
En una época de cambio de paradigma, la misión de la UE, en todos los ámbitos, es demostrar que otra forma (mejor) de hacer las cosas es posible.
19 de Junio.- Una de los retos a los que se enfrenta la Unión Europea, sobre todo desde que el orden del siglo XX ha entrado en franca descomposición, es el de demostrar que otro mundo es posible. En casi todos los aspectos.
LA «CHORBAGENDA» DE MARK ZUCKERBERG
Por ejemplo: en los Estados Unidos de principios del siglo XX se inventaron las llamadas „redes sociales“. Un estudiante universitario, Mark Zuckerberg, creó lo que Will Smith llamaba en El Príncipe de Bel-Air, “la Chorbagenda” y la llamó Facebook. La idea, como las cucarachas de Cucal, “creció y se reprodujo”. A Facebook le salieron competidoras, como la antigua Twitter (hoy X), Instagram y, en alguna medida, YouTube. A primera vista, su misión era convertirse en un ágora pública en donde se discutiesen los asuntos de actualidad, pero su negocio consistía principalmente en convertirse en compañías mineras de datos, de nuestros datos, para después vendérselos a todo tipo de entidades, algunas sin ningunos escrúpulos.
Los datos suministrados por Facebook sirvieron para que una empresa llamada Cambridge Analytica creara perfiles increiblemente detallados de todos nosotros y los utilizara para producir propaganda política personalizada hasta un punto inédito en la historia. Cambridge Analytica estuvo detrás del Brexit y también llevó a Donald Trump a su primera victoria.
Este de la influencia política no es el único aspecto problemático de estas llamadas “redes sociales”. Para poder extraer la mayor cantidad posible de datos, las compañías detrás de las redes sociales contrataron a miles de expertos cuya misión fue convertir Facebook, Instagram y tutti quanti en artefactos tan adictivos como las máquinas tragaperras. Y utilizando exactamente los mismos mecanismos, principalmente el de la dopamina cerebral. Esa sustancia que se libera cuando el cerebro quiere “recompensarnos”. Con plena conciencia de sus dueños y explotadores las redes sociales nos convirtieron en yonkis de la dopamina y provocaron, en palabras del doctor Oliver Sacks, una “catástrofe neurológica”. Si las redes sociales utilizaban/utilizan en su provecho lo que podríamos llamar “agujeros de seguridad” de nuestro cerebro, es también cierto que se cebaron especialmente con los más vulnerables. O sea, con los niños y las niñas; y con personas con problemas psicológicos o de autoestima.
El modelo empresarial de Meta o de Google era (es) parecido al de los cárteles de la droga o a las compañías tabacaleras.
Quizá el pilar fundamental de estas compañías es que han creado un marco mental basado en la idea de la inevitabilidad. Esto es: quieren que pensemos que no hay otras formas posibles de hacer las cosas y que todas las redes sociales tienen que servir a la lógica del capitalismo más despiadado.
UNA RED SOCIAL EUROPEA
Este miércoles salió al aire la versión pública en beta de una nueva red social, específicamente europea, que trata de demostrar que otro mundo es posible y que hay una manera mejor de hacer las cosas. Se llama Wsocial y es una compañía sueca cuya plataforma funciona como el antiguo Twitter con varias diferencias fundamentales. En primer lugar, que está alojada en servidores europeos pero, sobre todo, que las políticas de la compañía están alineadas con los valores europeos.
Esto es, Wsocial va a funcionar siguiendo la llamada Digital Services Act de la Unión Europea, esto es: los datos de los usuarios serán tratados con cuidado y confidencialidad y estarán alojados, como todo el resto de la compañía, en servidores europeos.
También se basará en una idea novedosa y es que los usuarios de Wsocial podrán estar seguros que detrás de cada perfil habrá una persona física.
Para darse de alta habrá que presentar una prueba de identidad. Esto no significa que cada usuario salga con su nombre, sino que, tendrá, de manera confidencial y segura, que acreditar que detrás de su perfil hay una persona. También se exigirá ser mayor de edad.
Se trata de crear un debate democrático de calidad, al estilo de la antigua Twitter.
Wsocial se enfrentará sin embargo a enormes retos, le principal de los cuales será el de vencer esa idea de la inevitabilidad y demostrar que otra forma de hacer las cosas es posible. Después, tendrá que salvar un obstáculo puramente fisiológico de los usuarios ¿Cómo reaccionarán los cerebros de los europeos, estragados por la adicción a la dopamina, a un algoritmo “límpio” que no emplee trucos neurológicos sucios para atraer su atención? Por otro lado ¿Cómo atraer a perfiles de usuarios variados y transversales para que Wsocial no se convierta en una cosa “tan aburrida como Bluesky”? (Parece ser, por cierto, que no existirán listas bloqueadas de palabras con las que los usuarios de Bluesky filtran los contenidos y perpetúan la burbuja digital que mata todos los debates).
Por último, me gustaría decir que la idea de crear una red social europea se vuelve cada vez más importante en momentos en los que la soberanía estratégica europea es un tema cada vez más candente.
Wsocial se desplegará gradualmente a partir de esta semana, e irá escalando poco a poco su radio de acción.
Cuando llegue a Austria, Viena Directo estará allí.

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