Letra y música

 

Un hombre ucranio quería obtener la nacionalidad austriaca pero hete que, en el último momento, se la negaron. Esta es su historia.

NOTA: como complemento del post de hoy, un podcast con curiosidades del Himno Nacional austriaco.

 

El bundeshimno

12 de Julio.- Érase una vez un hombre ucraniano de 24 años, residente en Austria desde la infancia, perfectamente integrado en este bonito país que decidió obtener la nacionalidad y hacerse austriaco -más que probablemente para que nadie tuviera la tentación de exigirle morir despanzurrado en cualquier cuneta de Jersón-; dado que había vivido aquí toda su vida, pruebas y exámenes debieron de parecerle pan comido así que aprobó todo con suma facilidad pero con lo que no contó fue con un inconveniente menor. En el acto de entrega de las credenciales de la nacionalidad, celebrado en Baja Austria, y ante la bandera “rojiblianca” con el pollo atropellado impreso, se negó “ostentóreamente” a cantar el himno nacional.

Vaya por Dios.

La cosa debió de ser, en efecto, tan “ostentórea” que el Gobierno de Baja Austria, Land en el que reside, le negó el pasaporte austriaco y con él la nacionalidad de Esta Pequeña República.

El hombre ucranio, quizá temiendo tener que morir por su antigua patria, interpuso un recurso contra esta decisión.

Argumentó que quiere ser austriaco, que ha nacido aquí, que está perfectamente integrado en el mundo laboral de la laboralidad, pero que, como es Testigo de Jehová, su religión le impide cantar cualquier himno. No solo el austriaco, sino también el suyo antiguo, el de Ucrania.

Su argumentación recuerda un poco a la famosa secuencia de Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios, en la que Chus Lampreave decía aquello de:

Lo siento, señorito, pero yo soy testiga de Jehová y mi religión me prohíbe mentir.

O sea, que el ucraniano le debió decir al juez:

-Ya quisiera yo no ser testiga, pero oiga, esto es lo que hay.

También dijo que en la letra del Bundeshimno va implícito un orgullo de ser austriaco que implica una quiebra del principio de igualdad de todos los hombres. O sea, que si él cantara o cantase que está superfeliz de ser austriaco, estaría diciendo que la gente que es, por ejemplo, de Guinea Conakri está peor que él. Y que eso Jehová se lo prohíbe -por otra parte, está muy bien que Jehová no vea bien el nacionalismo, que por el nacionalismo ha habido y habrá muchas guerras-.

El juez competente no se ha dejado convencer por esta argumentación y le ha recordado al ucraniano que mal empezamos si, desde el principio, se niega a cumplir una de las obligaciones más perentorias de su nueva patria, la cual es cantar el bundeshimno siempre que esté izada y visible o bien la bundesbandera o bien alguna de las banderas de los nueve Länder confederados que componen la patria austriaca.

Y que si no quiere cantar el himno, porque le parece que cantar el himno es un acto de idolatría pues que es bastante dudoso que sienta en su corazón el amor patrio necesario para ser un buen ciudadano de Esta Pequeña República.

Por no hablar de que una persona con esta posición podría ser, hipotéticamente, y según el juez, un peligro para la seguridad y el orden público de Esta Pequeña República.

Para terminar, me gustaría decir que, en Austria, el proceso de obtención de la nacionalidad es largo y exige exámenes y declaraciones en las que se acaten los valores vigentes en Esta Pequeña República la cual es laica, y en la que hay una clarísima separación entre la religión (las distintas confesiones) y el Estado.

Esto vale, por ejemplo, para las personas que profesan creencias musulmanas radicales, pero también para otras, como la de este hombre ucraniano que es testigo de Jehová.

 


Publicado

en

por

Etiquetas:

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.