
Mañana se cumplirán diez años de uno de los hechos más catastróficos de la historia del Reino Unido: el funesto referendum del Brexit.
22 de Junio.- Mañana, día 23 de Junio, se cumple una década desde el referendum que llevó al Reino Unido a salir de la Unión Europea, el llamado Brexit. Hoy mismo, el primer ministro, el laborista Keith Starmer, el sexto (!El sexto!) en una década, ha anunciado su dimisión frente a la puerta negra de Downing Street.
Desde que abandonó la Unión Europea, el Reino Unido lleva sumido en una crisis que puede (y debe) servir de indicativo de lo que sucedería si, como quiere el FPÖ, Austria abandonara de facto la Unión.
Desgraciadamente, la ultraderecha, al mando de Farage lleva camino de ir a convertirse en la fuerza que Gobierne un Reino Unido que ha visto cómo su peso en el concierto internacional se empequeñecía al mismo tiempo que su economía sufría un deterioro cada vez más acusado. Si el Brexit, dopado con las malas artes de Cambridge Analytica y la injerencia rusa, ganó por un 51%, hoy apenas queda un treinta por ciento de los ingleses que votarían lo mismo que votaron en 2016 y una abrumadora mayoría quisiera volver a la casa europea común. Desgraciadamente, no porque comparta los valores europeos, sino porque la economía inglesa está hecha un trapo.
Ninguna de las promesas con las que Farage, Boris Johnson y los demás, encandilaron a los votantes ingleses, se ha materializado.
Es más, todo ha salido al revés de lo que ellos profetizaron. El Reino Unido no ha encontrado mercados para sus exportaciones que sustituyan a los que perdió, y la falta de fuerza de trabajo procedente del continente ha llevado que los súbditos del rey Carlos III se encuentren en estos momentos con muchas dificultades para cubrir determinados puestos de trabajo.
Recientememente se ha publicado un estudio de Bloomberg, que ha utilizado datos del Banco de Inglaterra, para intentar reconstruir cómo hubiera crecido el Reino Unido de haber permanecido en la Unión y así poder calibrar lo que han perdido.
Las conclusiones son demoledoras: el Brexit le ha costado al Reino Unido un seis por ciento de su producto interior bruto anual y la factura del abandono de la UE se cifra en doscientos mil millones de libras esterlinas.
Descendiendo al detalle, el comercio y la inversión se han estancado. Como decía más arriba, los ingleses ya no tienen acceso libre y sin aranceles al mercado único, de manera que las empresas tienen muchas dificultades para colocar sus productos en el continente. También está la base común legal. La Unión Europea es, para lo bueno y para lo malo, un ente regulador con una eficacia de primer orden. En otras palabras: la UE crea un aparato legal que permite que todos los consumidores estemos seguros de que lo que compramos en París va a tener la misma calidad y va a estar elaborado bajo las mismas circunstancias que el mismo producto comprado en Budapest.
Si Austria abandonara la Unión, como quiere el FPÖ, la debacle para las empresas austriacas sería de primer orden. Nuestro principal socio comercial y destinatario de la mayoría de las exportaciones austriacas es Alemania. Volver a poner aranceles en las fronteras impllicaría un enfriamiento enorme de la economía ausstriaca, con lo que eso conlleva de paro, frío, oscuridad y crujir de dientes.
El mercado laboral inglés y, mutatis mutandis, el mercado laboral austriaco, no puede sobrevivir sin mano de obra extranjera. El Brexit ha supuesto que las empresas del Reino Unido se hayan quedado sin mano de obra en sectores tan transcendentales como el transporte, la hostelería o la agricultura. En Viena, más de un tercio de la mano de obra, de personas que pagan sus impuestos y sus subsidios, no lo olvidemos, es extranjera (por ejemplo, servidora, sin ir más lejos).
No solo se trata de la señora de la limpieza o de quien nos pone los kebabs, sino de mano de obra especializada como ingenieros o científicos.
Por último, aunque en estos momentos los aranceles son cero para la mayoría de los bienes exportados desde gran Bretaña, no sucede lo mismo con los servicios, en particular los servicios financieros, uno de los productos más lucrativos para Gran Bretaña.
¿Volverá Gran Bretaña a la Unión Europea? Solo el tiempo lo dirá, pero es muy poco probable que sea pronto. Aunque la cooperación entre la UE y Gran Bretaña siga siendo crucial en muchos aspectos, como en defensa, el Reino Unido ha dejado de ser un socio interesante para la Unión (y por qué no, también interesa que los países que puedan tener tentaciones de abandonar la Unión tomen buena nota de las consecuencias aciagas de marcharse de un club tan guay).
Pobres ingleses, lo que se pierden.
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