Anchorage, provincia de Alaska

Imagen falsa creada con IA

Mañana se reúnen en Anchorage, provincia de Alaska, Trump y Putin. Su encuentro recuerda mucho a otro.

 

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14 de Agosto.- Mañana 15 de agosto, en Anchorage, provincia de Alaska, Donald Trump y Vladímir Putin, conocido en este blog como el putín de Putin. Los dos hombres, pitopáusicos, olorosos a viejo y a Barón Dandy, van buscando la foto histórica y se supone que van a dirimir el destino de Ucrania. Sin Ucrania ni sin la Unión Europea.

La reunión suscita ecos de la guerra fría. No en vano tanto Trump como Putin son hombres del siglo XX. Probablemente ellos no lo saben, pero ya son parte del pasado. Porque el siglo XXI ya es, por lo menos económicamente, de China. Poco a poco, cuando nos vayamos extinguiendo los que vivimos la existencia del telón de acero, se irá haciendo patente la progresiva irrelevancia geopolítica de las potencias del siglo en el que fuimos jóvenes.

Cuando Trump tenía 15 años y Putin estaba a punto de cumplir los nueve, se reunieron dos hombres que les precedieron en los cargos que hoy ocupan. El mundo era muy distinto al que es hoy pero, como sucede hoy, el equilibrio entre las dos potencias nucleares era muy inestable. La reunión fue en Viena y los que se vieron las caras fueron Nikita Kruchov y John F Kennedy.

Fue en junio de 1961 y se eligió Austria y, más concretamente, la ciudad de Viena, porque Esta Pequeña República era entonces tan neutral como lo es hoy y era el país que caía más cerca del telón de acero. Kennedy acababa de acceder al cargo el 20 de enero de aquel año y Kruchov llevaba desde 1958 siendo el jefe del Polit Buró de la Unión Soviética, después de los avatares que sucedieron a la decisión de Stalin de morirse y, con ello, hacer del mundo un lugar mejor.

Comparar a Kruchov y a Kennedy con un huevo y una castaña quizá sea solamente dar una pálida idea de lo diferentes que eran. El americano, era un refinado producto de la jet set (su padre había estado liado con Gloria Swanson, la estrella del cine mudo) y Kruchov era el vástago de una familia de granjeros que se había mudado a Ucrania, precisamente a la región que hoy es el punto de fricción entre Ucrania y la Federación Rusa.

Mientras los Kennedy llegaron a Viena en el Air Force 1 procedentes de París, los Kruchov vinieron desde Moscú en tren, con paradas intermedias en Kiev y en Bratislava.

Los Kennedy, que eran oficialmente católicos, fueron a misa a la catedral de San Esteban, mientras que los Kruchov participaban en un homenaje a los caídos del ejército rojo en la defensa de Viena.

Los dos madatarios, rodeados por sus respectivos séquitos se encontraron por primera vez y hablaron sobre todo (ninguna sorpresa) de sus respectivas áreas de influencia y de una isla del Caribe que, algo más de un aöo después, estuvo a punto de encender la mecha de una tercera guerra mundial tras la cual no hubiera habido una cuarta: Cuba.

Los Estados Unidos habían intentado, muy pocos meses antes del encuentro de Viena, con la invasión de la Bahía de Cochinos, reventar la revolución cubana y devolver a la isla al capitalismo. Los soviéticos habían ayudado a los revolucionarios (seguirían haciéndolo hasta que, en 1989 la URSS se fue a hacer puñetas). En Agosto de 1961, muy poco tiempo después de que sus participantes consideraran que las conversaciones de Viena habían sido “útiles” se erigió el muro de Berlín, una de las mayores vergüenzas de la historia del continente europeo.

A pesar de que Kennedy y su santa eran más fotogénicos -la procesión iba por dentro, como aprendimos todos mucho después- los rusos fueron más cumplidos. Cuando el Air Force One ya había dejado el espacio aéreo austriaco, los rusos invitaron a los anfitriones -al Gobierno austriaco- a una cena de despedida en el Hotel Imperial.


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