
Debido a “razones presupuestarias” la organización ZARA, que protege a las víctimas de odio en la red y racismo, corre el riesgo de desaparecer.
20 de abril.- Una de las personas del Gobierno austriaco que busca hacerse un nombre es la ministra de familia Claudia Bauer née Plackholm. Desde antes de entrar en el Gobierno, Bauer se hizo famosa por ser la portavoz en el Partido Popular austriaco de posiciones cercanas a las de la extrema derecha, especialmente en materia de cambio climático y migración.
No es ningún secreto que el Estado austriaco se encuentra en estos momentos en un estado financiero más que mejorable.
El déficit público supera lo permitido por la Unión Europea y la actividad económica anémica, con tasas de crecimiento cercanas a la recesión, hacen que sean necesarias medidas de ahorro. Por supuesto, en esto del ahorro, los “recortes” de nuestra crisis, siempre entran en juego las prioridades.
Es como en las familias. En situaciones de escasez se ahorra en lo que se considera supérfluo y se invierte en cosas que mantienen el motor de la casa funcionando.
A esta necesidad de ahorro se ha agarrado la oficina de Claudia Bauer (ex Plackholm) para condenar al cierre a la organización Zara, la cual hasta ahora ofrecía ayuda y asesoramiento a las víctimas del racismo y el odio en la red.
La organización ZARA -nada que ver con la marca de ropa- elaboraba además todos los años un informe de su actividad el cual, indifrectamente, también permitía tomarle el pulso al estado de la cuestión de Esta Pequeña República.
A la Ministra de Familia austriaca, casi se me olvida mencionarlo, no le gusta que se hable de racismo en Austria (quizá considere que el racismo en Austria no existe). Entre sus opiniones públicas está la de exigir multas de cincomil euros para aquellas personas que see nieguen a integrarse o, en alemán “integrationsverweigerer”.
No resulta demasiado aventurar que, para la ministra Bauer, una organización como ZARA debe de resultar bastante incómoda.
¿Racismo? -debe de pensar ella- lo que pasa es que esa gente que viene de fuera y habla raro no se quiere integrar.
La gente es racista porque la provocan, hombre.
El caso es que, hasta ahora, el Estado austriaco cubría la mitad del presupuesto anual de ZARA. Un año con otro la cosa venía a salirnos por trescientosmil euros, que se dedicaban a ofrecerle a las personas asesoramiento contra el odio en la red.
El resto, la parte del racismo, venía de subvenciones que aportaba la ciudad de Viena, medios propios y diversos donativos.
El abrupto cese de la aportación del Ministerio de Familia ha traido consigo el despido de varios trabajadores.
ZARA no ofrecerá a partir de ahora el asesoramiento gratuito que hasta ahora ofrecía.
También llama la atención que de otras zonas del Gobiernos e insista en querer terminar con la lacra del odio en la red, especialmente aquel dirigido contra las mujeres.
Por parte del Partido Socialdemócrata se está trabajando a la mayor velocidad posible para encontrar una solución para que ZARA pueda seguir existiendo.
Se da el caso de que hay recursos dirigidos a grupos específicos de edad, desde ZARA se argumenta que las personas que buscan su ayuda son gente que ya ha sido víctima de ataques (ya sean racistas o de odio, o los dos) y que, por lo tanto necesitan ayuda.
Hasta ahora, ZARA ofrecía asistencia legal y psicológica gratuita para las víctimas de violencia en la red, especialmente mujeres. Desde la organización se insiste en que el 70% de las personas que ayudan son mujeres, las cuales, ocioso es repetirlo, se enfrentan al odio en la red con más frecuencia que los hombres.
En estos momentos trabajan en ZARA 18 personas, que pueden perder su trabajo.

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