Una cultura de dos velocidades

A pasos agigantados, se va imponiendo en Austria también la cultura de dos velocidades. Una reciente campaña es un ejemplo.

26 de febrero.- Cuando yo era joven, venía un día de la Universidad, en el autobús y, al pasar por un determinado lugar, un caballero sacó del bolsillo un objeto. Era un teléfono móvil. Esta escena, que hoy no tiene nada de particular, era bastante inusual entonces. El hombre se puso a hablar de tonterías por el móvil y yo pensé “!Valiente modorro! ¡Como si no tuviese tiempo de hablar en su casa!”.

Hoy en día, la gente (yo incluido) no puede vivir sin el teléfono móvil.

Una cosa así pasará con la inteligencia artificial. Recordaremos el tiempo en el que las máquinas no pensaban por nosotros con una mezcla de sentimientos. Por un lado, como una especie de arcadia feliz y por otro, nos maravillaremos al pensar cómo podíamos vivir en semejante atraso.

Se nos vende la inteligencia artificial como una tecnología disruptiva que nos va a hacer la vida mucho más fácil. Quizá sea cierto en muchos sentidos, pero la verdad es que hay una tendencia que ya se está agudizando: la de que la IA va a crear un acceso a la cultura de dos velocidades.

Los pobres recibirán productos culturales baratos, creados a máquina, mientras que los ricos tendrán acceso, si quieren, a estos productos culturales de ínfima calidad pero seguirán pudiendo acudir a actividades culturales que se distinguirán por utilizar intensivamente el capital humano. Por ejemplo el teatro o los museos.

El espacio cultural, los medios, ya está siendo inundado por lo que ha venido en llamarse “AI slop” o basura producida por medio de la inteligencia artificial. En una primera etapa, eran solo las redes sociales las que estaban llenas de extraöos videos sin alma llenos de personas con tres cabezas y con un estilo visual muy característico (y bastante repulsivo, por cierto) pero últimamente, los contenidos sintéticos empiezan a invadir otros espacios. Por ejemplo, yo puse cara de (!) el otro día, cuando vi una foto animada por IA -se especificaba- en una de las series de documentales más chulas de la ORF –Erbe Österreich-.

La IA es una manera de producir contenidos muy barata (la calidad, naturalmente, es proporcional al precio) y por lo tanto muy atractiva para quienes producen el equivalente audiovisual al rancho de la cantina de un colegio. Por ejemplo: la cadena de muebles baratos XXXLutz basa su éxito en el mismo modelo que esos anuncios de YouTube de gente que te quiere comprar tu coche de segunda mano. Insistencia, omnipresencia y una inteligencia digna de un ser unicelular.

Utilizan siempre a la llamada “Familia Putz” (padre, madre, hijo, novia del hijo y abuela) y los creativos -es un decir- les ponen en diferentes situaciones para que la gente recuerde la marca. Es una matraca molesta y odiosa, que no le hace gracia a nadie, pero XXXLutz solo es viable si la gente compra muchos muebles. Y ya decía Goebbels que la propaganda, para ser masiva, tiene que estar adaptada al más imbécil de sus receptores (testigo gloriosamente recogido por Donald Trump, por ejemplo).

El ritmo de producción de anuncios de XXXLutz necesita abaratar costes para ser sostenible, así que últimamente han encontrado la manera: recurrir a la inteligencia artificial y replicar exactamente el estilo de “AI Slop” transformando a la familia Putz en unos monigotes horteras con forma de las comidas que se sirven en el restaurante de la cadena de objetos suntuarios. Probablemente, muchos de los componentes del público objetivo de la marca sentirán que el anuncio es “moderno” o “actual” o vaya usted a saber, pero lo cierto es que es un sucedáneo para pobres (para muy pobres) de la publicidad a la que estamos acostumbrados.

Es solo el principio. Desde que en noviembre de 2025 Nano Banana lanzó su nueva actualización, Instagram se ha llenado de “influencers” que no tienen más existencia que Frodo Bolsón (con la diferencia de que Frodo Bolsón no quiere sacarnos los cuartos); son historias para gente de nivel cultural bajo: venden sexo, sobre todo, moda ordinaria y barata, tonterías de bajo coste y de baja calidad.


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