Israel pasa a la final de Eurovisión 2026

Ayer fue la primera semifinal de Eurovisión musical y televisivamente flojilla. Israel pasó a la final.

13 de mayo.- En algún lugar de la sede de la UER, presumiblemente en el despacho de su director, Mr. Green, pero no solo, deben de haberle puesto varias velas a la imagen de San Judas Tadeo, abogado, como es bien sabido, de las causas imposibles. Es más: si Mr. Green es religioso, es probable que tenga su despacho como la habitación de hotel de un torero en tarde de corrida, llena de estampitas. Si no es religioso, de amuletos. En sus rezos es más que probable que impetre la intercesión de Jesusito y de la Virgencita del Coromoto, a fin de que el sábado no gane Israel esta edición, la septuagésima, del Festival de Eurovisión.

Es ya sin ganar, y la UER yace con las tripas abiertas en canal tanto o más que la propia ORF.

Según fuentes periodísticas, la UER lleva, desde hace un año, en estado de excepción, básicamente por la participación de Israel, hasta el punto de que se dice, se comenta, se “rumoreda”, que ya se están buscando soluciones ad hoc, como por ejemplo integrar a Israel en la nueva marca Eurovisión Asia, con la esperanza de que intentar enfriar un tanto los ánimos. La participación de Israel y el consiguiente boycott, uno de ellos el de España, también ha supuesto una amenaza financiera para la UER que se enfrenta a pérdidas de fondos, por no hablar de un daño reputacional constante. Por ejemplo, los participantes portugueses (pobres, cayeron ayer) fueron los únicos cantantes de su tierra que accedieron a participar si Israel también competía. Otras personalidades muy prominentes en el planeta Eurovisión, como Conchita Wurst, también se han alejado del certamen alegando no querer ser encasilladas (ejem).

Ayer fue la primera semifinal. No entraremos a juzgar la calidad de las canciones -flojillas, en general, como convienen incluso los eurofans más encallecidos- sino el espectáculo. Para empezar, la pareja de presentadores. Los pobres hacen lo que pueden, pero los guiones que les han escrito son de fiesta de fin de curso de un instituto. Ostrovsky, en particular, es actor. Además un actor cómico bastante bueno, pero está perdido en un personaje pretendidamente gracioso que no tiene manera de defender. Y ese vestuario…Madre mía, ese vestuario.

Como todos los años, los comentarios de la retransmisión corrieron a cargo del eficientísimo Andy Knoll. La pregunta evidente es: si tú tienes a una persona tan competente como Knoll, que tiene a sus espaldas no solo innumerables eurovisiones, sino también los bailes de la ópera (a él le tocó lidiar con el ataque “de emoción” de Sharon Stone, recuérdese) ¿Por qué pones a presentar Eurovisión a dos personas que, obviamente, no son tan buenos como él? Aunque bueno, no sabemos la intrahistoria de este asunto, igual ha sido el propio Knoll el que ha declinado amablemente la invitación.

Por lo demás, la gala empezó muy bien. O sea, apelando al orgullo gay. Se celebran este año setenta años desde la creación del festival y se recorrió la historia a través de una pareja de gays que empezaban jovencitos y terminaban en la tercera edad. Hablando de tercera edad, como ya de los primeros festivales van quedando poquitos, se trajeron a Vicky Leandros. Momento nostalgia perfecto.

Se fueron sucediendo las canciones hasta llegar a Israel -por cierto, entre medias, discreta alusión a la “pausa” de España, sin dar cuenta de los motivos- . Al contrario de lo sucedido en ediciones anteriores, en donde Israel intentó por todos los medios meter su cuña publicitaria en la letra de la canción, esta vez la cosa iba de amores. Como cuando cantaba Rusia, la realización eliminó el sonido del público y se atuvo a la voz del cantante. De todas maneras, como queda raro no meter sonido ambiente al principio y al final de la canción, fue ahí donde se oyeron los abucheos -para ser justos, no tantos- y los gritos de genocida.

Luego, la cosa siguió como si nada (es probable que la gala no se emita en directo sino con un delay de un par de minutos por si pasa algo, así la realización tiene tiempo de reaccionar)

Volviendo al principio: si ganara Israel este aöo es probable que en 2027 terminaran por participar cuatro gatos. Lo cual sería una tragedia. A nadie le gusta que una fiesta desaparezca.


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