Personas leyendo

Un país para leerlo

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Hoy es el día del libro, y este un país para leerlo de cabo a rabo. Aquí, un cursillo acelerado de literatura austriaca.

23 de abril.- Hoy es el día del libro, pie estupendo para hablar de cómo Esta Pequeña República se ha relacionado con ese artilugio que es una maravilla del diseño de todos los tiempos y que, además, nos permite viajar a lugares y épocas en los que es físicamente imposible que podamos estar de otra manera. Por no hablar de los grandes beneficios que leer produce para la salud mental, el principal, quizá, el darse cuenta de que, nos pase lo que nos pase, es bastante probable que le haya pasado antes a alguien, cosa que ayuda a relativizar los sinsabores (y las alegrías) de esta vida.

Al hablar de literatura austriaca, sin embargo, es complicado encontrar una definición, básicamente porque Austria, a lo largo de los últimos dos milenios ha cambiado varias veces de tamaño y de forma. Si nos atenemos al territorio actual, podemos decir que, “en territorio austriaco”, se han escrito varias obras maestras sin las cuales la humanidad hubiera sido más pobre.

Los expertos sostienen que Marco Aurelio escribió gran parte de sus meditaciones mientras estaba por aquí (murió en Carnuntum, provincia de Baja Austria). Por cierto, que a mí esta ciudad me hace mucha gracia, porque la castellanización de este nombre es Carnunto y, perdón, pero me hace mucha gracia imaginarme a los romanos como trasuntos de Bob Marley, fumándose un Carnunto. Otra: según la presuntamente mendaz Historia Augusta, Faustina la menor, esposa de Marco Aurelio, le daba bastante mala vida al «emperaor» de los romanos. Que esto le llevara a ser un pope de la filosofía estoica está por discutir. 

Chorradas aparte, en lo que hoy es Austria se escribió la saga de los Nibelungos, de autor anónimo (¡Qué hubiera hecho Wagner sin ella, señora!). Los Nibelungos son una obra maestra de la literatura medieval y han sido el alimento de la imaginación de muchas generaciones. En tiempos modernos, aparte de Richard Wagner (el compositor favorito de ya sabemos quién) también fueron excusa para un bonito “flín” o “pinícula” de Fritz Lang (más vienés que los cruasanes) una obra maestra del expresionismo alemán.

Llegados a este punto, damos un acelerón y nos plantamos en el siglo XIX, después de haber dejado atrás la época un tanto aburrida de la Ilustración.

El diecinueve austriaco fue el inicio de un fenómeno que Stefan Zweig describió muy bien en su Mundo de Ayer (para nosotros, el mundo de antes de ayer) y es el culto de los austriacos por el arte de Thalía. Dos titanes fueron los que representaron esta querencia austriaca por el teatro. Sus obras son clásicos que se siguen reponiendo hoy: Nestroy y Raimund (ambos con calle y teatro, respectivamente, en Viena).

En el diecinueve vivó también Sacher-Masoch, santo patrón de los que se excitan cuando les dan un cachete, llamados masoquistas por él. El antepasado de Marianne Faithful (la mamá de Marianne era bisnieta de Sacher-Masoch) escribió La Venus de las Pieles. También del siglo XIX es Bertha von Suttner, premino nobel de la Paz por «Abajo las armas». Antes, había sido prolífica autora de novelas sociales. Puede el lector ver su retrato en las monedas de dos jEur.

Los últimos tiempos de la monarquía del emperador Paco Pepe son una edad de oro de la literatura austriaca. Empecemos por Arthur Schnitzler y Stefan Zweig, con su delicioso mundo de ayer, antes mencionado, y su Carta a una Desconocida. Aunque no exactamente austriacos (nacieron en Praga), tenemos a Paco (Franz) Kafka y a Robert Musil, que publicó El hombre sin Atributos. Sigmund Freud publicó también varias obras maestras, que no serán desconocidas para el lector culto, y Elias Canetti, premio Nobel, publicó Auto de Fe y Masa y Poder. Dos libro(te)s monumentales.

Austria se asomó al abismo (literariamente también) durante la primera mitad del siglo pasado. Sin embargo, la posguerra dio muchos autores más que respetables. Para completar este repaso rápido, nos detendremos en Thomas Bernhard (el cual, como persona, debía de ser un poco intensito, pero como autor era una maravilla) y Elfriede Jelinek (una de las pacientes más afortunadas del doctor Asperger, galeno que tenía la siniestra costumbre de enviar críos a la muerte, como ya contamos aquí una vez).

Al margen, por lo que tiene de curioso, mencionaremos a Felix von Salten, el autor de Bambi y de Las Aventuras de la Prostituta Josefine Mutzenbacher, novela erótica con la que varias generaciones de austriacos se han entrenado por si la vida les ponía en la tesitura de tener que dar conciertos de zambomba.


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