Amarga Navidad

Aunque tardará todavía tres meses en llegar a Viena, aquí tienes la crítica más reciente de Amarga Navidad, la última peli de Almodóvar.

24 de marzo.- Hace muchos meses, una amiga que tiene casa en Valencia me invitó a ir a ver las fallas. Las fallas son ese tipo de cosas a las que un español que vive en España no va. Total, para qué, si puede ir en cualquier momento. Un poco como ir a tomarse un vino a Casa Patas, famoso tablao flamenco de Madrid, o visitar Sevilla o el Teatro Romano de Mérida.

Confieso que el plan me daba algo de pereza pero, como uno nunca deja de presumir de España siempre que tiene ocasión, acepté. El viaje vino con un regalo inesperado porque el día 20, después de que se acabasen las fallas, se estrenó Amarga Navidad, la última película de Almodóvar.

En cuanto me enteré, avisé a mis colegas de viaje: preparaos un plan para el veinte por la tarde, que yo estaré en el cine. Vi la película en los Lys, en pleno centro de Valencia, con una sala a media entrada. A mi lado, tres amigas que eran obviamente personas muy cultas y con mucho cine visto. Yo pensaba, por cierto, que me iban a dar la película, pero se limitaron a exclarmar “!Qué guapo!” la primera vez que apareció Leonardo Sbaraglia -se les perdonó- y a un par de comentarios sobre Aitana Sánchez-Gijón.

En cuanto empezaron los créditos, se sumieron, como el resto de la sala, en un silencio respetuoso. Estaba clarísimo que éramos todos fans de Almodóvar. De la película, a estas horas, se ha hablado mucho. Y más que se hablará. Boyero ha confeccionado su consabida crítica negativa -Boyero lleva décadas en piloto automático- y Amarga Navidad no llegará a Austria hasta dentro de algunos meses. Sin embargo, yo quiero escribir aquí lo que sentí, porque me apetece hacerlo cuando todavía está fresca en mi memoria la película y lo que me pasó por el cuerpo al verla.

Amarga Navidad es una película muy irregular, con una primera mitad muy buena -Agustín Almodóvar le ha debido de decir a su hermano que se deje de experimentos- con una vaguada de interés después del ecuador y un final de dos orejas, rabo y vuelta al ruedo. Todos los actores, menos Quim Gutiérrez y el propio Sbaraglia, y no por su culpa, sino por culpa de Almodóvar, que les ha escrito unos papeles un poco torpes, están irreprochables, incluso en escenas que, para mi gusto, están mal escritas porque son demasiado literarias. Amarga Navidad sigue casi al pie de la letra un relato del miso título que Almodóvar publicó en su libro El Último Sueño. Es esa parte lo mejor de la película. Lo que Almodóvar ha tenido que escribir para llegar a las dos horas de metraje es la parte menos brillante (precisamente la de Sbaraglia y Gutiérrez).

No voy a destripar la trama -porque el lector tiene derecho a ir al cine con la mirada virgen- pero sí diré que todo el mundo ha hablado, con mucha razón, de la interpretación de Barbara Lennie, pero que no han hablado tanto de quien creo que es la revelación de esta película, Patrick Criado, un actor que, hasta ahora, se ha curtido en la televisión y del que Almodóvar saca oro molido. Es digno de ver cómo escucha ese chico, y cómo está pendiente de Barbara Lennie cuando el foco de la atención está sobre ella. Además, consigue una cosa dificilísima de hacer: transmitir ternura e inocencia sin quedar panoli.

Y luego están los cameos ¡Y qué cameos, señora! Solo Almodóvar puede permitirse el lujazo de sacar a Nieves Álvarez y a Pino Montesdeoca en dos papeles sin frase que duran apenas diez segundos en pantalla. Y componer una foto que es el equivalente a la fiesta de la resplandeciente Hable con Ella en donde están los Javis y Guitarrica de la Fuente, con Bibiana Fernández o Rossi de Palma. Y el fotógrafo es el marido de Pedro Almodóvar, por cierto.

Y luego Amaya cantando Las Simples Cosas. En esto, por cierto, consiste la genialidad de Almodóvar. Otro director más torpe no hubiera conseguido que ese añadido entrase sin sentir, sin romper el ritmo de la película, pero Almodóvar consigue hacerte llorar por la belleza de la canción y de lo que significa.

Amarga Navidad no es Dolor y Gloria (el mejor Almodóvar de los últimos años) pero sí es una película dignísima, de un director que tiene miedo a haberlo dicho ya todo.


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