
El cantante David Bisbal y su santa han elegido Austria como destino vacacional.
7 de Julio.- La memoria produce extrañas asociaciones. Di que una vez, hace ya muchos años, había quedado yo con unos amigos para dar un paseo por el campo. Por el campo, campo, campo. O sea, un campo con boñigas de vaca, moscas, ortigas…En fin, un campo como Dios manda.
Yo acudí a la cita vestido para ir al campo. O sea, con botorras y unos pantalones no muy nuevos, pero tampoco muy viejos, un “jersel” y una chaqueta de abrigo, pero de trote. La gracia fue cuando presentáronse estos amigos y uno de ellos iba hecho un figurín, con unos mocasines de Gucci (o imitación), una gabardina de gabardina por medio muslo (lazadita al lado) y unos pantalones de pitillo que dejaban al descubierto sus tobillos de príncipe que estaba seguro que no iba a encontrar ningún guisante bajo sus treinta y cinco colchones.
Yo pensé “¡Pero criatura! ‘Ande vas tú así vestido?” pero, naturalmente, me abstuve de hacer ningún comentario, no fuera a tomarse mi pregunta por envidia de su atildamiento indumentario superferolítico.
Fuimos al campo, pues y bueno, todo acabó como tenía que acabar (ver párrafo a propósito de las deposiciones de las vacas y lo mal que se llevan con los mocasincitos de Gucci).
El cantante David Bisbal (A vé María, cuándo serás mía) y su santa, una especie de muñeca Barbie que atiende por Rosanna Zanetti, han “encontrado un hueco” en sus agendas para venirse de vacaciones a Austria a pasar unos días.
El Antonio Molina del siglo XXI y su cónyuge recalaron primero en la capital de Esta Pequeña República, en donde hicieron, a juzgar por lo que han publicado en Instagram, el consabido tour que hacen todos los turistas, que si Schönbrunn, que si el café Landtmann, que si esto y que si lo otro.
En todo momento, Zanetti iba monísima (ver, de nuevo, su Instagram) y en todo momento tiene esa pose profesional de “modela” que está entre “ay, madre, que me he tragado una mosca, a ver cómo salgo yo de esta” y el maniquí de El Corte Inglés. No le falta un perejil, a la muchacha, siempre con el pelo al viento (mechas, onditas pero no mucho) y fotografiada un segundo después de que Bisbal le dijera “Cari, ponte natural o lloraré las penas de este corazón enamorado”.
Dirán mis lectores, quizá con razón, “y esto, ¿Qué tiene que ver con el amigo suyo de usted, el de los mocasines de Gucci?”
Pues tiene que verlo todo. Porque, después de haber visto en Viena todo lo que hay que ver, Bisbal y su “Bisbala” se personaron en una localidad de Estiria llamada Teichalm (o sea, algo así como “el prado del estanque”). Cerca de Baja Austria y de Burgenland. Marco incomparable de belleza sin igual, qué duda cabe pero, al mismo tiempo, y perdón por la contundencia del calificativo, lo que viene siendo el puto campo.
Un campo con cacas de vaca, jabalíes, ortigas, gallinas y demás. El caso es que, llegada que fue la pareja a Teichalm, para posar para su Instagram, nuestra amiga la “Bisbala” se pone un vestido de encaje negro, manga larga (Bernarda Alba hubiera estado orgullosa), falda extralarga también (para ir barriendo el suelo) y me posa delante de un prado en lo que parece un cabaña de montaña.
Espero que, al acabar la sesión de fotos, se pusiera algo con lo que de verdad pudiera divertirse, mancharse, o sea, conocer Austria de verdad.

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