Están clavadas (varias) cruces

El difunto artista Arnulf Rainer dio autorización para que se expusieran sus obras y luego la retiró. A pesar de ello, están expuestas. ¿Cómo puede ser?

18 de febrero.- Para cuando mis lectores estén empezando a leer este texto, habrá empezado el mes de ayuno musulmán, el Ramadán. Millones de personas practicantes en todo el mundo se estarán entregando a una práctica milenaria que, con algunas variantes, hoy muchos modernos llaman “ayuno intermitente”. También, casualidades del calendario, empiezan hoy los cuarenta días de cuaresma, momento en el que, según el decir popular, flaqueaba el negocio de las obreras del amor.

Vaya por Dios.

Tradicionalmente, por la cuaresma, la catedral de San Esteban pone una exposición de un artista contemporáneo famoso. La exposición, debido al aspecto sacro del lugar en donde se realiza, está siempre en consonancia con los valores religiosos y tiene como motivo central alguna faceta cristiana.

En 2026, la exposición tiene por objeto unas obras del recientemente fallecido Arnulf Reiner, de su célebre serie sobre la cruz.

O sea, muchas cruces, de diferentes colores y formas.

El asunto, aunque no lo parezca, tiene su miga. Cuando ya era muy viejecito, Arnulf Rainer autorizó esta exposición y le dio su visto bueno pero, como los artistas somos móviles cual piuma al vento, poco antes de doblar la servilleta el bueno de Arnulf decidió retirar la autorización que había dado antes argumentando, a pesar de las apariencias, que las cruces que él había pintado profusamente a lo largo de su vida artística no tenían nada que ver con la religión, sino que eran un trazo vertical y un trazo horizontal sin más.

A pesar de esta negativa, las cruces de Arnulf Rainer podrán verse en la catedral de San Esteban durante los cuarenta días de la cuaresma.

La familia del difunto artista está que fuma en pipa, porque dice que no se está respetando la última voluntad de Rainer. Incluso, en el colmo del cabreo, dicen que se trata de una “profanación de cadáveres”.

Su cabreo es en vano, sin embargo. Porque no pueden hacer nada para evitar que se expongan las cruces famosas. Desde el momento en el que un artista vende su obra a un coleccionista, el coleccionista puede, legalmente, hacer lo que quiera con ella. A estos efectos, una obra de arte es exactamente igual que un botijo. Una vez uno compra un botijo, puede hacer con él lo que le pete. Incluso guardarlo y no usarlo nunca o decidir que es una porquería y destruirlo. La persona que ha pintado el botijo con todo su amor, no puede decirnos, por ejemplo, que no quiere que de su botijo beban personas de tal religión o de tal otra, o que se exponga orgullosamente en la alacena de nuestros amigos que son forofos del Real Madrid y no de la balompédica conquense.

Del mismo modo, los familiares de Rainer, una vez cobraron los jEuros que el pintor difunto utilizó para adquirir acelgas o ponerse de gintonics, no tienen ninguna vela para decidir dónde se pueden exponer las obras que ya no son de su propiedad. La última voluntad del artista muerto tampoco es relevante en este caso.


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