Las manos en la cabeza

Ayer, el representante de los judíos austriacos, Oskar Deutsch, acudió al Zeit im Bild. Todavía está la gente con las manos en la cabeza.

 

El antisemitismo

30 de Julio.- Uno de los enigmas más persistentes del mundo es cómo puede haber personas que, teniendo entre las orejas lo justo para sobrevivir, lleguen sin embargo a ocupar altos cargos.

Me viene a la cabeza por ejemplo cierto presidente de Nestlé que, al final del documental “We feed the world”, se cubría de gloria haciendo una serie de afirmaciones que hubieran hecho que se le cayera la cara de vergüenza a otro con más entendederas.

La misma sensación de incredulidad la tiene uno viendo la entrevista que ayer le hizo Armin Wolf a Oskar Deutsch, representante de los judíos austriacos desde 2012, después de haber sucedido al anterior ocupante del cargo, Ariel Muzikant.

Toda la entrevista, desde el primer al último segundo es una demostración de cómo se puede dañar gravemente la reputación de una minoría social llena de gente no solo más lista que Deutsch, sino también muy decente.

UN HOMBRE A UNOS FOLIOS PEGADO

Deutsch, sin duda para tenerlas todas consigo, acudió a la entrevista con el argumentario escrito en unos folios que tenía sobre la mesa y que iba leyendo a cada rato (se ve cómo baja la vista y los papeles se ven también en los planos generales) y, a lo largo de la conversación se le ve progresivamente más y más molesto, sin duda al comprobar que, al contrario de lo que debe de pasarle en la oficina del Israelitische Kultusgemeinde, Armin Wolf no solo no le decía que sí a todo, sino que se atrevía a indicarle (muy amable y muy moderadamente, con un tacto exquisito) que podría estar equivocado.

El primer choque lo tienen cuando Armin Wolf le plantea a su invitado la pregunta que todos llevamos más de dos años haciendo, o sea desde aquel fatídico siete de octubre en el que la organización terrorista Hamas realizó en Israel una masacre indescriptible y de todo punto condenable. Hechos horribles que pusieron a toda la comunidad internacional, con justicia, del lado de Israel.

La pregunta es esta: ¿Por qué criticar la manera en que el Gobierno de Israel lleva la guerra de Gaza es antisemitismo? Y ¿Por qué los judíos austriacos, a través del IKG, no critican jamás al Gobierno de Israel pero sí a quienes critican al Gobierno de Israel?

Aquí Oskar Deutsch tira por primera vez de argumentario y contesta que se puede criticar a Israel (aunque él no lo haga nunca, se entiende), naturalmente, siempre que no se caiga en la demonización, en la deslegitimación y en la doble moral. Las tres D vaya. Naturalmente, se desprende de esto que solo el Gobierno de Israel tiene la capacidad de decidir quién le demoniza, le desligitima o le acusa de doble moral. Armin Wolf le pregunta entonces que por qué la IKG no critica nunca la actuación del ejército israelí en Gaza a lo que Oskar Deutsch contesta: “Porque estamos convencidos de que está bien”.

Dejo aquí una línea de puntos para que el lector aproveche para levantar las cejas.

…………………

Sigo.

Deutsch dice (lo repite varias veces) que la misión del Gobierno de Israel es asegurar la existencia del propio Estado de Israel y pasa a criticar que todo el mundo presiona a Israel pero que nadie hace presión sobre Hamás, la otra parte del conflicto (!). Wolf le deja hablar y luego, para intentar que entre en razón, le pregunta qué formas se imagina él que podría tomar la presión sobre Hamás. Deutsch, ya lanzadísimo, le dice que él no lo sabe, que él no es político y vuelve a tirar de argumentario, diciéndole a Wolf que “todo esto” o sea, los dos últimos años de guerra, se podrían haber evitado si, al día siguiente de la masacre, los pistoleros de Hamás hubieran liberado a los rehenes y se hubieran rendido.

Wolf, entonces, intenta hacerle razonar por otra vía, preguntándole si no podrían ser verdad las dos cosas: o sea, mi teoría de los dos vecinos despreciables. Es decir, que de un lado esté una banda de asesinos criminales como Hamás y del otro un Gobierno de extrema derecha que se está extralimitando a cascoporro rompiendo todas las reglas de la humanidad y del derecho internacional.

EL EXTRAÑO CASO DE UN MINISTRO QUE NO ES PARTE DEL GOBIERNO

Aquí, Oskar Deutsch niega que el Gobierno israelí sea un Gobierno de extrema derecha.

A lo que Wolf le responde que cómo calificaría él a un Gobierno en el que hay un ministro condenado en firme por odio racial y otro que se describe a sí mismo como un “homófobo fascista” y que dice que el pueblo palestino no existe.

Aquí Oskar Deutsch hace amago (solo amago) de ceder un poco, pero luego vuelve a sus posiciones y dice que, si bien hay personas en el Gobierno de Israel a las que se podría calificar de “extrema derecha” esta no es “la línea oficial del Gobierno”. Armin Wolf le dice que el Ministro de Finanzas no es cualquier cosa y Oskar Deutsch manifiesta, de forma algo sorprendente, que el Ministro de Finanzas se ocupa solo de eso, de las finanzas, que no es el Gobierno.

Oskar Deutsch no ahorra tampoco en críticas a los Gobiernos de Viena y de Berlín, abrumadoramente favorables al Gobierno de Israel hasta hoy y vuelve a repetir que la misión del Gobierno de Israel es velar por la seguridad de Israel, y alude a los miles de cohetes que amenazan la integridad de los israelíes.

Armin Wolf le pregunta entonces que si después la muerte de 60.000 personas (un tercio civiles, según los estudios más conservadores) y reducir a la hambruna de varios cientos de miles, y haber desplazado a dos millones de personas, los israelíes están más seguros que antes.

Aquí Deutsch hace la que, sin duda, es la afirmación más abracadabrante de la entrevista y es la de afirmar -perfectamente en línea con el Gobierno de Tel Aviv- que en Gaza no hay hambre y que todas esas cifras que Wolf ha nombrado no pueden ser verdad. Wolf le cita las fuentes: la ONU, la Cruz Roja, Cáritas.

Deutsch no se deja impresionar y, como en los mejores tiempos del franquismo, dice que todas estas organizaciones le tienen manía a Israel y que critican a su Gobierno desde hace décadas (para decir esto, levanta considerablemente la voz). Las califica además de “organizaciones no representativas”.

Wolf le dice que es el propio Gobierno de Israel el que no deja pasar los camiones de ayuda humanitaria, y Deutsch dice que es Hamás quien quiere matar de hambre a la población de Gaza.

Wolf le recuerda que es el ejército de Israel el que lleva meses bloqueando la ayuda humanitaria y menciona que durante los repartos de comida ha habido disparos a personas. Molestísimo, Deutsch dice que “sí, los de Hamás, no los israelíes”. Wolf pregunta que cómo lo sabe Deutsch, y el otro, en voz bastante alta, le pregunta que cómo sabe él que habían sido soldados israelíes.

(Durante toda la entrevista, Deutsch, confrontado con ciertas verdades incómodas, como cifras de muertos, ha estado diciendo que “wir wissen nicht” o sea, que no se puede saber)

Por no hacer el cuento más largo, al final Deutsch dice que la solución de los dos estados es “difícil cuando no imposible”.

Visiblemente tenso, se despide de Armin Wolf.


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