La salud de los hombres

La política es el reino de la masculinidad tóxica, un lugar en donde los hombres, si son de verdad, no pueden ni enfermar.

 

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21 de Abril.- Hace tan solo unos meses, el partido socialdemócrata austriaco (SPÖ) pasó por una prueba de resistencia enorme, que conllevó una crisis reputacional considerable, de la que todavía no se ha recuperado totalmente. Se recordará que Pamela Rendi-Wagner, la entonces „lideresa“, harta de que su autoridad se pusiera en cuestión, se lió la manta a la cabeza y decidió someter su liderazgo a votación. Unas primarias que terminaron como el rosario de la aurora y durante las cuales casi todo lo que pudo ir mal, en términos de relaciones públicas, fue peor.

La cuestión se fue enconando y terminó en un duelo a cara de perro entre Andreas Babler, que terminó ganando, y „Juan Pedro“ Doskozil, en realidad el artífice de todo aquel fregado.

Durante todo el tiempo que duró aquella historia hubo un elefante en la habitación del que nadie quería hablar. Ni Babler, para que no le acusaran de estar jugando sucio, ni Doskozil, para que nadie pudiera sospechar que estaba buscando compasión. Y ese elefante, ese algo escondido e innombrable, era la salud de Hans Peter Doskozil. El hecho de que, tras varias operaciones de laringe (la última hace algunas semanas), su voz es un susurro y que es un hombre físicamente tocado.

Mientras Doskozil trataba de defender su candidatura y todo el mundo le escuchaba cortesmente, los delegados del SPÖ pensaban en cómo aquel hombre que hablaba como Vito Corleone podría enfrentarse a Herbert Kickl, elevar su voz por encima de la suya, hacer llegar el mensaje.

Cuando se anunció la victoria de Doskozil, los mejor informados levantaron una ceja, para luego respirar (seguramente aliviados) cuando se supo que todo era un error.

La política es cosa de hombres. Más aún: es (desgraciadamente) cosa de machos. Y los machos no se ponen enfermos. No tienen debilidades. Los machos no lloran. No sienten. Van implacables hacia su objetivo. Son irromplibles. Soportan la tensión.

La más mínima grieta en esa imagen tóxica que a todos los demás nos parece una absoluta aberración, puede ser el final de la carrera de un político.

Hace unos días contaba en este mismo espacio que se ha publicado una biografía de Herbert Kickl, y las señales de que el libro ha dado en el blanco son grandes y difíciles de ignorar para cualquiera que esté familiarizado con los sobreentendidos que forman el espinazo de la cultura austriaca.

Tanta es la inquietud, que el propio interesado, siendo como es un experto en sus conciudadanos y confiando en su baraka, publicó un video de cinco minutos en el que se mofaba de los autores del libro y trataba de torpedear su credibilidad antes de que la gente tuviera tiempo para leerlo.

La jauría que va detrás de Kickl comprendió inmediatamente el mensaje.

Ayer, en su cuenta de Twitter (ahora X) un presentador de la ORF, Patrick Budgen, citó una de las frases del libro, porque uno de los periodistas que lo ha escrito estaba invitado a la tele pública para hacer promoción.

La frase era esta, y cuando la escriba, el lector comprenderá qué es lo que tiene tan nervioso a Herbert Kickl:

«Wir wissen von Herbert Kickl, dass er relativ oft krank ist. Er lässt sich oft entschudigen und verschwindet für 1-2 Tage. Ich bin gespannt ob er überhaupt die Robustheit hat, dass er ganz oben ist»

“Sabemos de Herbert Kickl que está enfermo con relativa frecuencia. Se disculpa y desaparece por uno o dos días. Estaría bien saber si tiene la robustez necesaria para estar en la cúspide”.

Como habrá visto quien me lea, la frase está a años luz de cualquier comentario de los corrientes en internet pero, con mucho disimulo, pone el acento en la salud de Kickl. Eso lo podemos leer todos, pero lo que Kickl lee (lo mismo que Doskozil leyó en su día) es que los autores están poniendo en duda, en primer lugar, la hombría de Herbert Kickl y, en segundo lugar, su idoneidad para la posición que ocupa en la vida pública austriaca.

La reacción no se ha hecho esperar, los “grupis” de Herbert Kickl se han lanzado en tromba sobre el presentador de la ORF solo por haber citado una frase de su entrevistado, entre comillas y sin más comentarios. Le han dicho de todo pero como son de la calaña que son, le han atacado sobre todo por ser gay (circunstancia que Budgen no ha ocultado nunca y que reflejó en el libro que publicó contando el cáncer que padecía).

Incluso el representante de la extrema derecha en la ORF, Peter Westenthaler (el cual, después de haber discutido con Kickl, ha vuelto el redil, seguramente ante el hecho previsible de que el FPÖ gane las próximas elecciones) ha dicho que va a llevar este asunto ante el recién formado comité ético de la ORF.

Compañeros de Budgen, en concreto Armin Wolf y Martin Thür, han defendido a Budgen, recordando que lo único que ha hecho ha sido citar a un invitado.


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