No somos nadie

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El periodista Niki Glatauer ha publicado la que será su última entrevista. Él lo sabe bien.

 

3 de Septiembre.- Para situaciones de crisis, por ejemplo, si te asaltan pensamientos suicidas, debes saber que no estás solo e indefenso. En Austria existen recursos que te pueden ayudar a salir del bache. Por ejemplo:

Telefonseelsorge (0–24 horas, gratis): 142

Männernotruf, para hombres (0–24 horas, gratis): 0800 246 247

Frauenhelpline , para mujeres (0–24 horas, gratis) 0800 222 555

Rat auf Draht (0–24 horas, para niños y jóvenes):147

Kindernotruf (0–24 horas, gratis): 0800 567 567

Kriseninterventionszentrum (Lunes a vieernes, 10–17 horas): 01 / 406 95 95,

Entre la vesícula y el hígado hay unos conductos por los que pasa la bilis. En general, se trata de una parte humilde de nuestro cuerpo, que no tiene el prestigio o el renombre del que gozan otras vísceras nuestras, como por ejemplo los riñones o el rey de los órganos, el cerebro. Sin embargo, estos conductos, de los cuales no somos conscientes normalmente, pueden estropearse e, incluso, provocar nuestro fallecimiento.

Por ejemplo, a causa de un cáncer.

Este es el caso de un periodista austriaco relativamente conocido, Niki Glatauer.

El señor Glatauer compagina su labor como redactor en el periódico gratuito Heute con su carrera literaria y, hasta hace poco, con su trabajo como enseñante.

De las dos primeras cosas, le queda ya poco. Por decisión propia.

Hoy ha concedido una entrevista al medio en el que trabaja en la que ha anunciado que tiene una enfermeda incurable -un cáncer en los conductos que mencionaba más arriba- y que, dado que su mal es incurable y los médicos le vaticinan una supervivencia corta y llena de padecimientos, ha decidido morir voluntariamente, aprovechando que la ley austriaca contempla el suicidio asistido siempre que se den ciertos requisitos.

En la extensa entrevista que se publica precisamente hoy, día mundial de la prevención del suicidio, Glatauer describe un panorama bastante pesimista de Austria, de su oficio y de los medios austriacos y de otros temas.

Es natural, porque, pobre hombre, tampoco es esperable morirse estando como unas castañuelas.

 

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Las razones de Glatauer para explicarse en público son, básicamente, su deseo de informar a sus compatriotas de que ya no hace falta viajar a Suiza para dejar este mundo con la dignidad garantizada. La ley austriaca, como queda dicho, tasa las condiciones en las que se puede optar a la eutanasia en esta pequeña república.

Después de explicar esto, Glatauer dice no tenerle rencor al “bicho” y ver el cáncer como una parte integrante de su ser (no la más grata, sin embargo). Luego describe el pronóstico médico para su enfermedad que consiste en una supervivencia de unos dos o tres años en situación de dependencia, y eso en el mejor de los casos, de manera que dice que “no quiere vivir así”.

Glatauer dice que él no quiere “vivir a cualquier precio” máxime cuando “no hay recursos” para asistencia.

Compara su situación un poco con la de las pensiones que, a corto plazo, funcionan, pero que, según Glatauer, en algún momento, harán crac y dejarán a millones de personas con una mano detrás y otra delante.

Como trabaja en el medio en el que trabaja, o sea, un periódico de los que, antiguamente, se llamaban “boulevardier” y ahora se llaman prensa amarilla o, más descriptivamente, prensa basura, Glatauer describe con pesimismo el panorama mediático actual y se duele de que los medios sensacionalistas como auque en el que él escribe y que publica su última entrevista, tengan tanta influencia en los tiempos que corren.

Glatauer también habla de la “islamización” de Austria y del uso que algunos políticos hacen de ciertos hechos para dividir y hostigar a determinadas minorías, aunque al mismo tiempo le parece que habría que “austrianizar” a las familias desde el mismo momento en el que ponen a sus niños en el parvulario.

(Glatauer ya no vivirá para verlo, pero seguramente lo que sucede es que Austria va a ser mucho más diversa que cuando él era un adolescente y eso no tiene por qué estar mal).

El periodista también dice que lo fue muy a pesar suyo, porque con diecinueve años no se atrevió a decir en su casa que quería ser escritor (bienvenido al club).

Dice que fue periodista, más o menos, porque era lo que le caía más cerca, pero que no es bueno en ese oficio porque no es lo suficientemente curioso (la virtud fundamental de un periodista son las ganas de saber cosas que nadie más sabe).

Por último, dice que las escuelas austriacas -seguramente quiere decir las vienesas- están en un estado lamentable de saturación, que impide trabajar incluso a los buenos maestros, porque hay demasiados niños que no hablan alemán y que “algo se nos tiene que ocurrir”. Será a otros a quienes se les ocurra. Dentro de poco, ni el porvenir de las escuelas ni otros asuntos tendrán importancia para Glatauer, cuya vida está, según él mismo ha dicho “amortizada”.


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