Gente que no quiere saber qué pasa

Desde la pandemia, un nuevo fenómeno se ha extendido, el de la gente que evita conscientemente las noticias.

PUEDES ESCUCHAR ESTE ARTÍCULO

 

24 de Noviembre.- Para las personas de mi generación, que crecimos en los tiempos gloriosos de la televisión lineal, el momento de ver las noticias sigue siendo una costumbre diaria. En algunos casos, una especie de deber cívico. En mi casa, de hecho, la tele principal, la grande, la que no está en la cocina, tiene internet -bueno, la otra también- y cuando llega la hora del Zeit im Bild, se esté haciendo lo que se esté haciendo -yo qué sé, videos de gatos, tutoriales de YouTube- se deja y se pone el telediario para saber lo que está pasando por el mundo.

Aclaro que en mi casa somos de la tele pública porque hasta ahora no hay una oferta informativa tan buena en las privadas. Servus TV es el Völkischer Beobachter (el periódico que tenían los partidarios del tito Adolfo) y en ATV o Puls 4 se dejan llevar demasiadas veces por eso que se llama “infotainment” que, como un virus, ha corroído ya todas las teles españolas.

Sin embargo, si uno baja por la escalera de la edad, empieza a notar que los jóvenes de menos de cuarenta cada vez consumen menos noticias. O sea, noticias como Dios manda. En el peor de los casos, se conforman con cualquier mierda que encuentren por internet (suele ser propaganda) o, no menos dramático, evitan como la peste cualquier contenido informativo.

El Wiener Forum Journalismos und Medien (Foro vienés para el periodismo y medios) ha hecho un estudio referente a esta última clase de personas y se ha concentrado en eso que se llama, en inglés, “News avoidance” (o sea, “evitación de las noticias).

Sus conclusiones son bastante interesantes (a mí, en tanto de distribuidor de noticias, me afecta también) y sin duda este no querer saber lo que pasa más allá del trasero de Kim Kardashian resulta vital para entender la degeneración de la democracia. Ya que solo se puede votar con conocimiento si uno está informado de las cosas que suceden de una manera fidedigna.

Una de los hallazgos más llamativos es que todas las personas que evitan informarse y prefieren vivir en el mundo como los baúles no actúan siguiendo las mismas motivaciones Los autores del estudio los han dividido en ocho grandes grupos, entre los que destacan tres que se explican solos: en primer lugar, los llamados “sensibles” o sea, esa gente para la que la narración de la actualidad resulta sumamente agresiva y les causa dolor psicológico. Por otro lado, los “desconfiados” (hola, negacionistas) que son aquellos que no se creen lo que les cuentan. Por último, los “carentes de interés” o sea, esa gente que no piensa que enterarse de lo que pasa sea importante.

De mi observación personal, yo extraigo también algunas conclusiones. La gente de mi entorno que dice (y se enorgullece de ello, además) que no consume noticias lo hace primero, porque no se siente representada. Segundo, porque, por falta de competencia o cultura general, no entiende las noticias y tercero porque, debido a la influencia de las redes sociales, las personas están cada vez menos acostumbradas a ver y escuchar cosas que no les produzcan placer o, peor, que les requieran un esfuerzo de comprensión aunque sea mínimo (¿Quién quiere hacerse cargo del racismo del FPÖ si puede estar tan ricamente viendo vídeos de gaticos?).

Como uno comprueba todos los días, esto nos plantea a los que escribimos retos ante los cuales es fácil dejarse llevar por el pesimismo.

Consuela saber, sin embargo, que tú has llegado al final de este texto. Muchísimas gracias.


Publicado

en

por

Etiquetas:

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.