
Los austriacos le hicieron un feo a los rumanos. Los rumanos no se lo perdonaron. Arrieritos somos. Y en el camino se encontraron.
23 de Septiembre.- En todas las comunidades de vecinos hay sus tiranteces. Los ricos desconfían de los pobres, los que tienen más luces, echan pestes de los que tienen menos y, en general, los que tienen más éxito en la vida tienden a pensar que no es porque la suerte les haya sido más propicia que al vecino, sino porque son personas muy meritorias a las que nadie les ha regalado nada y que todo lo han conseguido por su esfuerzo.
Entre los países pasa un poco lo mismo.
Tomemos el caso de la Unión Europea.
Austria es uno de los países ricos. Aquí disfrutamos de un nivel de vida estupendo, lo cual nos permite comprar, por ejemplo, el talento necesario para seguir manteniéndolo (un factor que, conforme ese talento se hace más escaso, se vuelve cada vez más importante).
Cuando en Austria nos hacemos viejos y nos llega el momento de la decrepitud, apenas tenemos que preocuparnos porque estamos seguros de que, o bien el Estado o bien nuestros familiares, si es que tienen posibles, podrán encontrar trabajadores que nos alivien las miserias de la edad. La corrupción, en Austria, es un asunto que está más bien bajo control. La de cuello blanco no, claro. Pero nadie la da por supuesta.
Rumanía, en muchos sentidos, está en las antípodas de esta agradable situación.
Es un país pobre, que exporta trabajadores para que cuiden a los viejos de otros lugares de la Unión. Años de dictadura consagraron la corrupción en todos los órdenes, de manera que, si uno quiere que le pongan un sello en una póliza, tiene que tomar la precaución de llevarle “un regalito” al funcionario de turno. Si no, dicho funcionario dirá que “le falta un papel y vuelva usted mañana”. Así las cosas, hay una gran diáspora de personas rumanas que solo vuelven a su país de vacaciones y a presumir de lo bien que se vive en otros sitios.
Dados estos antecedentes (véase párrafo primero) los rumanos y los austriacos están destinados a NO entenderse.
Hace algunos meses, Rumanía sacó pecho y quiso entrar en el espacio Schengen. O sea, ese grupo selecto de países de la Unión por donde uno se puede mover tan ricamente sin que le miren el pasaporte al pasar la frontera.
La pega es que para entrar a ese selecto club todos los países que están ya dentro le tienen que dar el visto bueno al aspirante. Cachis en la mar. Pues fue Austria, Esta Pequeña República, la que se negó a que Rumanía entrase en el espacio Schengen. Los argumentos fueron la corrupción y demás. O sea, que Rumanía no daba la talla.
El Gobierno de Bucarest se tomó la cosa muy mal, porque le pareció (con razón) que el Gobierno de Viena les estaba haciendo un feo y que les estaba tratando con el mismo desdén que el rico usa consuetudinariamente para dirigirse al pobre.
Protestaron los rumanos. Austria no cejó. Rumanía se quedó en modo espera y sigue sin entrar en el espacio Schengen.
Los de Bucarest, con hidalga actitud, dijeron aquello de:
-Arrieritos somos y por el camino nos encontraremos -solo que lo dijeron en rumano, naturalmente, de manera que los de Viena no echaron cuenta de ello.
Los rumanos esperaron la ocasión de devolvérsela a Austria y el tiempo, como siempre sucede, se la ha dado.
Rumanía es miembro de la OTAN, esa organización a la que Austria no pertenece. Sin embargo, la OTAN tiene también sus reuniones en las que los austriacos pueden acudir en calidad de oyentes (tienen un nombre que, tratándose de lo que se trata, resulta un poco chorra, tipo lo que sea “por la paz”).
Sin embargo, en estas reuniones “por la paz” se conoce que se tratan asuntos reservados, solo para los miembros de la organización, de manera que, si los oyentes quieren entrar, los países del club les tienen que demostrar que se fían de ellos proporcionándoles la acreditación correspondiente.
Pues bien: dos oficiales del ejército austriaco llevan meses en Bruselas esperando a que Rumanía dé la luz verde para que puedan acceder a las reuniones de la OTAN. Por supuesto, Austria, al ser un país no alineado y neutral, no es miembro, pero estando la cosa como está (guerra de Ucrania y demás) los austriacos se mueren de ganas por saber lo que se cuece.
Las autoridades rumanas, por supuesto, no han querido comentar la cuestión (sería tanto como admitir que han servido el plato frío de la revancha). Entre tanto, la OTAN ha dicho que esperarán a que Austria y Rumanía arreglen sus problemillas bilaterales. Algo me dice que los militares austriacos harían bien con irse empadronando en Bruselas. Por si las moscas.

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