El corazón del presidente Sánchez

Un medio español ha publicado supuestos datos médicos de Pedro Sánchez. En España y en Austria esto es taxativamente ilegal (amén de asqueroso).

23 de febrero.- Desde que el mundo es mundo los rusos han sido unos pioneros en la guerra sucia y en la desinformación. De hecho, se puede decir que de ellos han aprendido todos los demás servicios secretos mundiales, incluyendo la CIA.

Primero la policía secreta zarista, la Ochrana, luego el KGB y después su entidad sucesora, el FSB, se han dedicado a crear climas de opinión y a esparcir falsificaciones. La primera y quizá la más exitosa de tan ominoso ranking son los llamados Protocolos de los Sabios de Sión, que produjeron en toda Europa una ola de antisemitismo que condenó a muerte, tiempo más tarde, a millones de judíos.

La desinformación rusa (bueno, la desinformación a secas) nunca se crea de cero. Generalmente, se toma una base existente (en el caso de los protocolos, el odio a los judíos que impregnaba grandes capas de la sociedad europea) y se la retuerce y se la amplifica con arreglo a los fines del usuario.

Hay un subgénero en esta desinformación que es el de la difamación contra personas o instituciones. Se trata de esparcir un rumor mediante un medio suficientemente autorizado. Por ejemplo: durante la guerra fría, los rusos falsificaron un supuesto plan de batalla de los Estados Unidos en el caso de una guerra en Europa. Utilizaron para hacerlo una instrucción secreta del Gobierno de los Estados Unidos que, efectivamente, existía, pero la ampliaron y la “retocaron” conforme a sus fines.

A pesar de que el documento era casi totalmente mentira, al publicarlo los rusos ponían al Gobierno de los Estados Unidos en un aprieto diabólico. Si desmentían su contenido, obligaban forzosamente a los Estados Unidos a admitir la mera existencia de la famosa instrucción y, después, a explicar por qué era falso, de manera que, de alguna manera, parte de sus planes podían quedar al descubierto.

Hoy, un hediondo medio español ha publicado unas supuestas informaciones médicas a propósito de la salud del Presidente del Gobierno, Sr. D. Pedro Sánchez Castejón.

A pesar del cuidado con el que está redactada la noticia, quizá con la esperanza de esquivar consecuencias legales, a quien esto escribe no le cabe la más mínima duda de que se trata de un acto no solo inmoral, sino también ilegal. Los perpetradores han confiado en lo mismo que confían los servicios secretos rusos. El afectado está ahora mismo en un grave aprieto. Si desmiente la noticia, tendrá que pasar vergüenza pública y dar explicaciones (cosa a la que, por cierto, no está obligado) y quedará siempre la duda de si dice la verdad. Si denuncia ante las autoridades al medio y al periodista (cosa para la que estaría perfectamente autorizado) no solo daría carta de naturaleza a los rumores y sembraría dudas sobre su capacidad para desarrollar la labor que desarrolla, sino que daría perfectamente pie a que los supuestos “periodistas” lloraran diciendo que se les quiere “amordazar”.

Una cosa está clara: el medio que ha publicado semejante bazofia se la ha jugado. Si Pedro Sánchez decide denunciarles e ir hasta el final con su denuncia, el titular les puede salir carísimo. Hasta veinte millones de euros. O un cuatro por ciento de la facturación del ejercicio anterior.

En España, como en Austria, es ilegal publicar datos sanitarios sin el consentimiento explícito del individuo afectado. Se trate de quien se trate. Del rey abajo. Es una violación gravísima el Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea y de la Ley de Protección de Datos de Austria.

El RGPD (GDPR, por sus gilas en inglés) entró en vigor e mayo de 2018 para toda Europa. Los datos relativos a la salud se consideran una “categoría especial de datos personales” (Artículo 9) y su difusión está rigurosamente prohibida, salvo que concurra el consentimiento explícito del interesado. Es por eso, por ejemplo, que cuando alguien padece cáncer, siempre se habla de una “larga enfermedad” sin dar más explicaciones.

Austria tiene una ley de protección de datos que proporciona restricciones adicionales.

Si usted ha sido víctima de una filtración semejante puede denunciar ante la Autoridad de Protección de Datos en Austria (Österreichische Datenschutzbehörde). Las denuncias se pueden enviar por correo electrónico o presentando una queja en el sitio web correspondiente.

También se pueden presentar querellas por difamación. Esto ya lo hizo Brigitte Macron, contra ultraderechistas que la acusaban (falsamente) de ser un hombre. En Austria también hubo rumores contra Alexander van der Bellen, esparcidos de forma infame por medios ultras (como en el caso de Sánchez). De van der Bellen se decía que padecía Alzheimer o cáncer, cosa que es claramente falsa.


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