El caso del obispo y el parlamentario ultra

Para la extrema derecha el mensaje de la Iglesia resulta problemático. Las tensiones entre Trump y el Papa se han reproducido en Austria a pequeña escala.

7 de mayo.- El vicepresidente de los Estados Unidos, Marco Rubio, ha pasado hoy a ver al papa León. Su objetivo era descargar de tensión las relaciones entre la Casa Blanca y el Vaticano las cuales, como todo el mundo sabe, no pasan por su mejor momento a causa de la retórica incendiaria de Donald Trump.

Si Rubio ha conseguido su objetivo no es demasiado seguro, aunque una cosa sí que está clara: con su verborrea, Donald Trump ha conseguido algo que hace tan solo unas semanas hubiera sido imposible, y es que los católicos norteamericanos se hayan unido en una cerrada defensa de su jefe espiritual y hayan superado, por primera vez en mucho tiempo y aunque quizá sea transitoriamente, las diferencias que separaban a los progresistas, partidarios de la línea del papa anterior y del actual y a los conservadores, que veían (¿Ven aún?) a Trump como un cortafuegos contra todo lo que huela a cambios y modernización.

Otra cosa también es cierta: sin levantar la voz -o precisamente por no levantarla- el Papa ha conseguido zafarse del marco dialéctico de Trump y no ha caido en ninguna de sus provocaciones. Todas sus respuestas han sido sumamente medidas y no se han apartado un punto de lo que es la doctrina central de la Iglesia Católica. O sea, la defensa de la vida humana, la opción por los desfavorecidos y el no a las guerras.

Donald Trump, pues, no ha encontrado un aliado para sus aventuras bélicas, al contrario de lo que sí está sucediendo con una parte de las iglesias evangélicas de los Estados Unidos, las cuales aspiran probablemente a tener el mismo papel de brazo religioso del Estado que la Iglesia ortodoxa tiene en la Rusia de Putin.

En Austria, a pequeña escala, hemos asistido a un incidente parecido. Los protagonistas han sido un obispo Hermann Gletler y un diputado de extrema derecha (Fpö), Christoph Steiner.

El escenario, una misa de campaña este domingo pasado en Tirol.

En su homilía, reproducida en la página web de la diócesis, el obispo dijo lo siguiente:

«Cuidado con quienes prometen el oro y el moro». «“Con nosotros todo será mejor, todo será más justo. ¡Con nosotros volverán los buenos viejos tiempos!” Son palabras vacías. Y si además alguien sabe tocar la tecla de la envidia, el odio y el miedo a la pérdida —contra los defraudadores sociales y los “migrantes”—, entonces hay que tener cuidado: ¡no hay soluciones fáciles! La envidia genera envidia, la desinhibición conduce a más desinhibición y el odio produce odio. ¿Es eso lo que queremos? Es peligroso no escuchar y lanzarse a afirmar sin más» y continuó afirmando que en lugar de «un aislamiento peligroso dentro de nuestras propias burbujas ideológicas», se necesita más diálogo y una búsqueda conjunta de soluciones. «Alejarnos de la demonización constante de quienes piensan de forma diferente y del “sistema”, para avanzar hacia una búsqueda conjunta de buenas soluciones».

Estas palabras molestaron a Christoph Steiner sobremanera porque le parecieron un ataque directo a las opiniones del FPÖ (indirectamente, al enfadarse, también admitió que todo lo que decía el obispo era cierto) así que, llevado por lo que José María Escrivá de Balaguer hubiera calificado de “santa indignación” prorrumpió a gritos en mitad de la misa y le espetó al obispo que “hubiera sido mejor político de los verdes”.

Después explicó que, según su punto de vista, el páter se había pasado veinte minutos descalificando al FPÖ y que se había sentido “ofendido como católico”. Que él entendía que el obispo de Innsbruck podía tener sus opiniones personales de derechas o de izquierdas, pero que esas opiniones debían quedar fuera de la misa (y, por lo tanto, quedar en le ámbito privado).

Los roces ente la extrema derecha y la Iglesia católica austriaca, no por puntuales, han sido menos frecuentes. No pocas veces Kickl ha utilizado para su comunicación fórmulas tomadas de la religión (por ejemplo, uno de los últimos eslóganes del FPÖ era “que se haga vuestra voluntad”, calcado del Padre Nuestro) y no pocas veces se ha valido de una retórica pseudorreligiosa y mesiánica. Frecuentes han sido los toques de atención de diferentes jerarcas de la Iglesia austriaca, especialmente del cardenal Schönborn, el cual no tuvo ningún tipo de problema para leerle la cartilla a Kickl.

En el caso que ahora nos ocupa, este último ha aplaudido, como no podía ser de otra manera, la salida de tono de su correligionario viniendo a decir que si los obispos se meten en política no pueden quejarse si reciben reacciones también “políticas” (de nuevo, el argumento dice más del concepto -mafioso- que Kickl y los suyos tienen de la política que de la toma de postura del obispo, perfectamente coherente con la doctrina de la Iglesia).

En cuando al parlamentario ultra, ha aprovechado la ocasión para, sin disculparse, invitar al obispo a café y tarta para charlar sobre el asunto, quizá pensando que el obispo no aceptaría y así tener un argumento más para poder acusarle de tomar partido político. El obispo de Innsbruck ha aceptado la invitación sin problema.

Se trata de una decisión muy inteligente, porque desactiva la retórica frentista del ultra y es además consecuente con su llamamiento a la reconciliación y al acercamiento, que es todo lo contrario de lo que representa la postura del FPÖ y de la extrema derecha en general, de deshumanizar a ciertos colectivos y ver en ellos “el enemigo”.

Hace muy pocas horas, alguien que le conocía bien relataba delante de mí una anécdota muy ilustrativa. En noviembre de 2024, el Papa Francisco, que no cesaba de predicar el diálogo y el acercamiento a los adversarios ideológicos sin ver en ellos “enemigos” visitó por sorpresa a Emma Bonino, ilustre política italiana y una de las campeonas de la secularización. La visita se producía después de que a Bonino le hubieran dado el alta después de haber padecido una enfermedad grave. El papa Bergoglio le llevó bombones y departió con ella a propósito, supongo, de sus achaques comunes. La visita papal a la casa de Bonino levantó ampollas en Italia. Especialmente los políticos de extrema derecha se sintieron “traicionados” por el Papa, cuando lo único que había hecho había sido ser coherente con su mensaje.

Ojalá cundiera el ejemplo.


Publicado

en

por

Etiquetas:

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.