Desventuras de un tronista

Imagen falsa creada con IA

Un prenda ha sido declarado inocente de haber atentado contra la libertad sexual de una chica. Si Cristina Almeida lee este artículo, quema el tribunal.

3 de Diciembre.- Hay expresiones que, inmediatamente, funcionan como el carbono 14 y vinculan a las personas con una determinada época. Si yo digo „Efestivigüonder“ (que lo digo, para desgracia mía) o „digamelón“ cuando contesto al teléfono, cualquier español podrá saber que crecí en la década de los ochenta. A principios de este siglo, se generalizó el uso del término “tronista” que venía de un popular show de la televisión, “Hombres, mujeres y viceversa” que era, más o menos, la traducción a la pequeña pantalla de esos debates hormonales y pajilleros que se dan en todos los patios de recreo de los institutos de bachillerato.

Un tronista era la versión masculina del estereotipo de la rubia putorcio que el patriarcado inventó para justificar según qué cosas. Mucho músculo, lectura silabeante y una capacidad casi inexistente para interpretar la conducta del sexo opuesto.

El tronista, contemporáneo del “metrosexual” (David Beckham, que tiene mi edad, era uno) fue un hallazgo para definir un determinado tipo de hombre que campa por esos mundos.

Un medio austriaco informa hoy de un juicio que ha declarado inocente de acoso sexual al equivalente austriaco de uno de estos tronistas. Sirva como indicio más fiable que el tipo, de 35 años, ex deportista profesional, carne de diferentes shows de esos en los que la gente juega a las parejitas enseñando más o menos cacha, reaccionó a la acusación de acoso diciendo sobre poco más o menos que él no necesitaba acosar a nadie, porque se bastaba solito para encontrar rollos.

La acusación que pesaba sobre el tronista era la siguiente: según la fiscalía, el día 22 de Junio del año 2022, el indivíduo había agarrado por el cuello a una joven estudiante, le había sobado los pechos por debajo de la blusa y le había puesto la mano (a la chica) sobre su pene, el cual presentaba evidentes signos de estar preparado para la acción.

Leidos los cargos, el tronista los negaba de manera vehemente, diciendo que, cuando él procedió a la metida de mano la muchacha no se defendió, ni gritó, ni lloró, ni efectuó ningún movimiento que le permitiese interpretar que la chica no estaba de acuerdo. Hay que aclarar que el muchacho es un maromo que mide casi dos metros y repetir que, en esos momentos, tenía a la chica agarrada por el cuello.

Poco antes, para asegurarse la aquiescencia de la chica, le había preguntado si alguno de los chicos que la acompañaban era su novio. La muchacha le había explicado quiénes eran los chicos que le acompañaban y el tronista, por supuesto, había sacado la conclusión de que no estaba vulnerando los derechos de posesión de ningún congénere, así que había “procedido”.

Según su versión de los hechos, había procedido a una serie de tocamientos que “la mayoría de las mujeres encuentran eróticos”. La cosa habría durado cosa de media hora. Transcurrido ese tiempo, el tronista le había dicho a la muchacha que si quería continuar en algún sitio más discreto (en una posición más cercana a la horizontal), ella había rechazado tan apetitosa oferta (según el cronista, incomprensiblemente), se habían intercambiado los teléfonos y él había tomado la del humo.

Tres meses más tarde, la chica le había mandado un mensaje en el que le recriminaba su proceder de la noche de autos, al no haber interpretado correctamente su negativa. Él, leyó el mensaje invadido por la perplejidad más honda.

La denuncia no había llegado hasta noviembre del año pasado. La muchacha había querido “proteger a otras mujeres” del presunto pulpo. El abogado de la chica le explicó al tribunal que el acusado había sido denunciado por otras dos mujeres, a lo cual, el prenda repuso que si se había liado con quinientas mujeres, el que tres le habieran denunciado no era “mala media”.

Nuestro campeón del feminismo confiesa que a él le gusta “mimar a las mujeres” y en cuanto a su modus operandi, con mucho desparpajo ha aclarado que él no era partidario del “solo sí es sí” porque a las mujeres, según él, no les gusta que les pregunten si las quieren besar o no. Quieren que el hombre las bese sin más preámbulos.

Interrogados los testigos del hecho, han declarado que tenían a las chica por bastante promíscua, siendo rara la ocasión de que no entablase relaciones con hombres en locales. Que la habían visto llorar en la noche en la que todo sucedió, pero que no habían profundizado más porque la chica no había querido entrar en detalles. Reconocen que tiempo después de lo sucedido había estado triste y deprimida, y que había tenido crisis de llanto.

Según su psicoterapeuta, la chica padeció diferentes problemas psicológicos después de los hechos. Su deterioro anímico la ha llevado a dejar su trabajo y ha descuidado sus estudios.

En su alegato final, el abogado defensor conminó al tribunal a no dejarse llevar por los sentimientos y a considerar que su cliente era “un ligón” y que eso, de momento, no es delito.

Un cuarto de hora más tarde llegó el veredicto. Absolución para el “ligón” porque la acusación no había conseguido demostrar fehacientemente que no hubiera habido consentimiento. In dubio, pro reo, ya lo dice el adagio.

El prenda se ha despedido triunfante de la concurrencia. Para que luego digan que los hombres estamos indefensos. En Austria, por lo menos, no.


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