Las negociaciones derrapan (un poquito)

Las negociaciones entre el Partido Popular y la extrema derecha parece que han derrapado. Un poquito, por lo menos.

 

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4 de Febrero.- Este domingo se cumplieron veinticinco años de la primera entrada de la extrema derecha en el Gobierno de Austria desde la segunda guerra mundial.

Fue a causa de una “debilidad” del Partido Popular austriaco, entonces dirigido por Schussel. La repulsa internacional -eran otros tiempos- fue unánime y el aislamiento diplomático a que se sometió a la República austriaca fue muy doloroso, sobre todo para el orgull(it)o de los austriacos, que no entendían que habían hecho mal, salvo poner en el Gobierno a una patulea de nazis.

Cuando el presidente Klestil tuvo que tragarse el sapo de presenciar la jura de los ministros, fuera, rodeando la sede de la Presidencia de la República y en la Heldenplatz, una auténtica marea humana de cientos de miles de personas, protestaba.

Eran otros tiempos, naturalmente.

No estábamos a tres pasos de que los descendientes de los nazis, ya sin careta, vayan a entrar en el Gobierno alemán (ayudados, por cierto, por un simpatizante austriaco que ha donado dos millones de euros para cartelería). Ni, por supuesto, se le pasaba a nadie por la cabeza que pudiera llegar a haber en Austria un canciller como Herbert Kickl.

Lo dicho, otros tiempos.

Hoy, unas veintemil personas se han manifestado para protestar por la coalición que se le viene encima a esta república y que amenaza (y quizá lo logre) con socavar aquellas instituciones de ella que son básicas para una democracia.

La gente, en las calles, indignada pero también con miedo, le pregunta a los políticos decentes que dónde están.

De momento solo les responde el silencio.

Según parece, sin embargo, las negociaciones entre la extrema derecha y la derecha para formar una coalición no van tan bien ni están siendo tan fluidas como parecía que iban a ser.

 

Washington Square, HD Primera parte

Según se ha sabido hoy, dichas negociaciones “se han detenido” de momento. Esta noche, la dirección del Partido Popular austriaco está reunida para discutir la posición de la formación.

Según parece, hay dos obstáculos: por un lado, el famoso impuesto a los beneficios de la banca, que fue el non plus ultra de la anterior negociación (los socialdemócratas querían, los populares no). Ahora son los populares los que quieren -no hay quien les entienda- pero la extrema derecha no.

Por otro lado, el reparto de los ministerios.

Como es lógico, la extrema derecha quiere tener en la mano la llave de la caja de caudales porque quien controla el dinero controla que las leyes aprobadas no se queden vacías de contenido por no tener presupuesto.

Por otro lado, es bastante probable que la extrema derecha reclame para sí el Ministerio del Interior.

Hay varias razones para esto y todas preocupantes para las personas decentes. Recordará quizá el amable lector los planes que la extrema derecha tenía para los servicios secretos en su última participación en el Gobierno (incluyendo la creación de unos servicios secretos paralelos dependientes del Gobierno para poder espiar a mansalva) y recordará también que en el expediente de Kickl como funcionario público hay una mancha, un baldón que Kickl, que es un ser vengativo y rencoroso, no puede esperar a borrar. Y es que Herbert Kickl es el único ministro desde el final de la segunda guerra mundial que ha sido despedido por el Presidente de la República, utilizando una prerrogativa presidencial que ningún presidente había utilizado hasta entonces.

La pregunta es ahora si se interrumpirán las negociaciones, con lo cual el país se vería abocado a nuevas elecciones.

No parece probable porque a ninguna de las partes implicadas les vendría bien. A los populares porque temen un descalabro electoral aún peor que el de octubre y a la extrema derecha porque temen perder lo que ahora rozan con la punta de los dedos.

 

Fabio: The camera Eye

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