Bebés y cervezas

 

Una concejala de la ciudad de Innsbruck fue increpada por sus colegas por hacer una cosa inofensiva. Seis meses después, la justicia le ha dado la razón.

22 de Noviembre.- Cuando uno vive en un país que no es el suyo, en el seno de una sociedad en la que no ha crecido, tiene un superpoder: el de ver cuán absurdas son a veces las convenciones.

Por ejemplo ¿En qué se diferencian una cerveza sin alcohol y un zumo de manzana? A primera vista, en poco. A “segunda vista”, en mucho.

Desarrollo.

Similitudes: las dos son bebidas perfectamente inocentes. Las dos tienen un chorro de calorías en forma de azúcares liberados (si el zumo es de bote, incluso más que la cerveza). Si yo voy a un bar y pido una cerveza sin alcohol, el camarero asumirá no que no me guste el alcohol (que no me gusta), sino que soy el chófer de mi grupo de amigos y que, como hombre temeroso del largo brazo de la ley, me consuelo con el zumo de cebada de fogueo para no perder puntos del carné (aunque, como es el caso, no tenga). Si mi madre, que toma una medicación, pide una cerveza sin alcohol (de hecho, es lo que ella bebe la mayor parte de las veces) el camarero se limitará a anotar el pedido y a marcharse a buscarlo.

Y aquí viene la diferencia. En la sala de reuniones de la empresa en la que trabajo, hay agua mineral (con y sin gas) y hay zumos (no siempre) pero a nadie se le ocurriría poner cerveza sin. Dado que en mi empresa, como en la mayoría de las empresas, está prohibido beber alcohol, sería perfectamente posible que en la sala de reuniones hubiera también un par de botellas de “Null komma Josef” y, sin embargo, la imagen de alguien abriéndose una sin alcohol fresquita en un contexto laboral resulta un sindiós para la mayoría de la gente. Casi una obscenidad. Y es una repugnancia, convengámoslo, que nace estrictamente de la convención porque técnicamente, las dos bebidas son exactamente iguales. Pero es que una cerveza sin alcohol está irremediablemente contaminada por lo que podríamos llamar “el nicho semántico” de su hermana melliza, la cerveza con alcohol, de manera que se asume que, al contrario de lo que sucede con un zumo de manzana, una cerveza sin alcohol solo se puede consumir en un momento que no esté relacionado con el trabajo, mientras que un zumo de manzana podría beberse en cantidades industriales en cualquier contexto. Y se asume así porque se tiene miedo de que alguien pueda pensar que quien se bebe una sin alcohol en el trabajo podría estar bebiéndose una con alcohol, no sé si me explico.

Schloss Ambras

UN BEBÉ Y UNA CERVEZA

La concejala de la ciudad de Innsbruck Janine Bex aprendió esto en abril de manera bastante dolorosa.

Dado que la política es una profesión mayoritariamente ejercida por hombres, las normas por las que se rige están confeccionadas por hombres. Como es de dominio público, los seres humanos con pito no podemos quedarnos embarazados, de manera que a nadie se le ha ocurrido regular la situación de que una mujer que se dedica a la política tenga un hijo o una hija. Así, las políticas no tienen derecho ni a “Mutterschutz” ni a baja maternal (“pa qué” diría alguno “si son cuatro gatas”). Y, por lo mismo, no tienen las medidas de protección de las que gozan todo el resto de las mujeres. Si deja su trabajo, tampoco tiene derecho a seguro médico.

Ruego a quien me lea que tome nota de esta larga introducción, porque verá que le sirve para entender lo siguiente.

En abril pasado, Janine Bex, concejala de Los Verdes, madre de tres hijos, se conoce que no tenía con quién dejar al pequeño, un bebé de (entonces) tres meses. Así pues, se lo llevó al trabajo. Dado lo soporíferos que suelen ser los plenos, la criatura durmió como un bebé (en este caso literalmente). Su madre, mientras tanto, trabajaba por los intereses de los ciudadanos de Innsbruck. Sobre su mesa, había una botella de cerveza (sin alcohol) a la que daba sorbitos de vez en cuando.

En estas, el bebé empezó a estar intranquilo, y la madre, para calmarlo, se puso con toda la naturalidad del mundo a darle de mamar.

EA, EA, EA, DEPAOLI SE CABREA

Esta imagen, la de una mujer dando de mamar a un bebé, sumada a la de una cerveza, fue demasiado para varios de los concejales (y alguna concejala) del ayuntamiento de Innsbruck. El primero que tomó la palabra fue el Sr. Buchacher, del partido socialdemócrata, que se dirigió a la reciente madre y dijo que no podía ser que tuviera al niño en la mano izquierda y bebiera cerveza con la derecha. Aclaró que, para que nadie le acusara de machista, su repugnancia no era por el bebé, sino por la cerveza (excusatio non petita) y que hubiera regañado también a un hombre. Lo mismo sostuvo una colega de partido, Irene Heisz, en declaraciones al Tiroler Tageszeitung, a la que le parecía de muy mala educación que la concejala hubiera bebido cerveza (sin) pero a la que le hubiera dado igual probablemente que se hubiese tomado un zumo de manzana.

La presencia de los bebés de Janine Bex en los plenos del ayuntamiento de Innsbruck ya había sido “demasié” para algunos concejales. Entre ellos el muy beligerante Gerald Depaoli de Gerechtes Innsbruck, el cual, en otra ocasión, le dijo a Janine Bex que haría mejor en ocuparse de su hijo, y que donde tenía que estar era en casa (hale, a calzón quitao). Alguien le llamó la atención, pero Depaoli se mantuvo en sus trece.

Con ocasión del incidente con la botella de cerveza (repito: sin) este mismo Depaoli publicó en Facebook un post en donde, escandalizado, decía que crío, cerveza y señora dando de mamar eran una imagen que no casaba con un pleno de un ayuntamiento.

Naturalmente, los seguidores de Depaoli se emocionaron y, ya puestos, llamaron a Janine Bex de todo menos guapa (lo más suave “tía guarra”, pero también comunistorra y lindezas semejantes). Janine Bex procedió a denunciar a Depaoli por un delito de odio y hoy, tras más de seis meses de largos procesos, la justicia le ha dado la razón. Semestre durante el cual Depaoli se ha resistido como gato panza arriba a borrar su post. Finalmente, tendrá que borrar los comentarios con las lindezas a la concejala, publicar el contenido de la sentencia y resarcirla con 5000 Euros de indemnización.

 


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