
Hoy es el día internacional de la mujer y sigue siendo más necesario que nunca defender la igualdad entre los sexos.
8 de Marzo.- Hoy es el día internacional de la mujer. En todo el mundo (civilizado) se llama la atención sobre los derechos del cincuenta por ciento de la población del mundo y se recuerda la injusticia cotidiana que supone un orden patriarcal del que los hombres somos los principales beneficiarios.
Lamentablemente, hay que empezar con una mala noticia y es la del fracaso que supone para el feminismo el hecho de que muchos jóvenes (hombres y mujeres) aún reconociendo que la desigualdad existe, hayan abandonado el feminismo porque piensan que “nos hemos pasado de frenada” y que, fomentando que las mujeres accedan a espacios que antes les estaban vedados, lo que estamos haciendo es discriminar a los hombres.
Las personas de mi época (tengo cincuenta años) pensábamos que bastaba ponerle a la gente los hechos delante de las narices para que todo cambiara. Desgraciadamente, no ha sido así.
Cotidianamente, asistimos en Austria a la constatación de que las mujeres cobran menos que los hombres, cosa que las hace estar más expuestas a caer en la trampa de la pobreza. Que recaen sobre ellas, sistemáticamente y desde el proceso de socialización y educación de las niñas, las tareas de cuidado.
La publicidad sigue enseñando a las niñas que lo correcto es ser paciente (sobre todo con los hombres), sensible y sufridora.
Para ellas se producen contenidos “románticos” destinados a idealizar una forma de relación en pareja que las impulsa a aceptar el prototipo de hombre “torturado” y, por qué no decirlo, potencialmente maltratador.
Existe toda una chatarra redaccional al respecto en las llamadas revistas femeninas.
Por cierto, el adjetivo “femenino” asociado a cualquier cosa inmediatamente la convierte en un producto de gineceo, intelectualmente de segunda. La llamada “literatura femenina” es un ejemplo. Nadie habla de “arquitectura femenina” o de “música femenina” o de “ingeniería femenina”.
La publicidad sigue retratando a las mujeres como las personas preferidas para cuidar a los hijos. Son contados los casos en los que se intenta vender un producto para niños en el los que aparezca un padre.
Y no es culpa de la publicidad. Es culpa de la sociedad, en donde reinan unos valores que repugnan a cualquier tipo de sentido común.
No hablemos de la violencia y de cómo los medios, especialmente la prensa “boulevardier” tratan esa violencia. Si una mujer es asesinada por su pareja o por un pariente, los mierdiperiódicos hablan de “drama familiar” o de “crimen pasional”. Los titulares están redactados de manera en que la culpa siempre recae sobre la víctima y no sobre el maltratador. Se escribe “Una mujer es asesinada” y no “Un fulano asesinó a una mujer”. El titular siempre deja el espacio para el culpable en blanco.
También está la violencia ejercida contra las mujeres en las redes. Las famosas “fotopollas” por ejemplo. O el ciberacoso.
Cuando una mujer es acosada siempre se tarda más en tomarla en serio o se considera que se queja de vicio, o que “tiene la piel muy fina” o que no hace falta poner medios para subsanar el problema.
En las entrevistas, se les hacen a las mujeres preguntas que jamás se le harían a un hombre. Nadie le pregunta al canciller cómo se las apaña para conciliar su vida familiar con su vida profesional o si piensa tener más hijos.
Referidos a un hombre no hay titulares del tipo “El original vestido de Isabel Díaz Ayuso en la reunión con los rectores” (nadie dice “La original corbata del presidente Van der Bellen en su última reunión con Herbert Kickl” o “El favorecedor traje de Andreas Babbler en la convención del partido socialdemócrata”).
Como con tantas otras cosas (el matrimonio homosexual, es un ejemplo perfecto) hay mucha gente que piensa que todo está hecho pero lo cierto es que, hasta que no se cambien o eliminen todas o algunas de las las cosas que he mencionado en este artículo, no habrá igualdad efectiva. Por eso, el 8-M sigue siendo hoy igual de necesario.

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