Emprender a la albanesa

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Emprender es una de las metas en esta sociedad capitalista en la que vivimos. Ahora bien, hay gente que se lo toma muy en serio.

29 de abril.- Se puede trazar una línea de norte a sur del continente europeo. Por el norte, estaríamos más o menos en la frontera oeste de Polonia, en el sur, en los Balcanes. Esta línea delimita dos zonas de la Unión: la que coincide con los países que eran antiguamente comunistas es la “Europa pobre” y la parte que queda más hacia el Atlántico es la Europa rica.

Entre esas dos zonas, hay una tensión evidente. Los ricos, con sus democracias antiguas y sus economías algo venidas a menos pero todavía vistosas, miran un poco por encima del hombro a los pobres, con sus democracias de Ali Exprés en donde reina gente descomunal como antiguamente Orbán y aún Fico, y la corrupción y los derechos de las minorías son problemas de aquí, de ahora y de siempre.

Pues bien: en las periferias de esa Europa pobre está Albania. En España estamos desgraciadamente acostumbrados a las bandas de albano-kosovares. Ya entiende el lector por dónde va la cosa. De la capacidad de los albanos para “emprender”.

Una empresa con 450 empleados, que operase desde tres viviendas y tuviese unas lujosas oficinas en el centro de una capital podría ser considerada, desde cualquier punto de vista, un emprendimiento de lo más exitoso. Sin embargo, la empresa que hoy nos ocupa no estaba destinada a lo que normalmente están las empresas, o sea, a producir bienes y servicios, sino a desplumar a los incautos.

Las autoridades albanesas y las austriacas han desarticulado estos días una estructura pintiparada de estas características, que se dedicaba a timar a incautos. El modus operandi era el siguiente: la empresa producía vídeos y artículos web falsos con inteligencia artificial -muy cutres- en donde imitaciones de personalidades austriacas y de otros países aconsejaban a gente de que invirtiese en activos magufos -criptomonedas y mierdas semejantes-. Cualquiera que haya andado un poquito por internet se ha podido encontrar con estos vídeos robóticos. El personaje famoso, Armin Wolf, el Bundespresi Van der Bellen, dicen que ellos confían mucho en la criptomoneda “Estafing & choricing” y que, sin dudarlo, han invertido todos sus ahorros, de manera que ahora son riquísimos, aunque no pueden dar esta información públicamente porque les matarían.

La mayoría de nosotros pasamos de largo ante estos vídeos, pero, ay, amiga, uno de cada mil pica y llama.

Al principio, le atiende en el call center alguien muy amable que le pide una pequeña cantidad de dinero (empezaban por 250 Euros). Nuestro amigo, creyéndose ya igual que Van der Bellen, hace una transferencia. Al poco, recibe en su cuenta 300 Euros. Dios mío qué bien. Su “consejero” de inversiones le aconseja que ya que ha funcionado todo tan bien, invierta más: mil, dos mil, tresmil. Le dice que de una vez solo se permite invertir 9999 (a partir de los 10.000 los bancos controlan las transferencias), pero que puede hacer varias transferencias y timar al sistema. El incauto, que ya ha picado el anzuelo, “invierte” haciendo las transferencias. Llegados a una cantidad muy alta, no llega el premio prometido y el incauto empieza a impacientarse. Le dicen que, para desbloquear la ganancia, tiene que hacer un ingreso adicional por “gastos de gestión”. Cuando se da cuenta, está sin sus ahorros.

Por supuesto, sus llamadas al supuesto call center ya no tienen más resultados y es inútil denunciar a la policía porque toda la documentación es de mentira.

Pero los albaneses de nuestro cuento eran todavía más avispados. Cuando tenían bien en su punto a la víctima, “llorando de los sus ojos”, lo que hacían era que recuperaban de la base de datos su número de teléfono y le volvían a llamar, esta vez diciendo que eran unos abogados que estaban llevando una demanda colectiva para desenmascarar a los chorizos. Que si se sumaba. La víctima, desesperada, hacía otra transferencia, de quinientos machacantes esta vez, para otra vez perder la pasta.

La banda albanesa estaba repartida por zonas de Europa, y organizada en departamentos con un callcenter profesional, como una gran empresa y había elaborado un mecanismo financiero por el cual, hoy por hoy, es absolutamente imposible que los estafados recuperen su dinero. Se supone que los mangantes se han llevado alrededor de 26 millones de Euros.

Se han producido en Tirana 80 detenciones y se han incautado 900.000 Euros. Es poco probable que a los peces gordos se les vuelva a ver el jander guander.


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