El fuego sagrado

Interpretación de Nano Banana de un caballero homosexual mayor (imagen falsa creada con IA)

Según el Gobierno de Estiria, el colectivo LGTBIQ+ no es parte de la tradición popular. Aquí demostramos lo contrario.

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4 de Septiembre.- En todos los pueblos de España (y probablemente en todos los pueblos de Austria) hay lo que suele llamarse un “mariquita capillitas”. O sea, es ese hombre, con muchísima pluma, que es el que se encarga de vestir a la virgen de la ermita. O al santo que se tercie, se entiende.

Lo mismo que los gays de todo el mundo son los que primero se aprenden las coreografías de Lady Gaga (o de la santa que se tercie) los mariquitas capillitas son los que rezan más y mejor el rosario cuando se muere la señora Vicenta, la de la calle de la Misericordia; y son los guardianes de ese fuego ritual que consiste en saber qué es lo que es conveniente hacer en cada momento cuando los familiares de un difunto no tienen, como es lógico, el cuerpo para muchas chirigotas.

En los malos tiempos, con Hitler aquí y con Franco allí, el ser mariquita capillita era lo que les quedaba a esos hombres de los que todo el mundo sabía que no se iban a casar nunca. Las cosas de la iglesia y de la tradición eran el refugio que les quedaba y su manera de encontrar un lugar en la lógica de las cosas. Por supuesto, nadie decía explícitamente lo que todo el mundo sabía; y es que, ya lo decía Juan Gabriel, que lo que es evidente no se comenta; pero todo el mundo sabía que el mariquita capillita era un puntal de la tradición, y que, de hecho, sin mariquitas la tradición hubiera muerto en un par de años de asco o de olvido.

En Estiria, land confederado gobernado por la extrema derecha, se celebra todos los años un festival que podría llamarse “Estria, qué bella eres” pero que no se llama así. Se trata (oficialmente) de poner en valor y ensalzar las tradiciones de esta bonita parte de Austria. Que si sus trajes típicos, que si sus saberes ancestrales, que si ese herrero que solo hace herraduras cuando tiene público, y cosas así.

En una constelación típica de los tiempos que corren, el land de Estiria delega la organización del festival en una agencia, a la que dota de presupuesto para que busque a hombres de pantorrillas vistosas y cara de anunciar la Central Lechera Asturiana, y a chicas convenientemente pechugonas de mejillas arreboladas a fuerza de darle heno a las vacas.

 

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En realidad, todo el mundo sabe que el festival en cuestión es, como todos los de su estilo, una excusa para disfrazarse de campesino -si no, de qué- y ponerse de licores espirituosos como dicen las malas lenguas que se ponían las Grecas. Todo en el marco de unas chozas pobladas con simpática gente soplando instrumentos de viento y haciendo ejercicios de bíceps con jarra de cerveza de medio litro.

Como esto era consabido, la agencia había invitado a un colectivo LGTBIQ+ para que montara su propia excusa para el consumo de licores a escala industrial. La fiesta iba ser entre el 12 y el 14 de septiembre. Todo estaba preparado. Sin embargo, el Gobierno de Estiria, que es de extrema derecha (repito), dice que, al contrario de lo que es constatable en cualquier pueblo, el colectivo LGTBIQ+ no es parte de la tradición y que, por lo tanto, no se le ha perdido nada en una fiesta tan acrisoladamente heteruza como se pretende que sea este festival.

Con todo el dolor de su corazón, y ante la amenaza de perder el dinero que el Land dedica a la organización de esta gran borrachera colectiva (se esperan 175.000 visitantes), la agencia que organiza el festival le ha notificado al colectivo homosexual que iba a personarse en el festival que no pueden contar con ellos. El colectivo Rosa Lila lleva presente en Estiria desde 1991. O sea, desde hace cerca de cuarenta años. Hay tradiciones que son más modernas, como atestiguan las modas cíclicas en los trajes de campesina que se utilizan en estos saraos.

Cuando fallezca alguna tía soltera del Gobernador facha de Estiria, probablemente será algún mariquita (el mariquita de su pueblo) el que se encargue de amortajar a la pobre señora y de indicarle a todo el mundo lo que debe hacer para que todo se haga como se ha hecho toda la vida. El mariquita de Valdeajosporren lo hará, porque los mariquitas, al contrario que los fachas, no son rencorosos.

Si eso no es tradición, que venga Dios y lo vea.


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