Cero al cociente y paso a la guerra siguiente

Imagen falsa obtenida con IA

El ataque combinado de Israel y Estados Unidos contra la dictadura iraní pone al mundo de nuevo en vilo. El Gobierno austriaco observa.

28 de febrero.- A eso de las siete de la mañana hora de Viena (las nueve en Teherán) han empezado a caer las bombas de un ataque coordinado entre Israel y los Estados Unidos. Otra guerra más, que empieza, como todas, con la intención de ser un ataque “quirúrgico” pero que terminará, como todas, siendo el cuento de nunca acabar, conmueve al mundo. Como ya va siendo tradición en el caso del reciente premio FIFA de la paz, la excusa es librar a los pobres iraníes del sufrimiento extremo que les viene causando su sanguinario gobierno teocrático (que Dios y Alá nos libren de lo mismo) pero lo cierto es que Irán es, como Venezuela, otra pieza más del tablero geopolítico mundial. Se trata, sobre todo, de dañar indirectamente a uno de los principales clientes del petróleo iraní, China (así fue también en Venezuela) y con ello quitarle posibilidades de que amenace el poder de los Estados Unidos.

Las manifestaciones esperanzadas de los iraníes en el exilio son como hace unas semanas fueron las manifestaciones de los venezolanos en el exilio, más el deseo de que ciertas cosas pasen que la posibilidad real de que vayan a pasar.

Los analistas coinciden en tres cosas, en primer lugar, en lo fragmentada que está la oposición en el interior de Irán, en segundo lugar, en que la figura de Rezah Palevi, el hijo del sha depuesto, es más una creación occidental que una alternativa real de poder y, por último, en que el régime de los Ayatolás está más que entrenado en reprimir a la población mediante un mecanismo de terror que no va a caer por sí solo, por mucho que los iraníes sean un pueblo curtido y, como han demostrado sobradamente, muy valiente.

El Gobierno de Esta Pequeña República ha llamado, como todas las cancillerías europeas, a la desescalada y a que se respete la legalidad internacional. Ambas cosas, de momento, en vano. Se ha evitado, eso sí, condenar la actuación del Estado de Israel y de los Estados Unidos.

En el caso de Austria la impotencia es todavía más sangrante porque la comisión negociadora entre los Estados Unidos e Irán, que tenía la misión de alcanzar un acuerdo que evitara lo que al final ha sucedido, se ha reunido todavía hoy en Viena, sede de la Agencia Internacional para la Energía Atómica.

En el Ministerio de Exteriores austriaco hay montado un gabinete de crisis.

Sobre todo se teme por las vidas y las haciendas de los 14.000 ciudadanos austriacos que residen en los países de la zona que están a tiro de los misiles iraníes mas las alrededor de cuatrocientas personas que se encuentran de viaje por la región (en los últimos tiempos, los Emiratos Árabes se han convertido en un destino turístico relativamente normal entre las clases medias austriacas).

El Gobierno austriaco ha declarado la alerta máxima y desaconseja taxativamente emprender cualquier viaje que no sea absolutamente necesario a los países de la región. Es bastante previsible que, dados los visos que todo tiene de ir a transformarse en un conflicto de larga duración, estas alertas tengan en los próximos meses un impacto sobre la vida de los austriacos.

Todo el mundo habla del estrecho de Ormuz, uno de los cuellos de botella del comercio mundial y de las posibilidades de sustituir el petróleo iraní por otros petróleos (la dictadura de los Ayatolás es uno de los grandes productores de crudo, como todo el mundo sabe).

El Gobierno aconseja a los ciudadanos austriacos que estén en la zona que actúen con prudencia y que sigan las recomendaciones de las autoridades. En caso necesario, también se les indica la necesidad de buscar cobijo.

Desde fuentes del Gobierno, eso sí, se pone mucho énfasis en que la situación es preocupante pero por ahora sobre todo a un nivel regional, o sea que no hay ningún peligro apreciable para Austria.


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