
En Viena hay una exposición y una asociación no está contenta. Vaya por Dios (y nunca mejor dicho)
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28 de Noviembre.- Para los artistas (visuales, sobre todo) las imágenes religiosas tienen una ventaja fundamental: son referencias compartidas por una gran mayoría de la gente y, por lo tanto, establecen un punto de partida. Se puede disentir de esas representaciones y, por lo tanto, se puede utilizar esa iconografía para crear otras cosas. O se puede perpetuar una determinada tradición iconográfica para mostrarse de acuerdo con la tradición.
Nuestra mirada está llena de iconos religiosos, aunque a veces no los veamos así, porque los artistas visuales han visto crecer eso que suele llamarse “gusto” rodeados de imágenes religiosas. Por poner un ejemplo de imágenes definitivamente religiosas pero que no son leídas como tales, están por ejemplo los retratos de Andy Warhol. Warhol venía de una familia extremadamente (neuróticamente, a lo mejor, también) religiosa. Cada domingo, iban a la iglesia y el jovencito Andy (que era, además, más raro que un perro verde, con lo cual ya iba predispuesto) se emocionaba viendo representaciones frontales de la virgen María, de Jesús y de los Santos, de manera que, cuando le llegó el momento, lo único que hizo fue “traducir” esa misma sensibilidad a su trabajo, de manera que se pueden leer los archifamosos retratos de Warhol como paráfrasis de aquellas imágenes religiosas.
También se puede utilizar la imaginería religiosa en bruto. Por ejemplo, hay una escena de una película de Buñuel en la que sale el clásico icono de Jesús atado a la columna riéndose a carcajadas o, aún más conocida, la escenificación de la última cena que hacen los mendigos de Viridiana. La película, por cierto, pasó la férrea censura religiosa de la época en la España de Franco, pero cuando ganó el premio de Cannes se armó la marimorena.
Una oscura asociación austriaca para la protección de la tradición, la familia y la propiedad privada ha iniciado una petición online para que se cierre la exposición “Du sollst dir ein Bild machen” (“Tendrías que formarte una imagen”). En ella se exponen obras que utilizan la iconografía religiosa, católica, en particular, para poner en cuestión determinados valores que transmite la religión establecida.
Por ejemplo, en una obra que se llama “I am the mother too” en la que se ve a un hombre vestido con los colores (y las ropas) tradicionales de la virgen María (velo azul “purísima” y túnica blanca) sosteniendo a un bebé.
O una fotografía de una mujer que sostiene el cuerpo de su padre calcando la iconografía clásica de las piedades, por ejemplo la de Miguel Ángel.
Para los miembros de la asociación estas representaciones constituyen una burla a la religión que “practican y valoran” (sic) la mayoría de los europeos, una burla de la fe cristiana, etcétera etcétera y, sobre todo, una concesión a la agenda del famoso lobby LGTBIQ+ (qué fatiga, gensanta). De momento, la petición en línea está muy lejos de haber suscitado la respuesta arrolladora que sus impulsores seguramente esperaban. Alrededor de unas mil personas se han sentido ofendidas por las obras expuestas.
Antes de terminar, quisiera adelantarme a las objeciones de algunos de mis pacientes lectores. Alguno, alguna habrá, que dirá que los artistas son muy valientes con los católicos, pero que nadie tiene narices de hacer lo mismo con, por ejemplo, imágenes de otras confesiones (todos sabemos cuáles). La respuesta es muy simple y viene de los primeros párrafos de esta crónica: precisamente por estar tan extendida la religión católica, son estas representaciones imágenes de dominio público.

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