
Se cumplen hoy setenta años de la fundación del FPÖ, el partido austriaco de ultraderecha.
7 de abril.- Hoy, siete de abril de 2026, se cumplen siete décadas de la fundación del FPÖ, el partido de extrema derecha austriaco. La gestación de esta fuerza había empezado en 1955, cuando cuatro antiguos nazis Anton Reinthaller, Emil van Tongel y Fritz Butschek crearon el FPÖ de Carintia -land de Austria que ha sido muy importante desde entonces en la formación-.
El 7 de abril de 1956, cuando Miguel Bosé tenía solamente unos días de vida, el FPÖ que hoy conocemos se fundó en Viena. El primer líder de la formación fue Anton Reinthaler, que también había inaugurado la larga costumbre del FPÖ de tener nazis entre sus filas (estuvo encarcelado por lo mismo entre 1950 y 1953).
Reinthaler había sido brigada de las SS durante la guerra, pero había entrado al partido nazi incluso antes de la anexión de Austria, en 1938 y había sido ministro de agricultura durante el funesto gabinete de Seyss-Inquart. En la figura de Reinthaler se encuentran muchas de las características que serían más tarde definitorias de la (demasiado) larga historia del FPÖ, como por ejemplo el pangermanismo, o sea, el entender que es un error que Austria no sea parte de Alemania y la masculinidad tóxica que, supone uno, le llevó a marcharse del FPÖ en 1967 cuando uno de sus sucesores al frente de la formación quiso equilibrar un poco el equilibrio de poder entre los puramente liberales y los ultraderechistas.
Durante mucho tiempo, el FPÖ alcanzó en Austria unos porcentajes de voto humildes. Aunque ciertas características de su ideología, lo que podríamos llamar el “nazismo sociológico” seguían muy presentes en la población, al ser una formación fuertemente contaminada de nazismo, no casaba con el relato que los austriacos se dieron durante la posguerra a propósito de su propio derecho a existir. Aquello de “nosotros fuimos la primera víctima”. Sin pasar del 6% de los sufragios, el FPÖ estaba ahí siempre como socio junior siempre que socialistas o populares necesitaban alguna muleta para completar mayorías. Así, Friedrich Peter, conspicuo ex nazi también, ayudó al partido socialdemócrata en 1970.
Puede parecerle a lector este un pacto contra natura, pero lo cierto es que, cuando los aliados reorganizaron la vida política austriaca durante la década de la ocupación, muchos ex nazis se camuflaron también en las filas del SPÖ. La historia nos muestra que no todo es blanco o negro.
Esta modestia se rompió en 1986, cuando un joven político, Jörg Haider, empezó a adquirir notoriedad. Haider era un miembro de una nueva generación que no había participado en la guerra y que trajo a Austria y también al FPÖ otro ingrediente fundamental después del racismo y todo lo que le cuelga: las tácticas populistas. La época de Haider, que se extendió hasta los primeros años de este siglo, llevaron al partido a tocar poder a nivel nacional, siendo canciller Wolfgang Schüssel. El FPÖ participó en dos gabinetes y, como suele suceder en estas formaciones inestables, este pico de éxito marcó una caída aun mayor, trufada de casos de corrupción y una división del partido que llevó a la aparición del BZÖ, formación de vida relativamente efímera y que se sostuvo solo gracias a la presencia física de Haider, fallecido en accidente algún tiempo después, después de haber protagonizado un regreso triunfal a la política.
Tras Haider, otro político guaperas dirigió el FPÖ, Heinz Christian Strache. Con un cierto Herbert Kickl a su espalda, Strache consiguió llevar al FPÖ de nuevo al Gobierno. Hablando en puridad, seguramente fue más por el desgaste de las formaciones tradicionales que por méritos propios.
Se recordará que la etapa Strache terminó de forma tan abrupta como explosiva con el llamado escándalo de Ibiza.
La caída del FPÖ, que muchos pensamos que sería duradera, no lo fue tanto (desgraciadamente) y pronto Herbert Kickl, acudiendo a todo tipo de argucias y de alianzas dudosas (los antivacunas y gente así) consiguió aprovechar en su favor el descontento producido por la pandemia de CoVid-19 hasta llegar a ser hoy en día el partido líder en las encuestas.
Este relato somero estaría incompleto sin mencionar la que ha sido la alianza más provechosa del FPÖ desde principios de este siglo: la que ha mantenido con la autocracia de Vladímir Putin. Para Rusia, el FPÖ y sus adláteres -la ex ministra de exteriores, por ejemplo- han sido una gran fuente de información y un puerto seguro para sus labores de espionaje. Menos espectacular que otros como Hungría, pero no menos eficaces.
¿Llevará el Zeitgeist a que Herbert Kickl sea alguna vez canciller? Solo el tiempo lo dirá.

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