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Toma pan y monja

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Tres hermanas de Salzburgo en guerra contra su diócesis se convierten en las primeras monjas okupas de la historia de Austria.

 

11 de Septiembre.- Ayer hablábamos de gente con pañuelo en la cabeza y hoy, mira tú por dónde, también lo vamos a hacer.

Eranse una vez tres señoras de edad avanzada (88, 86 y 81 años), amigas y residentes en Salzburgo. Hasta aquí nada de particular. El asunto es que las tres son monjas. Hasta hace dos años, su residencia habitual era un convento, llamado Goldenstein. Según su propio relato de los hechos, hace dos años, y en contra de su voluntad, tuvieron que mudarse a una residencia de ancianos. Sin embargo, allí no eran felices, de manera que, por su cuenta y riesgo, la semana pasada abandonaron la residencia y, para fastidio de sus superiores, se volvieron a mudar a su convento de toda la vida, convirtiéndose así en el segundo grupo de monjas okupas después del de las llamadas clarisas de Belorado, en España.

Ni el convento ni el colegio que tenía adosado y en el que las tres monjas enseöaban hasta su jubilación pertenecen ya a la orden religiosa a quienes las tres religiosas deben obediencia. El convento lo llevan los canónigos de Reichersberg am Inn, y la escuela pertenece ahora a la archidiócesis de Salzburgo. Como a Dios hay que darle, lo mismo que al César, lo que le pertenece, en el momento de la transmisión se firmó el correspondiente contrato.

En este documento, los canónigos de Reichersberg se compromete a “asegurar la vejez” de las religiosas mientras no entregen su alma al Señor. No se especifica el lugar en el que este “aseguramiento” deba tener lugar aunque las intrépidas monjas lo tienen claro: ellas quieren permanecer en la que ha sido su casa de muchos años mientras que la cabeza y la salud no les fallen.

Naturalmente, los superiores de la orden de los canónigos piensan que las señoras, por mucha ayuda del Espíritu Santo con la que cuenten, ya no están para estar solas y que sobrestiman sus capacidades. Ya en 2023 tuvieron que ser ingresadas en el hospital, aunque luego se recuperaron. Fue en este momento en donde se decidió que deberían mudarse a una residencia de ancianos acondicionada para que las personas mayores no tengan percances. En este sentdo, los nuevos administradores del convento han declarado a la agencia APA que “una vida autónoma (de las monjas) en el convento Goldstein se había hecho imposible, debido a precario estado de salud de las hermanas (…) y al estado del convento” y que dejarlas allí conllevaría más tarde o más temprano una emergencia médica.

Las monjas okupas están asistidas sin embargo por varias ex alumnas del colegio, entre ellas una médica de familia, que se encarga de los asuntos médicos (una de las tres hermanas es diabética y la otra necesita oxígeno); otra señora viene a ayudarlas con la higiene y otra con la cocina.

Lo que sí que tienen claro las hermanas (y, en cierto modo, no se les puede reprochar) es que no quieren volver a la residencia, que ven como un moridero. Una de las monjas rebeldes, Sor Bernardette, ha dicho que, antes de volver a la residencia se tirará en un prado a dejarse morir. Sus superiores piensan que volver a llevarlas a una residencia de ancianos es un asunto más o menos inevitable pero las señoras que asisten a las monjas voluntariamente dicen que las religiosas están felicísimas desde que han vuelto a su antigua casa.

Sin duda habrá observado el lector que este mismo tira y afloja se repite en infinidad de familias cuando las personas mayores llegan a una cierta edad en la que empiezan a tener dificultades para valerse.

A ver en qué acaba esta historia.

 


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