
Hoy es el día de Santa Lucía, Día Internacional de los no videntes. Por eso, hablaremos del invidente más famoso de Austria que, curiosamente, no es de aquí.
13 de Diciembre.- Hoy es el día de Santa Lucía, esa santa a la que nuestras madres acudían cada vez que no encontrábamos algo y lo teníamos delante de las narices:
-Mama ¿Dónde está “el jersel”?
-Ahí, lo tienes, delante de los ojos.
-!Anda, no lo había visto!
–!Que Santa Lucía te conserve la vista!
Este diálogo tenía otra variante. Cuando uno no oía que le estaban llamando y su madre decía:
-!Que Santa Lucía te conserve la vista!
-¿Y eso?
-Porque el oído, hijo mío, ya lo tienes perdido.
Santa Lucía es una de las santas más gores del santoral católico, un club que, por cierto, no se caracteriza por hacerle ascos ni a la sangre ni a las vísceras. Se la suele representar con una bandejita en una mano, sobre la que reposan dos ojillos -pista- en la otra, la palma del martirio.
Y es que a Santa Lucía le sacaron los ojos por no renegar de su fe cristiana. Después de lo cual, como es lógico, dejó de ver. De ahí que hoy sea el día internacional de los no videntes. O sea, de las personas que tienen una discapacidad visual y/o auditiva.
El invidente más famoso de Austria (en estas fechas, todavía más) no es de aquí, fíjate lo que son las cosas. Y es, también, el cantante favorito de mi madre. Antes de desvelar su nombre diré que, desde 2015, vive en la bonita localidad de Leobersdorf, cerca de Baden, a tiro de piedra de Viena, en donde también tiene su propio paseo, la José-Feliciano-Promenade. Así se llama nuestro personaje de hoy.
Además, cabe decir que, hasta hace unos años (si no recuerdo mal, hasta antes de la pandemia) tuvo un local en Viena, cerca de la Ópera, el café Don Feliciano, que cerró.
José Feliciano, nació en Puerto Rico, concretamente en la ciudad de Lares, que es llamada “la ciudad del grito”. Nuestro hombre, como todo el mundo sabe, ha dedicado su vida a producir sonidos mucho más melodiosos (por suerte para todos).
Conocido en todo el mundo por sus interpretaciones de boleros y baladas, tres éxitos han marcado su carrera, el primero, su versión de Light My Fire, de “Los Puertas” (o sea The Doors) que le abrió las ídem del mercado anglosajón. En el ámbito americano, “Qué será”, que cantó en el festival de San Remo con gran éxito. Y por último, durante estas fechas, “Feliz Navidad”, canción de su autoría que, a buen seguro, le habrá asegurado la vejez mediante jugosos royalties.
Dado que, entre mediados de noviembre y el siete de enero yo soy un Grinch, no soy lo que se dice imparcial a la hora de juzgar esta creación en particular del señor Feliciano. Básteme señalar que cada vez que le oigo a él o a uno de sus múltiples imitadores desearme un “prospero” año, acentuado como “torero” o como “salero” se me hinchan las venas del cuello.
Ahora bien, luego me acuerdo de la versión que hizo del famoso bolero “Dos cruces” (el favorito de mi abuela) y se me pasan las ganas de atizarle un librazo con uno de los dos volúmenes del infolio de la Real Academia.
En fin: José Feliciano es ciego de nacimiento debido a un glaucoma congénito. Nació en una familia muy humilde y es uno de once hermanos. Emigró con su familia a Nueva York siendo muy niño y pronto demostró ser un superdotado para la música.
Empezó a cantar por los clubes del Greenwich neoyorkino para ayudar a su familia económicamente y grabó su primer disco a los 19 años. Desde entonces, ha grabado más de sesenta, con canciones propias y ajenas y fue uno de los primeros artistas en incluir dúos en sus discos.
Su carrera es tan sólida como prestigiosa y Feliciano ha sido durante mucho tiempo referencia infaltable de la música latinoamericana y anglosajona.
En 1987 grabó un disco con la Filarmónica de Viena, con canciones de Sting, Phil Collins, Paul McCartney y otros. Ese mismo año, le dieron una estrella en el Paseo de la Fama.
José Feliciano se ha casado dos veces, tiene tres hijos y una nieta.

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