
Un delincuente trató de cambiarse de sexo para poder ir a una cárcel de mujeres y disfrutar de otras ventajas. El tiro le ha salido por la culata.
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6 de Noviembre.- Una de las bestias negras de la extrema derecha mundial son las personas transexuales. Es muy comprensible que sea así. Las ideologías ultraconservadoras se basan no solo en una enorme represión sexual, necesaria para controlar el comportamiento del individuo de manera totalitaria, sino también en un reparto estrictísimo de los roles de género.
Se actúa como si lo masculino y lo femenino fueran categorías inscritas en la naturaleza de los individuos, cuando basta echar un vistazo a la historia con una mirada desapasionada para darse cuenta de que lo que hemos considerado típico de los hombres o típico de las mujeres ha sido y es un constructo que varía de una sociedad a otra.
Las personas transexuales desafían esta noción y solamente la evidencia de su innegable existencia demuestra lo aberrante que es un mundo de categorías sexuales y de género cerradas.
Una de las maneras que la extrema derecha tiene de demonizar a las personas transexuales es acusarlas de que están mal de la cabeza (sucedió y sucede aún con los gays y con las lesbianas). En los circuitos informativos de la extrema derecha se airean crímenes (reales e inventados) cuyos protagonistas son transexuales, al objeto de reforzar ese estereotipo del “hombre disfrazado de mujer”, a lo Psicosis. La otra manera de demonizar a las personas trans es intentar convencer a la gente de que esto es una especie de moda cuando no una arbitrariedad sin fundamento científico y que la gente que cambia de sexo lo hace por libertinaje.
Se trata de devaluar el deseo de cambiar de género, de manera que sea visto como una frivolidad o algo “antinatural”.
Un “empresario” de la prostitución con contactos en la escena neonazi, Walter P., condenado por un delito decidió “cambiarse de sexo” para cumplir su condena en una cárcel de mujeres (y jubilarse a los sesenta).
A él le parecía que el asunto era pan comido. Como es un pobre hombre, él se creía que lo de cambiarse de sexo era un pitorreo y se las prometía muy felices. Al fin y al cabo, debía de pensar -en el caso de que piense-, ¿Qué más da llamarse Waltraud que Walter? Además, pensaba él que, con decir que se sentía mujer ya valía. Al fin y al cabo vivimos en una dictadura woke, ¿No?
Como muy avispado no debe de ser, le concedió una entrevista al Kronen Zeitung en la que dejaba meridiano que él había iniciado las gestiones para cambiarse de sexo para obtener beneficios como jubilarse antes (a los sesenta) y ser enviado a una cárcel de mujeres (en donde no tuviera que tener miedo de si se le caía el jabón en las duchas).
Cuál habrá sido su sorpresa cuando haya recibido la carta denegándole el cambio de sexo en el registro. En la argumentación, se detallan además (uno diría que hasta con cierto choteo) que en el caso de Walter P. falta toda evidencia de una transición hacia el género deseado así como cualquier peritaje médico o psicológico relacionado con la transexualidad.
Para obtener el cambio de sexo en Austria es necesario acreditar que la persona solicitante vive de manera estable en “el sexo sentido”, o sea que si era hombre y quiere ser mujer hace falta que todo el mundo perciba que vive así en su vida diaria. Se valora tanto el comportamiento como la apariencia exterior en la vida diaria. No hace falta una operación de reasignación de sexo, que quede claro. Pero sí que es necesario un informe que acredite lo anterior. En el caso de Walter P., como es evidente, ni lo ha habido ni probablemente vaya a haberlo nunca.
En cuanto a la pensión, desde enero el alto tribunal austriaco ha sentado jurisprudencia, diciendo que, aunque un hombre cambie su sexo, no se convierte automáticamente en mujer a efectos de su pensión y para poder jubilarse como las mujeres y empezar a obtener las ventajas que las mujeres tienen en este aspecto tiene que acreditar que ha comenzado un tratamiento hormonal y que se ha sometido a cirugía.
En fin, Walter, que esta vez el fraude no te ha salido bien.
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