Viena ayuda a librarse de visitantes molestos

Ilustración AI

El Gobierno español busca la manera de impedir que Javier Milei vuelva a España en Junio. Y Viena, tiene algo que ver.

 

La crisis: Argentina – España – Austria

23 de Mayo.- Una de las instituciones más antiguas del derecho internacional es la diplomacia. Sus reglas son el resultado de un proceso más o menos tortuoso que data de los albores de los estados nacionales, aunque ya las antiguas civilizaciones se intercambiaban embajadores. El personal diplomático se rige por una serie de tradiciones que forman un intrincado núcleo de reglas y no es extraño que así sea, porque la concordia entre los países son un bien muy frágil, sobre todo en estos tiempos de populismo en donde cualquier bocachanclas puede meter la pata sin querer o a propósito.

En este segundo caso se encuentra el primer ministro argentino, Javier Milei. El mandatario del país austral tiene una personalidad digamos que compleja y es el fruto de la historia, a menudo convulsa, de su país. En su último viaje a España, es sabido, a Javier Milei se le calentó la boca y dijo cosas que igual no hubiera debido decir, de manera que en las relaciones bilaterales entre España y Argentina se abrió un boquete horroroso que, de momento, se ha saldado con la llamada a consultas sine die de la embajadora española en Argentina y un continuo rosario de provocaciones digna del patio de un colegio por parte del presidente argentino.

Naturalmente, a esas alturas del artículo se estarán preguntando las lectoras y los lectores qué tiene que ver toda esta tangana con Austria y con Viena. Un poquito de paciencia, que ya llego.

Milei es ese vecino faltón que hay en todas las comunidades y pertenece a esa clase de personas con las que, en general, uno no iría ni a la vuelta de la esquina a comprar cien gramos de jamón de York. O ese cuñado cuya mera presencia en la misma habitación le revuelve a uno el estómago, pero con el que no tiene más remedio que transigir porque la hermana de uno tuvo el mal gusto de casarse con él. Ese tipo de personas tienen una característica especialmente irritante, y es que, cuanto menos quiere verlos uno, más aprovechan ellos esta repulsión para dar por saco.

Así es con Milei. Después de haber montado la mundial en el aquelarre facha de Vistalegre, Javier Milei amenaza con volver a pisar territorio español para recoger un premio que le ha dado una fundación (no ha sido el premio limón de la peña Primera Plana).

Ante esta eventualidad, el ejecutivo de Madrid está evaluando muy seriamente no dejar entrar a Javier Milei en España. Y para ello, los juristas del Gobierno español han desenterrado un acuerdo internacional de 1961 que se firmó en Viena. Se trata de la llamada Convención de Viena para las Relaciones Diplomáticas y que entró en vigor el 24 de abril de 1964.

La Convención regula las relaciones diplomáticas entre los países, y está suscrito por 190 países. Son pocos los gobiernos que no han suscrito el tratado (Palaos, las Islas Salomón o Sudán del Sur) y el artículo Milei (digooo, el artículo nueve) es el que podría poner en juego el gobierno monclovita para que Javier Milei se fuese con la música a otra parte (o se quedase con el tango en la Argentina). Este artículo permite declarar non grata a cualquier persona extranjera (Milei, en este caso). Esta circunstancia deberá serle notificada antes de que llegue a la nación en la que pretendía entrar y aunque, en la práctica, no es una prohibición de pisar, en este caso, territorio español, la declaración de persona non grata sí que dificulta mucho cualquier movimiento que la persona quiera hacer en el territorio que le acoja. En el caso de un diplomático, el estado receptor puede negarse en redondo a reconocer como miembro de la misión a la persona de la que se trate, con lo que perdería todos los privilegios que asisten a los diplomáticos para la realización de su trabajo. Muy principalmente la inmunidad diplomática.


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