
El Gobierno austriaco quiere prohibir el acceso a las redes sociales a los menores. Parece más fácil decirlo que hacerlo.
27 de enero.- La gracia española no tiene límites y el ingenio del pueblo soberano para inventar nombres graciosos para las cosas es un pozo sin fondo (ya dijo alguien que, si el humor fuera un producto exportable, saldrían de España “chisteductos” para abastecer al mundo entero de este bien tan necesario). Hace algún tiempo se planteó el prohibir a los menores la visión de pornografía vía internet y se pensó en arbitrar un mecanismo de verificación de edad en las páginas que muestran vídeos que solo se ven un cuarto de hora largo. Pronto surgió la idea de llamarlo “pajaporte”.
Me acordaba yo de esto porque el Gobierno austriaco quiere prohibir a los menores de catorce años el acceso a las redes sociales, siguiendo el ejemplo de Australia, que ya abrió el melón y de Francia.
Parece fácil, no lo es sin embargo, porque hay dos intereses que entran en fricción: por un lado, el interés de los menores de que no es frían el cerebro a base de vídeos de gatitos (lo que Oliver Sacks, que en paz descanse, llamó “la catástrofe neurológica de nuestro tiempo”). Por otro lado, el interés, también de los menores, de conservar la privacidad de sus datos personales.
Como decía Charo López en “los gozos y las sombras”, “el secreto de sus pecados”.
El Gobierno austriaco, a través de su secretario de Estado de digitalización, ha hablado de implementar la prohibición “en el transcurso de este año” y también ha declarado que no le gusta el modelo australiano, que está basado en que los que accedan a las redes sociales tengan que introducir sus datos.
Se espera que en un plazo viable la Unión Europea, la cual ya ha anunciado que va a implementar la prohibición, encuentre una solución común a la que Austria pueda también adherirse. Se habla para esto de febrero como plazo.
La parte socialdemócrata del Gobierno piensa que crear un mecanismo que garantice la privacidad de los menores debería ser posible pronto y anuncian que ya se están haciendo las pruebas necesarias.
Los neos, por su parte, rechazan el modelo australiano que tantos quebraderos de cabeza ha causado a nuestros antípodas, porque deja en manos de las empresas que llevan las redes sociales la verificación de la identidad, por lo cual se teme que podrán succionar más datos de los que ya succionan ahora, en forma de nombres, edades, fotos (las redes sociales se liberan por reconocimiento facial también) y demás.
Los Neos están por un modelo parecido al del ID Austria, o sea, de firmas digitales.
Aparte del mecanismo de verificación, también hay que aclarar a nivel europeo la edad límite por debajo de la cual los chavales podrán conservar la inocencia digital.
En Europa se habla de los catorce, pero en Australia por ejemplo está prohibido el acceso a las redes sociales hasta los dieciséis años (jo, tía).
Personalmente, pienso que la prohibición servirá de poco si no se acompaña de otras medidas, muy principalmente de alfabetización digital.
Hay que enseñar a los menores, antes de que tengan acceso a sus peligros, a saber cuáles son los mecanismos que sirven para crear la desinformación, para engañar con las imágenes, del mismo modo que, cuando éramos pequeños nosotros, nos hacían en la escuela crear un periódico para que nos pusiéramos en la piel de los que crean las noticias.
Tampoco estaría mal un curso de alfabetización en redes sociales para los adultos. Está claro que los malos no descansan y que van a estar todo el rato creando, o intentando crear, maneras de comernos el coco, pero creo que habría que hacer un esfuerzo, como sociedad, por ponérselo difícil.
Igual no llegamos tarde, todavía.

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