
Se cumplen sesenta años del estreno de Sonrisas y Lágrimas, una película que, en Austria, no es especialmente apreciada.
18 de diciembre.- Para muchas personas entre las que me encuentro resultó una enorme sorpresa el hecho de que una de nuestras “fuentes de conocimiento” principales sobre Austria sea completamente ignorada o despreciada en Esta Pequeña República. Me estoy refiriendo a la estupenda película “Sonrisas y lágrimas” (en Latinoamérica, “La novicia rebelde”). Que sí, que vale, que en Hollywood se tomaron algunas cosas un poquito a la ligera, pero el film es, aún hoy, uno de los clásicos de la Historia del Cine.
Llegué a Sonrisas y Lágrimas por primera vez en un verano de finales de los ochenta. La segunda cadena de televisión española hizo un ciclo (qué tiempos) sobre el musical americano, y grabé Sonrisas y Lágrimas en una cinta VHS. Recuerdo que mi hermano y yo la veíamos después de venir de la piscina, rendidos y felices después de estar todo el santo día en remojo, y que se convirtió pronto en una de nuestras películas favoritas. Hace unos años, para cachondeo de mi cuñada, le regalé a mi hermano por navidad una edición DVD de coleccionista -yo me compré otra-. De vez en cuando me la pongo y sigo sabiéndome las canciones de memoria.
Esta navidad, se cumplen 60 años del estreno de Sonrisas y Lágrimas en los Estados Unidos y por este motivo la ORF le va a dedicar una programación especial (el día 26 de diciembre) en la que no solo se emitirá la película para disfrute del respetable, sino también dos documentales, uno antes y otro después del film.
Julie Andrews sigue viva, muy mayor, pero viva, pero ya han muerto algunos de sus “niños”, como la encantadora Charmion Carr, la vírgen perfecta que esperaba los telegramas que le traía Rolf, antes de que el cartero se diera al mal camino.
También ha muerto Christopher Plummer, el cual confesó públicamente después que hizo la película por dinero y que toda la historia y, sobre todo, el tener que trabajar con niños, le daba bastante por el jander guander.
Cuenta la leyenda que en Salzburgo, el lugar en el que se desarrolla la acción, cuando se estrenó la película duró una semana en el cine. Los austriacos dicen que porque ese país que sale en la película no es Austria pero yo creo que cuando la película se estrenó, en 1965, seguían vivos muchísimos de los que habían conocido al capitán Von Trapp y muchos de ellos no le habían perdonado todavía su “deserción” del nazismo.
Sonrisas y Lágrimas película es la tercera forma que tomó la historia de la familia von Trapp. La primera fue una modesta película biográfica alemana de 1955, en la que solo se cantaban un par de canciones. Esta película, la he contado otras veces, la vió un amigo de la estrella de Broadway Mary Martin, el cual le dijo “Mary, he visto una peli con una historia que tiene posibilidades”. Mary Martin se puso en contacto con Oscar Hammerstein II y con Richard Rogers, dos titanes del musical americano, y entre los dos crearon una función que se sigue reponiendo y que, aunque les pese a los austriacos, ha marcado de forma indeleble la visión que tienen en el exterior de Austria. Y, por qué no, ha traido a esta pequeña república millones de dólares en forma de personas que han ido a Salzburgo para ver si de verdad todo es tan bonito en la realidad como sale en la película (de hecho, lo es).
Por supuesto, la película se toma licencias. Por ejemplo, parece ser que Maria von Trapp, en realidad, era una bruja que tenía la mano muy larga. Eso sí, católica hasta decir basta, lo mismo que su marido, el capitán, del cual le separaba una gran diferencia de edad. Los diseñadores de vestuario probablemente sean los culpables de que los abrigos loden se pusieran de moda en la España de los sesenta y de los setenta, aunque el corte de las prendas que lleva Christopher Plummer se parece como un huevo a una castaña a las chaquetas tradicionales austriacas de verdad.
La película ha envejecido bastante bien aunque los últimos veinte minutos, a partir de que se rompe la tensión sexual entre los personajes de Julie Andrews y Christopher Plummer, flojean considerablemente (yo me suelo parar en la escena de la boda, porque toda la moralina que viene después me resulta enormemente fastidiosa).
También se nota mucho que quienes la hicieron eran unos profesionales muy competentes. Sin ir más lejos el director, Herbert Wise, había sido el montador de Ciudadano Kane y la coreógrafa, Dee Dee Wood, que había trabajado con Julie Andrews en Mary Poppins, y que luego hizo Chitty Chitty Bang Bang (otro peliculón).
La efemérides es una estupenda ocasión para volver a disfrutar de este clásico y para volver a sonreir (y, si uno se las sabe) a cantar las viejas canciones.

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