
Las conversaciones que vinculan a Epsten con el presidente de Estados Unidos Donald Trump han tenido una imprevista derivada austriaca.
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15 de Noviembre.- Desde que Sebastian Kurz tuvo que dimitir „para defenderse“ de acusaciones de corrupción muy graves que salpicaron a gente clave en su entorno (una de ellas, la ex ministra Karmasin, está en la cárcel actualmente) el que fuera canciller de la República austriaca no cesa de intentar reconstruir su reputación perdida y, eventualmente, volver a la escena pública para volver a salvar al conservadurismo austriaco.
Naturalmente, él niega todas estas cosas, pero si se mira su biografía reciente es posible unir una serie de puntos con los que se puede trazar una imagen que resulta bastante plausible.
Quizá recuerden los lectores que, hace unos años, Sebastian Kurz protagonizó un primer intento (tragicómico) de autobombo. Produjo un pseudodocumental que, en realidad, era un panegírico a su mayor gloria, lo estrenó a bombo y platillo y ante el (perfectamente comprensible) desinterés del público, compró sesiones enteras de entradas de cine para aparentar que la película había sido (al menos en Viena) un taquillazo.
Después de esto, mantuvo un perfil bajo y se sumió en sus negocios, que consistían (consisten) en una empresa de seguridad que se llama Dreams y que, por lo visto, le da muchísimo dinero. Para una persona que solo llegó a cursar el bachillerato no está nada mal ¿Verdad? Entre tanto, de vez en cuando la prensa afecta (por llamarla prensa) publica reportajes familiares pactados del tipo “Kurz más cariñoso que nunca con su hijo pequeño”. Nada que declarar.
Esta semana sin embargo, ha habido una cierta marejadilla en este panorama sosegadamente forzado.
El periódico Der Standard, de línea editorial progresista, publicó uno de los famosos chats de Epstein (esos que salpican a Donald Trump) en el que aparece el nombre de Kurz. Por error (comprensible, porque son miles de páginas las que revisar en un tiempo muy limitado) se decía en la primera redacción de la noticia que Sebastian Kurz salía en las famosas conversaciones. Muy poco tiempo después, el Standard reconoció su error y rectificó de manera totalmente transparente, publicando íntegro el chat en el que el nombre de Sebastian Kurz aparece.
El pedófilo Epstein le decía al entonces todopoderoso Steve Bannon, mano derecha de Trump y una de las cabezas pensantes de la ultraderecha estadounidense, que Sebastian Kurz “quería conocerle”.
Epstein le decía a Bannon que Kurz había estado muy ocupado con la Unión Europea pero que ahora, más libre, estaba preparado para conocerle.
Bannon decía que “fantástico” (great) y Epstein le contestaba con una frase enigmática, pero cargada de veneno “Epstein Bannon Kurz. Demasiado cerca de Brohnstein, de Goebbels”.
A lo que Bannon responde dándole la razón.
Epstein está muerto y Bannon ya no tiene el poder que tenía cuando estaba al frente de Breitbart, pero esta conversación, tan breve, plantea muchas preguntas y todas ellas, como es lógico, sumamente inquietantes para Kurz y para su equipo de relaciones públicas que quiere presentarle como un padre joven y un empresario de éxito. En primer lugar ¿Cómo supo Epstein que Kurz quería conocer a Bannon? Después ¿Cómo se estableció ese vínculo? ¿Qué características tuvo? ¿Cuánto duró?
Los medios sensacionalistas, mayoritariamente de línea ultraderechista, han arropado a Kurz y han tratado de desacreditar al Standard. El mismo Kurz ha anunciado acciones legales contra este último periódico (el cual, se esté de acuerdo o no con su línea editorial, esuno de los más serios de Austria) y ha hecho publicar un artículo en el que hablaba despectivamente de la noticia y la atribuía a un intento de crear un “circo mediático”. O sea, un clásico.
El asunto tiene una derivada y es que el Standard y la ORF son socios en una iniciativa para aumentar la competencia digital entre los escolares. Es muy sintomático que los mayores difusores de noticias falsas o noticias inventadas o, directamente, redactadas con Chat GPT, sean quienes más desean desacreditar al Standard. En el periódico de Fellner, en donde, muchos días, lo único que es verdad es la cabecera y el precio, se tiene el cuajo de llamar al Standard “el autodenominado medio de calidad”.
Las preguntas abiertas, sin embargo, permanecen sin responder.
Epstein ya no puede contestarlas, Sebastian Kurz no quiere. A lo mejor la respuesta aparece algún día.
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