación, es en realidad una cartita de amor a los votantes de la ultraderecha, y se enmarca también en el debate sobre “la normalidad” que hemos tenido estos días.
Es de suponer que a Herbert Kickl no le habrá gustado nada.

El reconocimiento de la injusticia cometida llegó demasiado tarde para él. Roscoe Arbuckle nunca pudo recuperarse de las consecuencias de su drama.

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