
En estos momentos puede que se esté dando en Hungría un momento histórico ¿Cómo influirá la victoria de Magyar en Austria?
12 de abril.- En este momento, mientras escribo este artículo, se libra a unos cientos de kilómetros, en Budapest, una batalla que puede decidir no solo el futuro de Hungría y de la Unión Europea, sino que puede influir decisivamente también en el futuro de Austria.
Como todo el mundo sabe, hoy han sido las elecciones presidenciales en Hungría y hay muchas posibilidades de que el vencedor sea Peter Magyar, esto es, el oponente de Viktor Orban.
Ojo, que Magyar obtenga más votos no quiere todavía decir que vaya a gobernar Hungría, porque, durante estos últimos dieciséis años, y merced a su teoría de la “democracia iliberal” Viktor Orbán se ha asegurado de que sea dificilísimo desalojarle del poder.
Sin embargo, atrevámonos a soñar, póngamonos en lo mejor ¿Qué significaría para Austria, para la Unión Europea y para el mundo en general que Orbán perdiese estas elecciones y dejara de gobernar en Hungría?
A nivel mundial, Viktor Orbán ha conseguido establecerse como un dirigente clave en la ultraderecha internacional. En primer lugar, quizá, porque sirve de vía de comunicación entre Donald Trump y Vladímir Putin. Para el segundo ha sido y es una pieza importante del que, en último término, es su objetivo: gripar el motor de la Unión Europea mediante el bloqueo sistemático de todas sus iniciativas y, a la postre, convertir a la Unión o bien en un organismo inoperante o bien llevar a la UE directamente al colapso.
La maquinaria puesta en marcha por Orbán, una maraña de redes clientelares y corrupción, que funciona de un modo mafioso y extractivo, al modo del sistema de oligarcas que gobierna Rusia, también es para la Federación Rusa una fuente inestimable de información.
Durante la campaña electoral se han filtrado comunicaciones del Ministro de Exteriores húngaro con el Kremlin en las que los rusos pedían un deseo (la eliminación de la hija de un oligarca de la lista de sanciones) y los diplomáticos húngaros maniobraban hasta que ese deseo se realizaba.
Por otro lado, el sistema Orbán también ha cobrado una importancia estratégica tremenda y por los mismos motivos, para la extrema derecha norteamericana.
Para los Estados Unidos del movimiento MAGA, la Unión Europea es una china en el zapato. En primer lugar, porque las regulaciones legales de la Unión Europea son un obstáculo para la actividad de las grandes empresas estadounidenses.
Especialmente las regulaciones aplicadas a las grandes tecnológicas.
El asunto no es baladí. A pesar de que la política económica de Trump ha sido particularmente desastrosa durante este segundo mandato, los Estados Unidos han crecido económicamente y una parte nada despreciable de ese crecimiento se debe a la Inteligencia Artificial que Estados Unidos exporta y que la Unión quiere “domesticar”.
A los Estados Unidos le vendría bien una Unión inexistente o dividida, porque es muchísimo más fácil negociar con gobiernos responsables de cuarenta millones de personas que con una entidad que rige los destinos de cuatrocientos cincuenta millones.
No hay que despreciar tampoco el aspecto ideológico de la Unión que los Estados Unidos desprecian: su laicismo, su poder blando y flexible en forma de democracias liberales y representativas, una Unión acogedora de inmigrantes en el que las minorías tienen derechos que son defendidos mediante un sistema de garantías legales. Una Unión con sistemas de sanidad pública fuertes que en Estados Unidos y más en los Estados Unidos de Trump, no se entienden.
Una Unión Europea que, por último, le planta cara a las reivindicaciones territoriales de Donald Trump (por ejemplo, con Groenlandia).
Hungría es el único Gobierno de la Unión decididamente trumpista.
Ni siquiera Giorgia Meloni ha llegado a ese nivel de sumisión.
En Austria la situación es similar. Los políticos del FPÖ han tenido siempre la lengua preparada para ponerla en contacto con la parte del cuerpo de Viktor Orbán que el sol nunca ha alumbrado. Y no, no me refiero a su bazo, como es natural.
Uno de los primeros actos institucionales de Walter Rosenkranz como presidente del Parlamento austriaco -la segunda autoridad del país después del Presidente Van der Bellen- fue invitar a Viktor Orbán a visitar el Parlamento de Viena.
Las escenas fueron memorables (para mal). Se recordará que el FPÖ y Fidesz firmaron una declaración conjunta (que tenía el mismo valor real que el papel higiénico) en la que se prometían defender los intereses “de las dos naciones” (o sea, los intereses de los ultras en el Parlamento Europeo) ya que el FPÖ y Fidesz, el partido de Orbán, son parte de la fracción “Patriotas por Europa” que es el brazo político del Kremlin en Bruselas.
Como es lógico, el sueño húmedo tanto de Kickl como de Viktor Orbán hubiera sido coincidir uno como canciller y el otro como primer Ministro, para dinamitar la Unión Europea desde dentro.
Básicamente porque su “patriotismo” consiste en ser violentamente nacionalistas.
Cuando le estoy poniendo el punto final a este artículo, con casi el cincuenta por ciento de los votos escrutados, la situación promete un vuelco histórico. El partido de Magyar puede estar en una mayoría de dos tercios del parlamento de Budapest. Una derrota histórica.
¿Significa esto que Orbán está derrotado? Todo dependerá de si Magyar consigue luchar eficazmente contra la enorme corrupción que ha podrido las entrañas de Hungría gracias a Orbán.

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