
Hoy hace cuatro años desde que la Federación Rusa invadió Ucrania. La cruel invasión ha cambiado Europa y a Austria, probablemente para siempre.
22 de febrero.- Hoy se cumplen cuatro años desde que la Federación Rusa invadió Ucrania. Fue el 22 de febrero de 2022, de madrugada. Se desencadenó entonces una guerra que ha cambiado Europa probablemente para siempre. Las consecuencias duraderas del conflicto, junto con la segunda presidencia de Trump, han hecho que la Unión haya tenido que replantearse una serie de cossas que, hasta hace poco tiempo, hubieran sido inconcebibles. Por ejemplo, un futuro sin ayuda militar de los Estados Unidos y la creación de un ejército común.
Durante aquella primera semana de guerra, el ridículo del ejército ruso fue mayúsculo. Es muy probable que, sin esa gigantesca incompetencia, que dejó imágenes de colas kilométricas de camiones militares varados en mitad de ninguna parte y sin la decisión de Volodimir Selensky de quedarse en Kiev y plantar cara al enemigo costara lo que costase, y sin la firmeza de las primeras decisiones de la Unión Europea y de los Estados Unidos presididos por Joe Biden, el golpe hubiera sido imposible de parar y Rusia se hubiera anexionado la que fue una de las repúblicas soviéticas y hoy por hoy es el objetivo del nacionalismo ruso más ultra.
Tras cuatro años, la Federación Rusa ha conseguido controlar aproximadamente un veinte por ciento del territorio ucraniano pero, gracias a la ayuda internacional, que no ha incluido tropas, los frentes llevan mucho tiempo estables y avanzan o retroceden apenas unos kilómetros cada vez, hacia un lado o hacia otro, según inextricables arcanos.
Tanto para Rusia como para Ucrania la guerra ha supuesto una enorme sangría humana. A pesar de que no existen cifras oficiales, se calcula que han caido en el frente varios cientos de miles de soldados rusos. También es enorme la cifra de hombres mutilados o heridos, que se enfrentan a la vida en un país empobrecido, con una inflación galopante y regido por un hombre, Vladímir Putin, que vive su octava década de vida y que es el clavito que sostiene las varillas de un abanico, el Estado Ruso, presa de enormes tensiones subterráneas. Un país en donde el servicio secreto, convertido en una policía política, hace y deshace.
¿Qué consecuencias tiene esto para Europa? Rusia está jugando la carta del tiempo. En dos frentes: por un lado, con ataques híbridos y desinformación, los servicios secretos rusos están intentando minar la cohesión europea desde dentro. La guerra híbrida, en la mejor tradición del KGB, utiliza las tensiones en el seno de las sociedades europeas y entre los países, para crear polarización. Especialmente en los países que Rusia considera pertenecientes a su esfera de influencia, como por ejemplo los de los Balcanes, Hungría, Polonia y las repúblicas bálticas. También Rusia favorece a los partidos ultraderechistas de las democracias europeas, todos prorrusos. En Austria, naturalmente, el FPÖ, que ha puesto todos los palos posibles en las ruedas del Gobierno, por ejemplo esparciendo narrativas supuestamente “pacifistas” y a favor de la “neutralidad”.
Durante décadas, el FPÖ ha mantenido relaciones con el partido único de Putin. Esas relaciones se materializaron en un contrato que, curiosamente, de canceló unas semanas antes del principio de la guerra.
Rusia acaricia la posibilidad -desgraciadamente muy verosímil- de que los partidos ultras ganen en sus respectivos países y desbaraten la Unión Europea tal y como hoy la conocemos.
Austria, como miembro de la Unión Europea ha tenido también que plantearse su futuro en un mundo crecientemente complejo y en el que la arquitectura de las instituciones nacidas del fin de la segunda guerra mundial ha saltado definitivamente por los aires.
¿Qué pasaría si Rusia atacase una república báltica? ¿Cómo reaccionaría Austria, como miembro de la Unión? ¿En qué lugar queda la neutralidad austriaca ante un tirano despiadado como es Vladímir Putin? ¿Tendría Austria la más mínima posibilidad de defenderse sola ante un ataque como el que inició la guerra de Ucrania?
Entre toda esta incertidumbre solo hay una certeza: a pesar de los esfuerzos diplomáticos, a pesar de toda la destrucción, de todo el sufrimiento humano, la paz no está cerca.

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