Cuento de Navidad 2023: La libertad iluminando al mundo (1/3)

Mañana es nochebuena y pasado es navidad. Como todos los años, en Viena Directo abandonamos las noticias para dejar volar la fantasía.

Para Susana

PERSONAJES:

Servando, hombre de entre treinta y cinco y cuarenta años

Susana: periodista de televisión

La acción se desarrolla en un espacio impreciso, tal vez un dormitorio en el piso de arriba de una casa de la España vaciada.

ESCENA 1

Se cierra una puerta

SERVANDO: !Qué! ¿Cómo va la cosa?

SUSANA: !Ay, vaya susto!

SERVANDO: lo siento

SUSANA: (riéndose) No pasa nada. Estaba tan…Aquí, pensando en las musarañas, z no te he oido entrar.

SERVANDO: !Pues no será porque las escaleras no hacen ruido! (se ríe) A ver si un día de estos me pongo y les doy un repaso.

SUSANA: Yo, debe de ser por las pastillas pero estoy como rara. Como antontada.

SERVANDO: Es que ya es mala pata.

SUSANA: Literalmente, además (ríe)

SERVANDO: ¿Y te duele?

SUSANA: Psché. Con el antiinflamatorio y el Nolotil se sobrelleva.

SERVANDO: La gente se ha preocupado.

SUSANA: La caída ha sido bastante espectacular pero, por suerte, solo una torcedura. Lo que más me fastidia es que no sé si voy a poder hacer el reportaje. Los totales…Bueno, vaya que vaya. Pero entrevistar a la gente sentada en una silla…

SERVANDO: Qué contrariedad.

SUSANA: Y de bajar a la presa, nada !Para caminatas estoy yo! (pausa) Lo siento.

SERVANDO: El qué.

SUSANA: Esto, el no…Bueno, el haberme caído y todas estas molestias. Por lo visto no estoy hecha para el campo.

SERVANDO: No te preocupes.

SUSANA: Mañana, de todas maneras, hablaré con Madrid. A ver si hay suerte y la cadena manda a otra persona. He peleado mucho por esta historia ¿Sabes? !A quién le va a interesar lo que pase en un pueblo perdido de la mano de Dios!

SERVANDO: ¿Eso dijeron?

SUSANA: Ni más ni menos. Perdido de la mano de Dios.

SERVANDO: Tan perdidos no estaremos…Si tú estás aquí.

SUSANA: !Para lo que sirvo!

SERVANDO: Todo sirve. Lo que sucede, conviene.

SUSANA: ¿Hasta las torceduras de tobillo?

SERVANDO: Hasta las torceduras. Todo.

(Pausa)

SUSANA: Oye, Servando.

SERVANDO: Dime.

SUSANA: ¿Naciste aquí?

SERVANDO: No, qué va. Soy de Madrid. De Aluche.

SUSANA: ¿De Madrid? ¿Y por qué te viniste…?

SERVANDO: ¿…A un pueblo perdido de la mano de Dios?

SUSANA: Hombre, tampoco quería decir eso.

SERVANDO: Pero lo pensabas. Como lo pensó otra gente, no te preocupes. Madrid…No era lo mío. No encontraba mi sitio.

SUSANA: ¿Y aquí?

SERVANDO: Se hace lo que se puede (pausa) Angustias ya te habrá hecho la cena ¿Te subo algo?

SUSANA: (se ríe) !Si es que no se puede ser más majo!

SERVANDO: (riéndose también) Pelota.

SUSANA: Vale, pero con una condición.

SERVANDO: ¿Cuál?

SUSANA: Que luego te quedes un ratito y me des conversación.

SERVANDO: Tienes una tele.

SUSANA: !Bastante tele tengo yo todos los días! Qué pasa ¿Que te caigo mal?

SERVANDO: No, mujer, qué va. Qué me vas a caer mal.

SUSANA: Pues entonces. Hale, que estoy muerta de hambre…Y de aburrimiento.

ESCENA 2

(Ha pasado un rato y los personajes están en la sobremesa)

SERVANDO: …La pandemia, la verdad, ni la sentimos ¿Quieres más vino?

SUSANA: Con el Nolotil…No sé.

SERVANDO: Así duermes mejor. Es muy bueno, es de aquí.

SUSANA: Bueno, pero solo un poco ¿Eh? Que voy a pensar que me quieres emborrachar para librarte de mí cuanto antes. (risas)

SERVANDO: Como te digo, la pandemia ni la sentimos. Cada uno en su casa y, de vez en cuando, salíamos a tomar el fresco.

SUSANA: ¿Hasta con el confinamiento?

SERVANDO: Hasta con el confinamiento. Vivimos tan apartados que no nos encontrábamos a nadie. Yo estuve tres meses sin ver un alma. Como Robinsón.

SUSANA: Para volverse loco.

SERVANDO: ¿No era peor en la capital?

SUSANA: Qué quieres que te diga.

SERVANDO: Pues la verdad, qué voy a querer.

SUSANA: Es una manera de hablar. Es que me cuesta creer que no se necesite ver a nadie. Vamos, que no necesites ver a nadie.

SERVANDO: Y no lo necesito. Yo, cuando más tranquilo estoy es cuando estoy solo, en el palomar. No te creas, no me aburro. Siempre tengo algo que hacer. Si se rompe algo, lo arreglo. Si se me ocurre algún invento, lo armo. A veces, por entretenerme, rezo el Rosario.

SUSANA: ¿Eres creyente?

SERVANDO: A mi manera. Antes iba a la iglesia, pero supongo que se me ha pasado la fe.

SUSANA: Lo dices como si fuera un cólico nefrítico.

SERVANDO: No, lo que pasa es que tuve unas palabras con…Bueno, vamos a dejarlo (como si, de pronto, decidiera decir algo que se ha callado hasta ese momento pero que para él es muy importante). Que es muy importante que hayáis venido. Que si esa presa se hace, el pueblo desaparece y la comarca entera se muere.

 

SUSANA: (algo impresionada) Conmigo podéis contar, ya te digo. Incluso en esta…En esta situación.

(Pausa)

SERVANDO: ¿Has terminado?

SUSANA: Sí, sí. Dile a Angustias que estaba todo muy rico.

SERVANDO: Se lo diré. La muy tonta no se atreve a subir a verte. Que le da vergüenza, que se azora. Ya ves.

SUSANA: ¿Y por qué le da vergüenza, si puede saberse?

SERVANDO: Será porque este es un pueblo perdido de la mano de Dios y no estamos acostumbrados a las visitas.

SUSANA: Joder, qué retranca. Cómo os las gastáis en los pueblos.

SERVANDO: Lo siento. A lo mejor…Yo tampoco estoy acostumbrado a las visitas.

SUSANA: Ya se nota.

SERVANDO: Que me perdones, mujer. Que lo he dicho sin pensar.

SUSANA: Perdonado. Oye.

SERVANDO: Qué.

SUSANA: Para preparar el reportaje y eso, necesito que me des algunos datos.

SERVANDO: Tú dirás.

SUSANA: Anda, siéntate.

SERVANDO: ¿Que me siente?

SUSANA: Sí, hombre, que me da cosa preguntarte si estás ahí de pie, como un pasmarote.

SERVANDO: (acerca una silla y se sienta)

SUSANA: Eso está mejor. A ver ¿Cuánta gente queda en el pueblo?

SERVANDO: En invierno somos unos cuarenta, si cuentas a los que viven por El Cajigal. Si no, unos veinticinco.

SUSANA: ¿Y niños?

SERVANDO: No hay. El último que nació fue el Cosme, y ya va para los veinte.

SUSANA: Eso de los niños es un problema ¿Verdad?

SERVANDO: Y que lo digas. Sin niños el pueblo…

SUSANA: Se muere.

SERVANDO: (corrigiéndose ligeramente) Se acaba. Lo de la presa es, en cierto modo, la puntilla. Por eso queremos dar el premio.

SUSANA: (incrédula o sin entender): el premio.

SERVANDO: Casa gratis y el bar para la familia que se establezca aquí.

SUSANA: Pero tienen que traer niños, claro.

SERVANDO: Claro.

SUSANA: Servando, si te hago una pregunta indiscreta ¿No te ofendes?

SERVANDO: Dependerá de la pregunta, como es natural.

SUSANA: Ya. Bueno, el caso…Yo me arriesgo de todas maneras. Me has dicho que en el pueblo sois entre veinticinco y cuarenta. Si tú tuvieras hijos, con la mano en el corazón ¿Te los traerías aquí?

SERVANDO: (efectivamente, algo ofendido) Hay mucha gente necesitada. Sudamericanos, por ejemplo. Nosotros, no somos racistas.

SUSANA: Hombre, tampoco es eso ¿No?

SERVANDO: (revolviéndose) qué pasa ¿No se va la gente a vivir a la selva? ¿No me vine yo aquí? Pues igual.

SUSANA: Visto así…

SERVANDO: Así ¿Cómo?

SUSANA: Así…Así. Sin más.

SERVANDO: Bueno, me voy a bajar esto. Que duermas bien.

SUSANA: Servando.

SERVANDO: Qué.

SUSANA: ¿No te habrás ofendido?

SERVANDO: ¿Ofenderme? ¿Yo? No, no. Hace falta mucho más para ofenderme a mí.

SUSANA: Me quedo más tranquila.

SERVANDO: Buenas noches.

(se cierra la puerta).

FIN DE LA PRIMERA PARTE

 


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