
Napoleón, tan de actualidad debido a la película de Ridley Scott, tuvo una relación especial con Viena, y se dejó aquí un par de recuerdines.
4 de Diciembre.- El sábado pasado estuve viendo Napoleón, la película de Ridley Scott sobre el famoso emperador francés.
Y, tras comprobar que, si lo que se ve en la película es verdad, Bonaparte fue un pobre “desgracié” que no disfrutó para nada de la vida, caí en la cuenta de que he hablado muy poco de él en Viena Directo, y eso que tuvo una relación muy profunda con Austria (se casó con la hija del emperador Paco primero, la archiduquesa Marisa de Austria, que le dio un hijo, Napoleón Franz, que murió el pobre en la flor de la vida, en el palacio de Schönbrunn, y cuyos restos ahora descansan en París).
Como de las batallas y los muertos y los kikis que se echaba con esta y con la otra ha hablado ya todo el mundo, hoy voy a hablar de un objeto que perteneció a Napoleón y que, por azares de la vida, terminó en Viena.
Se trata, como diría Chiquito, de una “peaso” de cacho de estatua de pecador de la pradera, que saluda a todos los visitantes de ese templo del arte que es el Kunsthistorisches Museum de Viena. Es la efigie de un hombretón de hercúlea musculatura que va solo vestido con una hoja, que lleva tapándole el pito (no se puede saber cómo se sujeta) y un casco. En la mano derecha, blande una porra y con la izquierda está agarrando a un pobre centauro por el cuello. El tal centauro, a juzgar por su expresión, debe estar pasando un momento como de estar escuchando lo último de Bad Bunny.
O sea, mal.

Esta estatua es el famosísimo grupo de Teseo obra del escultor Canova. En un principio estuvo en el Theseustempel, en el Volksgarten y hoy, lo dicho: adorna la escalinata del KHM.
La idea de esculpir a Teseo se le ocurrió a Canova en 1795. En 1804, con Napoleón en la cresta de la ola, le encargan el Foro Bonaparte para glorificar a Napoleón por su victoria en la batalla de Marengo (1800). Canova se acuerda de su proyecto y pide el mármol para hacer las estatuas. Entre unas cosas y otras, la piedra para el Teseo no le llega a Roma hasta seis (¡!) años más tarde, en 1810. Canova se puso a trabajar. Entre pitos y flautas, al que había encargado el proyecto, o sea, a Napoleón se le había marchitado el clavel y ya no era el mandamás de Europa, con lo cual Canova debió de poner la estatua en el Wallapop con un anuncio tipo:
“Estatua de hombretón en bolas matando a un centauro. Mármol. Sin estrenar. Precio a convenir”.

En 1817 (en el siglo XIX eran de digestiones lentas) el suegro de Napoleón, Paco primero, aceptó pagar la principesca suma que Canova pedía por la estatua a medio hacer (46.720 liras austriacas, un pico) y en 1819, Canova, por fin, la terminó (el 25 de Noviembre). En junio de 1821 la estatua se llevó a Civitavechia y de allí a Fiume, de allí a Belgrado y Danubio arriba hasta Viena. Allí se colocó en el Theseustempel.
En 1890, se sacó de allí para ponerla donde está ahora, con tan mala suerte que durante el transporte se le partió el brazo derecho (vaya por Dios). De la reparación se encargó el escultor Johannes Benk el cual tiene, por cierto, una calle (la Benkgasse) en el distrito 13 de esta bonita capital.
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