mujer enfadada

Brecha salarial 2024 en Austria

mujer enfadada

Queridas amigas: ¿Qué se siente cuando uno lleva trabajando gratis desde Enero? Este que escribe, como hombre, mucha vergüenza.

12 de Febrero.- Querida amiga: si estás leyendo este artículo, tengo el penoso deber de darte una mala noticia: hoy has trabajado gratis. Mañana, cuando termine tu jornada, mientras tus colegas con testículos podrán irse a casa con la satisfacción de que les van a pagar por haber trabajado tú, pobre mía, habrás trabajado también gratis. Y no será hasta el jueves cuando, efectivamente, empieces a cobrar como cobran tus colegas varones.

Es más: te diré que llevas trabajando gratis desde el mismo momento en el que repicó la campana de la plaza de la catedral y entramos en 2024.

Así como suena.

Todos los años, la organización Momentum se toma el trabajo de calcular la brecha salarial entre hombres y mujeres en Austria. Y atención: por el mismo trabajo, un varón que esté trabajando a jornada completa, recibe, como media, un 12,4% más que una mujer por hacer el mismo trabajo.

Es más: según fuentes del Instituto Momentum, si contásemos a los trabajadores a tiempo parcial, esa diferencia salarial alcanzaría el 35%.

Las razones de esta enorme injusticia son bien sabidas.

Las mujeres, en general, son enfocadas a profesiones menos lucrativas (por ejemplo, el sector de cuidado de personas) pero incluso aquellas que trabajan en los oficios considerados “masculinos”, tradicionalmente mejor pagados, cobran mucho menos que sus colegas hombres.

Según los autores del estudio, en las ingenierías y en las arquitecturas, la diferencia de sueldos entre hombres y mujeres alcanza un ESCANDALOSO -se me acaban las mayúsculas y las negritas- 17,5%.

Esto es, como media, un año y medio después de acabar la carrera en Austria, las mujeres cobran un 17,5% menos que sus colegas varones.

El sector en el que la brecha salarial es menor, quizá porque es más paritario, es el de la enseñanza, en donde las mujeres cobran un 3,5 por ciento menos que los hombres.

Ayer, día 11 de febrero fue el día de la mujer y la niña en la ciencia. Es una conmemoración que hace falta porque el machismo lo tenemos todos tan interiorizado que, en muchos casos, es invisible.

Las niñas están recibiendo constantemente un bombardeo informativo que las lleva a pensar que el éxito es ser “influencer” o sea, a hablar de gilipuerteces relacionadas con pestañas postizas en cualquier cuenta de Instagram. Una niña que se interesa por las matemáticas, por la física, por la química, sigue siendo mirada como rara, como extraña. La sociedad sigue aplaudiendo (y, por lo tanto, reforzando) los viejos estereotipos. El de que determinadas profesiones son “de chicas” es solo uno de ellos, aunque quizá sea uno de los más perjudiciales.

Quisiera terminar este artículo con una reflexión: estoy firmemente convencido de que ser progresista, apostar por un mundo mejor, más justo y equitativo para todas y todos, consiste fundamentalmente en erradicar la necesidad del heroísmo. Me dan franco asco, repulsión, esas historias de personas que, luchando contra todas las dificultades (su sexo entre otras) han llegado a alcanzar lugares prominentes en la sociedad. Y me dan asco porque, aparte de falsas, son la justificación para mantener el estado de cosas actual. Las personas que han nacido con todos los privilegios y que disfrutan de la posesión de todos los boletos ganadores en la tómbola de la vida, cuando alguien de procedencia “incorrecta” consigue algo, le señalan y dicen:

-¿Véis? Si se quiere, se puede.

Y no. Para que de verdad se pueda, hay que remover del camino los obstáculos que hacen que, hoy por hoy, haya que ser un héroe para que se pueda (en este caso, una heroína).

Mi ideal es un mundo en el que todos, todas y todes, gocemos de las mismas oportunidades y en el que el tener pito o no tenerlo no sea un factor decisivo. En el que no sean necesario que una mujer se deje la vida para ser directiva de una empresa, algo que, la experiencia de la vida diaria lo demuestra, han podido conseguir hombres con muy pocas luces.

 

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