Signos de un desastre inminente

Imagen falsa creada con IA

Diversos indicios llevan a pensar que la hegemonía de los Estados Unidos está llegando rápidamente a su fin ¿Tendrá consecuencias para Austria?

3 de mayo.- Uno de los principios sobre los que se basa la democracia austriaca es la neutralidad, últimamente en proceso de revisión, por cierto. La neutralidad fue, de hecho, una concesión a la Unión Soviética a la hora de negociar el tratado de fundación de la actual república austriaca (el famoso Staatsvertrag) y consistía -consiste- en que Austria no puede integrarse en ninguna estructura militar y permanecer por libre, lo que, en aquella época, quería decir que se prohibía a Austria integrarse en la OTAN o en el Pacto de Varsovia.

De esta manera, quizá más que de neutralidad habría que hablar de “no alineación”.

La presencia militar de los Estados Unidos en Europa: poder blando y poder duro

Cuando la Unión Soviética desapareció, dando lugar a su entidad sucesora, la actual Federación Rusa, los austriacos aprovecharon para integrarse en la Unión Europea. En aquel momento la Unión no tenía grandes ambiciones en cuanto a defensa. La relación entre los socios europeos y los Estados Unidos parecía (y era) sólida e inquebrantable. De manera que todo el mundo asumía que, en el caso muy improbable de que sucediera algo, la OTAN estaría ahí para defender a los países en apuros. En cuanto a Austria, nadie podía imaginarse la eventualidad de que una potencia extranjera la atacase. Sonaba, de hecho, un poco ridículo ¿Para qué iba a querer nadie atacar Austria? ¿Para robar la receta de las bolas de Mozart?

Los estadounidenses de entonces se daban cuenta, además, de que la estructura de defensa en suelo europeo a quien beneficiaba, en primer lugar, era a los propios americanos.

De dos maneras: la eminentemente práctica era que Estados Unidos podía utilizar las bases en suelo europeo prácticamente como si estuvieran en Güisconsin, provincia de Güisconsin; lo cual resultaba muy útil porque Estados Unidos, por hache o por bé, siempre estaba metido en alguna guerra de mayor o menor importancia en alguna parte del mundo. La parte menos evidente de esta “relación especial” era que la presencia militar estadounidense en Europa creaba un vínculo, eso que ahora se llama “poder blando” que, de forma indirecta, favorecía a las empresas norteamericanas proporcionándoles unos mercados europeos con alto poder adquisitivo y, por lo tanto, muy suculentos.

Yo tengo cincuenta años. Todos los que fuimos niños en los ochenta nos criamos con la cultura americana. Veíamos películas americanas, consumíamos música americana, bebíamos Coca-cola. Cuando las empresas norteamericanas inventaron la informática de consumo nos lanzamos a adquirir ordenadores personales y a aprender a utilizarlos. Los sistemas educativos europeos consideraban que los niños teníamos que aprender inglés para poder prosperar en la vida, y así, como dijo el clásico, sucesivamente.

Signos de una decadencia galopante

Ayer, (el inútil de) Donald Trump anunció que iba a pegarse un tiro en el pie y a retirar de Alemania 5000 soldados (el contingente que se añadió cuando la Federación Rusa invadió Ucrania).

La excusa son unas palabras del canciller alemán a propósito del desairado papel que los Estados Unidos están haciendo en Irán (la iracunda reacción de Trump, de hecho, es la prueba indirecta de que el canciller alemán tiene razón). Sin embargo, si examinamos otros hechos con la misma atención y los ponemos junto a esta noticia, nos damos cuenta de que, si bien la reacción de Donald Trump es irracional, también es probable que obedezca también a otras motivaciones.

En mi opinión, la decisión de Donald Trump de retirar parte de su presencia militar en Europa obedece a que la otrora aparentemente invencible maquinaria militar estadounidense ya no es capaz de garantizar el total cumplimiento de sus obligaciones en caso de guerra. Además de a un problema financiero galopante y al colapso del sistema científico y de investigación de los Estados Unidos.

Paso a argumentar.

El ejército estadounidense puede ser, es, de hecho, una de las maquinarias militares más grandes del planeta pero la invasión rusa de Ucrania y, sobre todo, la reacción de Ucrania a esa invasión, han cambiado las reglas de los conflictos.

El apabullante despliegue militar de los Estados Unidos, que hasta ahora actuaba como elemento disuasorio, se basa en armas muy trabajosas de producir y muy caras…Cuya acción, lo estamos viendo, puede ser neutralizada con drones que solo -sólo- cuestan algunos miles de euros y que pueden ser ensamblados por personal relativamente poco cualificado. El siguiente paso está siendo la incorporación de los robots a los frentes de batalla. Los viejos ejércitos, basados en la superioridad numérica, como el de Estados Unidos o el de Rusia, pueden ser vencidos utilizando tecnología. Una tecnología en la que Estados Unidos, por primera vez en un siglo, ha dejado de llevar ventaja.

La siguiente cuestión es el colapso del sistema científico y de investigación de los Estados Unidos.

Parece que fue hace cien años, pero apenas hace dos. Recordará el lector que, con la excusa de luchar contra los peligrosos “izquierdistas” infiltrados en las Universidades americanas (el famoso peligro “woke”), el presidente Trump empezó a destruir con las dos manos el principal activo de la hegemonía estadounidense en el planeta: la ciencia y la investigación. De ese momento a esta parte cientos de científicos de alto nivel han abandonado los Estados Unidos. Muchos, voluntariamente, porque ya no se sienten seguros en los Estados Unidos debido a la policía migratoria, el ICE, un cuerpo de facto paramilitar, que puede detener a cualquiera, encarcelarlo o deportarlo sin que asistan al detenido las mínimas garantías. Otro grupo de científicos ha abandonado el país por la acción de ese mismo ICE o porque les han caducado los visados. Un tercer grupo no puede acceder a los Estados Unidos debido a las arbitrarias políticas migratorias que llevan a tener, por ejemplo, que ceder la actividad de las redes sociales durante los últimos cinco años (!) para poder obtener un visado.

A lo largo de estos últimos meses he tenido ocasión de hablar con varios científicos de primer nivel que viven o trabajan en Estados Unidos y todos coincidían en que había miedo.

Esta fuga silenciosa de talento es, en mi opinión, la evidencia más palpable de que la era de los Estados Unidos está tocando a su fin. Hay un paralelismo evidente con una situación histórica: los aliados ganaron la segunda guerra mundial gracias al talento de los científicos exiliados de la Alemania nazi. En otras palabras: tú puedes tener a muchos pastores evangélicos poniéndote las manos y rezando por ti en el despacho oval pero, hasta el momento, Dios padre no se ha remangado y se ha puesto a inventar cosas en los laboratorios.

Por último, y con esto termino: los Estados Unidos se encuentran en una situación financiera muy apurada. El déficit público ha pulverizado estos días el récord que las finanzas americanas habían establecido en 1945. En este momento, la diferencia entre los ingresos y los gastos de la hacienda de los Estados Unidos es del tamaño de toda la economía americana.

A buen entendedor con pocas palabras bastan: Donald Trump necesita dinero imperiosamente, porque las arcas están vacías. Y las guerras, aparte de con ciencia e innovación, se hacen con dinero.

Sin duda recordará también el lector que, hace algunas semanas, Donald Trump presionaba para que se multiplicase el presupuesto del Pentágono. En ese marco hay que ver también la obsesión “Trumpiana” de que los países de la OTAN aumenten su gasto en defensa.

Al mismo tiempo, Donald Trump se comprometió con sus votantes a bajar los impuestos. Cosa que ha hecho, llevando a las finanzas americanas a un punto de grave tensión. En este contexto hay que ver, por ejemplo, los famosos “aranceles”. No es casualidad que, ante la escasez de dinero provocada por la guerra de Irán, Donald Trump haya resucitado la idea de imponer aranceles a la industria automovilística alemana. Pura y simplemente “por afán recaudatorio”.

En mi opinión, no va a pasar mucho tiempo antes de que veamos cosas que, hace tan solo unos años, nos hubieran parecido inconcebibles. Probablemente vaya a poder aplicarse a Donald Trump el famoso aforismo que se usaba contra Felipe IV, del que se decía que era grande a la manera de los hoyos, que crecen más cuanta más tierra le quitan.

La pregunta es, en lo tocante a este espacio, de qué manera todos estos acontecimientos, imparables, influirán en el devenir de la Historia de Austria.


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