
Es bueno cuando uno se entera de que los malos pierden y de que el acoso en internet no sale gratis.
31 de Marzo.- En el imaginario del colectivo homosexual hay un arquetipo que es el de la “marica mala”.
En general, se podría describir a esta persona como a un homosexual masculino que se comporta de una manera dañina. Con todo el mundo pero, sobre todo, en relación con otros homosexuales como él. Cualquiera que haya tenido relación con un grupo de gays, se habrá topado en algún momento con alguna “marica mala” de lengua demasiado afilada y cerebro (con suerte) poco sofisticado.
La figura es transversal. Tanto, que hubo una marica mala en la mismísima familia imperial austriaca, Luzi Wuzi, el hermano del emperador Paco Pepe.
En general, la “marica mala” es una criatura que, en el imaginario, agrupa todos los rasgos retorcidos de carácter que las personas homófobas suelen atribuir a los homosexuales. Como dijo aquel, una “marica mala” es una persona “con la inteligencia de un hombre y la mala leche de una mujer”. Se suele caracterizar a este tipo de persona con los rasgos que, en mi infancia, distinguían a una vecina mala, de esas que hay en todas las comunidades.
Para aquellos de mis lectores que hayan sido tan afortunados para no haberse topado nunca con una vecina mala, el prototipo que queda más a mano es Gerald Grosz. Como quizá recuerde el lector, Gerald Grosz fue candidato a la Presidencia de Esta Pequeña República (el exiguo apoyo que obtuvo hubiera abochornado a otro menos echao p´alante que él, pero Grosz concibe su vida como una sucesión de gags potencialmente bochornosos, así que no le importó). Antes, ya llevaba una trayectoria a sus espaldas, en forma de encarnar esa mascota gay que todos los partidos de extrema derecha tienen siempre cerca como seguro contra las acusaciones de homofobia.
Grosz se gana la vida participando en “apuestes por una” organizados por el conglomerado de medios más infecto de Austria y escribiendo ese tipo de libros que compra la gente que no lee. A causa de este modus vivendi, Gerald Grosz necesita una dosis constante de notoriedad. Su lema parece ser “no existe la publicidad mala, solo la falta de publicidad”. En la tele en la que se gana las habichuelas, Grosz tiene siempre un contrincante fijo. Para que el formato funcione, tiene que estar en el lado opuesto del espectro ideológico que Grosz representa. Dado que Grosz es un fanático de la extrema derecha más cazurra, adivine el lector.
Pocas personas decentes se prestan a este juego, por lo que Fellner suele tirar de gente que pasa apuros económicos, como Strache. Uno de los que aguantó más tiempo fue Sebastian Bohr-Mena, un hombre de ascendencia chilena, afín a los verdes, por lo que representaba el lado aproximadamente progresista de las discusiones con Grosz. La cosa acabó mal. Poseído por sus personajes (por el de debatiente incansable y por el de marica mala), Grosz empezó a humillar a Bohr-Mena y a su mujer de forma insistente en las redes sociales. Bohr-Mena soportó el asunto con paciencia (tiene la costumbre de comer todos los días) pero hubo un momento en el que se le inflaron las narices y anunció que se querellaría contra todas las personas que le insultaran en internet, costara lo que costase.
Grosz no cejó y, como hacen todos los matones, se burló de Bohr-Mena llamándole “llorica”, “Haul-Mena” y afirmó que las querellas no tenían otro objetivo que el enriquecimiento. Bohr-Mena puso el asunto en manos de sus abogados y los jueces le han dado la razón. Le han prohibido a Grosz decir que Bohr-Mena aspira a enriquecerse a costa de las querellas y también le han prohibido el uso de la expresión “Haul-Mena”, considerando que estas vejaciones no están amparadas por la libertad de expresión.
Gerald Grosz, como cabía esperar, ha calculado la dosis de notoriedad que esto le puede reportar entre su parroquia, se ha hecho la víctima y ha anunciado su intención de acudir al tribunal de derechos humanos de Estrasburgo.
Quizá convenga decir también que no es la primera condena firme a Grosz por faltón. Ni será la última, probablemente.

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