Arte y violencia sexual

¿Qué hacer con obras de arte producidas en contexto de maltrato o violencia sexual? El caso de los desnudos de Ötto Mühl.

11 de abril.- Uno de los debates más candentes de nuestro tiempo es el de decidir qué hacemos con la obra de artistas que, como personas, fueron decididamente malvados. Más aún: qué hacemos con las obras de arte que estos artistas malvados produjeron maltratando a personas y causándoles un mal.

Es el caso de Otto Mühl.

Mühl fue uno de los artistas más destacados de la segunda mitad del siglo XX en Austria pero, al mismo tiempo, fue un depredador sexual. Esta circunstancia se refleja en su obra, en la que pueden verse rastros de estas “actividades” suyas, en forma de desnudos de mujeres muy jóvenes, muchas veces menores de edad. Personas que aún están vivas y que son perfectamente identificables con nombres y apellidos.

El hecho es que las obras de Otto Mühl se siguen vendiendo y se siguen vendiendo muy bien, principalmente en Austria, aunque también en otros países europeos.

Recientemente, el Doroteum de Viena, la casa de subastas austriaca por excelencia, ha decidido retirar de la venta dos obras que representaban a víctimas de Otto Mühl, renunciando así a unos jugosos beneficios. Sin duda debido al daño reputacional (y, por qué no, las consecuencias jurídicas) que una venta así podría haberle acarreado.

No todo el mundo se anda con tantos escrúpulos, también por necesidad económica.

Muchas obras de Mühl representan valiosos activos económicos para instituciones como el Leopold o el Museo del Accionismo Vienés, escuela a la que pertenecía Mühl.

El gerente de este último, Sr. Schröder, pide separar la vida de la obra del artista. Y, por lo tanto, que el valor artístico de las obras de Mühl sea independiente de todo el sufrimiento que causó para producirlas (y que sigue causando).

Las víctimas, por supuesto, no son nada partidarias.

De hecho, argumentan que la producción artística de Otto Mühl es inseparable de su martirio, porque el artista utilizaba el dinero que obtenía vendiendo sus aclamadas obras para mantener económicamente la secta que utilizaba para explotar a las mujeres y a las niñas a las que retrataba.

Es un poco como la muy problemática relación que, desde el presente, tenemos con obras de arte producidas en tiempo de los nazis y para las que se utilizó mano de obra esclava. Por ejemplo, la película Tierra Baja de Leni Riefenstahl, bruja que utilizó como extras a personas de etnia gitana que “pidió prestadas” de un campo de concentración cercano a Salzburgo.

El hecho es que la obra de Otto Mühl se sigue vendiendo muy bien. Por ejemplo, en 2019 el Dorotheum subastó un cuadro de Mühl en el que aparecía una de sus víctimas -12 años en el momento de ser retratada desnuda- y a la que, además, se identificaba por su nombre en el título de la obra. Los nuevos propietarios, dos marchantes vieneses de arte, pagaron entonces algo más de ochenta y sietemil euros por el cuadro, el cual, según declaraciones recientes a la prensa austriaca, aún se encuentra en su almacén, quizá a la espera de que el escándalo se acalle y puedan recuperar la inversión.

En aquel momento, por cierto, el Dorotheum estaba informado de las circunstancias que envolvían el origen de la obra. Se disculpó solo a posteriori, después de que se realizase la venta.

La mayoría de las víctimas de Otto Mühl son de la opinión de que las obras que representan víctimas de abusos sexuales no deberían ser vendidas.

Entretanto el Dorotheum ha sacado a subasta otras obras de Otto Mühl, entre ellas dos desnudos, que representan a menores de edad y que pertenecían a la colección de Rudolf Leopold, concretamente a la parte que no fue vendida a la República austriaca. A su muerte, este grupo de obras, casi doscientas cincuenta, fue dividida entre sus tres hijos, y fue vendida desde entonces (las obras de Mühl incluidas) en la galería Kinsky de Viena.

No se sabe en concreto cuál de los tres hijos fue el beneficiario de estas ventas ni quién son ahora los propietarios.


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