Parece inocente. No lo es

El FPÖ ha intentado entorpecer gravemente la labor del Parlamento utilizando un recurso legal para ahogar a los funcionarios en burocracia.

NOTA: Como complemento al artículo de hoy, te dejo este podcast generado por inteligencia artificial de la serie «Los automáticos de Viena Directo» que puedes encontrar en YouTube.

 

10 de Julio.- El otro día, una amiga de Facebook (antes de que hubiera Facebook, lo era ya en la Universidad) publicó una fotografía de su primera vacuna contra el coronavirus. Adjuntó un comentario en el que decía que, para la mayoría de nosotros aquello no es ya más que un mal sueño.

Media década después de que llegase la pandemia a nuestras vidas, la extrema derecha austriaca se resiste a abandonar este tema, que tantos réditos electorales le dio. De hecho, en su esfuerzo por ponerle palos en las ruedas a un Gobierno, el austriaco que, hasta ahora, se está comportando con mucha sensatez, el FPÖ, utilizando (mal) un mecanismo de control que la constitución austriaca le concede, planteó nada más y nada menos que 827 preguntas parlamentarias a propósito de la pandemia y de la actuación del Gobierno de entonces para combatir al virus malandrín.

Las 827 preguntas supondrán al Estado austriaco un coste de varios millones de euros, por no hablar de la dudosa utilidad de remover, con la información que tenemos en 2025, aquellos días convulsos de 2020 en los que tan poco se sabía y durante los cuales se actuó un poco al buen tuntún.

OBJETIVO: EROSIONAR LA DEMOCRACIA

Por supuesto, esta avalancha de preguntas no es gratuita. Los partidos de la extrema derecha europea (y norteamericana, si contamos al Trumpismo) funcionan como una internacional coordinada en la que nada está ahí por casualidad. En cada país, sin embargo, los temas elegidos para llevar la conversación están elegidos de acuerdo con las especificidades de cada público objetivo. En España, hemos tenido un ejemplo hace unos días, la extrema derecha se inclina por la inmigración adoptando el discurso más xenófobo. En Austria, aparte de la inmigración, especialmente presentando a los inmigrantes musulmanes como gente sistemáticamente irracional, bestial y peligrosa, la pandemia sigue funcionando muy bien.

¿Qué busca el FPÖ? En primer lugar, atizar lo que quede en mucha gente del descontento que provocaron unas medidas de prevención que muchas personas percibieron como traumáticas. Sobre todo aquellas que negaban (y, en muchos casos, siguen negando) la existencia misma de la pandemia y cuyo rencor se alimentaba en abrevaderos colmados de teorías de la conspiración.

El descontento busca siempre culpables y los culpables, en este caso, son aquellos que pusieron en práctica las medidas, con lo cual se fomenta, además, el desafecto hacia las instituciones y se erosiona uno de los principios fundamentales sobre los que se asienta una democracia funcionante: o sea, el principio de legalidad.

Cuando se abren grietas en el principio de legalidad, o sea, cuando la ley deja de ser de obligado cumplimiento, inmediatamente se abre el camino de la arbitrariedad y, por lo tanto, el imperio de la ley del más fuerte, que suele ser el que tiene la sartén por el mango. En cuanto la ultraderecha aterriza en las instituciones, suele ponerse a la tarea de socavar el principio de legalidad, o sea, desincentivar el cumplimiento de la ley.

Por ejemplo, cuando el FPÖ llegó al poder en Baja Austria, lo primero que hizo (estaba en el acuerdo de Gobierno con el ÖVP) fue crear “indemnizaciones” para las supuestas “víctimas” del coronavirus, que no eran otros que los que habían desobedecido las leyes sanitarias poniendo muchas veces a otros (por ejemplo, a personas mayores) en peligro.

También se busca socavar la confianza en las instituciones. Cuando se extiende el sentimiento de que “los de ahí arriba” actúan por motivaciones espurias y no en cumplimiento de la ley la gente tiende a confiar menos en la capacidad de las instituciones para mejorar la vida de la gente. De esa forma se abren grietas por las que puede entrar el parásito del autoritarismo (o sea, la creencia en esa figura providencial e infalible, al margen del funcionamiento reglado de las instituciones que aporta soluciones mágicas).

Esto se ve, por ejemplo, en el último eslogan del FPÖ. Junto con una foto de Kickl, “der einzige auf eurer Seite“ (el único que está de vuestro lado).

Para realizar esta labor de zapa un instrumento privilegiado es la desinformación, en forma de noticias directamente falsas o mediante las llamadas teorías de la conspiración. Entre las primeras está el uso de un desparasitador para animales, la Ivermectina, para “curar” el coronavirus y entre las segundas toda la teoría que, en la jerga negacionista, se agrupaba bajo el término “Plandemia” o sea, la creencia de que la pandemia había sido creada a propósito para disminuir la población del planeta.

En el caso español y volviendo al ejemplo de hace unos días, la extrema derecha de Vox ha utilizado una vieja idea de la extrema derecha, la del “gran reemplazo” o “gran sustitución”.

La desinformación tiene un doble objetivo. Uno, a corto plazo, es el de intentar colar conceptos falsos en la conversación pública y otro, a largo plazo, que es el de socavar la credibilidad de la información en general. O sea, que nadie pueda saber a ciencia cierta lo que es verdad y lo que es mentira.

Este estado pantanoso es el que reina en los países autoritarios, como la Federación Rusa, por ejemplo.


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